Amor por el juego

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Víctor M. Victoria La práctica del ajedrez en la isla de Formentera tiene un nombre propio, el del Club d’Escacs Quatre Torres, que ha organizado esta práctica durante 45 años en la pequeña de las Islas Pitiusas. Cerca de cinco décadas de casi incesante actividad que desde hace algún tiempo vive momentos de cierta preocupación, pues el relevo generacional no acaba de producirse, y el futuro de la entidad se presenta como del todo incierto”.

“Somos un club muy modesto, nos mantenemos con lo mínimo”, afirma el presidente honorífico, Juan Rufafa, quien preside esta agrupación deportiva bautizada en honor a las cuatro torres de vigilancia que, como en el juego del ajedrez, existen en Formentera: Garroveret, Punta Prima, Pi des Català i Savina. Desde 1977, y con solo un paréntesis de actividad entre 1983 y 1986, la entidad se ha mantenido más o menos saludable y con vida, pero desde hace unos años es necesario “hacer un llamamiento a los más jóvenes, porque en breve el futuro del club dependerá de ello”.

Algunas iniciativas privadas, como el Chessable Sunway Formentera Open, que acogió el pasado mes de mayo su primera edición en Punta Prima, ayudan sin duda a fomentar el ajedrez en la isla. Y también se están organizando desde el club algunas clases para los alumnos más pequeños, realizadas en El Pilar de la Mola por el incansable Raúl Moya, que se encarga también de diversas partes organizativas del club.

Sin duda, resultaría muy conveniente para el futuro del Quatre Torres poder ampliar estas actividades formativas para los más jóvenes en localidades como Sant Ferran y Sant Francesc, de ahí este llamamiento que realizan desde la entidad ajedrecista. Faltan medios para ello. “Formentera es un lugar de paso para muchos, hay poca población y todo es limitado. Nos vendría muy bien encontrar un monitor que dirigiera clases entre los jóvenes, pero cuesta mucho”, afirma Juan Ruzafa. La propia suspensión tiempo atrás del Torneo Internacional de Sant Jaume, por problemas de organización, es el mejor ejemplo.

A día de hoy, el club, que recibe algunas ayudas del Consell de Formentera, lo integran un total de ocho ajedrecistas federados, que entrenan los martes, jueves y sábados por la tarde en la Cafetería San Francisco. Y las competiciones de dichos participantes, más allá de alguna inscripción individual en algún torneo concreto, se limitan solamente a torneos en Ibiza. El nivel de los clubes en la grande de las Pitiusas se ha hecho alto, sobre todo porque un par de entidades reclutan a los ajedrecistas más válidos, por lo que acceder a algún campeonato autonómico o nacional individual o por equipos se ha puesto muy complicado.

Uno de los integrantes de la entidad formenterera, Jordi Marull, acabó 6º clasificado en la categoría B del citado torneo internacional de Punta Prima, donde además se dieron cita cinco ajedrecistas más del Quatre Torres. El Chessable Sunway Formentera Open ofreció un gran cartel, reunió a 70 participantes y 11 Grandes Maestros (el máximo nivel que puede alcanzar un ajedrecista de nivel mundial), por lo que ubica a la isla en el panorama europeo de esta especialidad deportiva.

El padre de Jordi, Pep Marull, todavía en activo, fue uno de los ocho socios jugadores fundadores del club, junto a Pep Antonina, Pep Xica, Peter Johansen, Joan Morna, Vicent Costa, Valentí Roselló y Vicent Tur, este último también miembro actual. El objetivo inicial, según recoge la Enciclopedia de Ibiza y Formentera, era “la competición de clubes de Ibiza, pero a comienzos de la década de los ochenta, se empezaron a impartir clases gratuitas en las escuelas de Formentera, de lo cual se encargó mayormente el monitor Marcel Baartz, y con esta iniciativa se consiguieron buenas resultados individuales y de club”.

¿Qué valores transmite para los más jóvenes la práctica del ajedrez? Si es usted padre de algún hijo y siente interés por esta disciplina, sepa que los aprendizajes son muy amplios. “Mejora tu capacidad de atención, la analítica de las diferentes situaciones, o la memoria, el cálculo, la concentración, por citar algunos”. “Además -agrega Juan Ruzafa- aprendes a absorber bien los fracasos, porque lo natural es perder muchas veces. En general, los chavales muestran siempre interés y curiosidad por esta disciplina. Cuando se realizó una Diada deportiva en el polideportivo Antoni Blanc, el éxito fue rotundo”.

La práctica del ajedrez, además, es muy económica. Los gastos no son importantes, por las cuotas para estar federado y ser miembro del club, rondan los 60 euros anuales, cantidad asequible para cualquier bolsillo. Pero, eso sí, ganarse la vida solamente con el ajedrez resulta del todo complicado, pues solo los grandes jugadores mundiales alcanzan tales cotas;  la mayoría de ajedrecistas profesionales compaginan su práctica con otros trabajos.

Y tampoco esta práctica, con siglos de historia, ha resultado imperturbable a la influencia de las nuevas tecnologías. “Internet lo ha cambiado todo, ahora las capacidades de aprendizaje son enormes. Antes, solo podías aprender con los libros, pero ahora tienes un acceso ilimitado a todas las partidas, con explicaciones de los grandes maestros. Se ha democratizado mucho, e incluso una aplicación informática puede ganar sin problema al mejor jugador del mundo, el noruego Magnus Carlsen.

Pero el Club d’Escacs Quatre Torres, más que máquinas y ordenadores, busca relevos humanos que den continuidad a un trabajo que se acerca al medio siglo ya de historia.

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