Armando asegura estar tristemente acostumbrado a escuchar insultos, desde la grada e, incluso, de compañeros rivales.

Francisco Natera

Ayer, en el campo de fútbol del Mercadal, Armando, jugador de color del Formentera, volvió a ser objeto de los injustificados y malsonantes insultos racistas que desgraciadamente suelen oírse en muchos estadios. Un aficionado del equipo menorquín se cebó con el senegalés, tristemente muy acostumbrado a escuchar “palabras feas” hacia su persona, según sostiene. El futbolista indica que desde que llegó a España no ha habido encuentro donde haya tenido que morderse la lengua al sentirse ofendido indiscriminadamente desde la grada. “La verdad que es algo habitual, muy a mi pesar. Siempre hay cuatro gatos que no tienen nada mejor que hacer que ir al fútbol a vejar y a faltar. En lugar de ir a disfrutar se dedican a insultar, pero a esta gente, probablemente, este deporte ni le guste, ya que de lo contrario iría a animar a su equipo y a pasárselo bien”, explica el formenterense.
Pero no sólo recibe agravios desde el graderío. Tal y como indica Armando, también tiene que soportar a muchos descerebrados que, como él, juegan a fútbol. “Se meten conmigo jugadores del equipo rival y la verdad es que llega a molestarme mucho. No te lo puedes ni imaginar. Y encima tengo que callarme y aguantar, puesto que si entro al trapo seguramente saldría mal parado y lo que no quiero es que me expulsen y perjudicar al Formentera”, apunta el jugador africano, que muchas veces pone al corriente al árbitro acerca de estas continuas humillaciones, aunque acaban siendo reclamaciones estériles. “Me dicen que no pueden hacer nada, ya que si no oyen las vejaciones no están en disposición de sancionar estas conductas”, subraya el crack rojinegro. “Cuando jugamos en casa nadie se atreve a decirme nada; siempre es fuera”, prosigue el de Senegal, que asegura: “La temporada pasada, en Regional, hubo, por ejemplo, un futbolista del Sant Jordi que se quedó a gusto. No paró de insultarme y me faltó al respeto”.
Armando está harto de sufrir tanta difamación, pero admite con resignación que es muy difícil erradicar el insulto de los campos de fútbol. En este sentido, apostilla: “Creo que la gente no dejará de hacerlo y más todavía en las categorías inferiores”. “Si me llaman negro no acaba de molestarme del todo, puesto que soy negro, pero sí que me toca la moral tener que escuchar otro tipo de adjetivos, de los peores que puedas imaginarte”, añade el aguerrido futbolista, que, preguntado por qué diría a esos compañeros que le atacan en el rectángulo de juego, responde: “Que se dediquen a jugar, como hago yo. Soy una persona que va fuerte al balón y no al jugador. Me gustaría que hiciesen lo mismo”.
El centrocampista, además de sufrir en sus propias carnes la insensibilidad de muchos aficionados, también ha tenido que ver cómo muchos padres se meten con jóvenes jugadores de las categorías inferiores. Armando entrena al alevín y al prebenjamín del Formentera y explica que más de una vez, cuando se desplaza a Ibiza, ha tenido que soportar cómo muchos padres se meten con sus pupilos, algo que no llega a entender. “Menudo ejemplo dan a sus propios hijos. Con esta conducta lo único que van a conseguir es criar a un chaval mal educado. La verdad es que es muy triste tener que vivir estas cosas cuando estamos hablando de niños. Siento mucha pena”, apunta Armando, que espera y desea que algún día desaparezcan de los campos la violencia y las vejaciones racistas. “Ojalá que llegue el día que pueda jugar sin tener que escuchar ningún insulto”, concluye.

Armando: “Ojalá que llegue el día que pueda jugar sin tener que escuchar ningún insulto”

Armando asegura estar tristemente acostumbrado a escuchar insultos, desde la grada e, incluso, de compañeros rivales.

Francisco Natera

Ayer, en el campo de fútbol del Mercadal, Armando, jugador de color del Formentera, volvió a ser objeto de los injustificados y malsonantes insultos racistas que desgraciadamente suelen oírse en muchos estadios. Un aficionado del equipo menorquín se cebó con el senegalés, tristemente muy acostumbrado a escuchar "palabras feas" hacia su persona, según sostiene. El futbolista indica que desde que llegó a España no ha habido encuentro donde haya tenido que morderse la lengua al sentirse ofendido indiscriminadamente desde la grada. "La verdad que es algo habitual, muy a mi pesar. Siempre hay cuatro gatos que no tienen nada mejor que hacer que ir al fútbol a vejar y a faltar. En lugar de ir a disfrutar se dedican a insultar, pero a esta gente, probablemente, este deporte ni le guste, ya que de lo contrario iría a animar a su equipo y a pasárselo bien", explica el formenterense.
Pero no sólo recibe agravios desde el graderío. Tal y como indica Armando, también tiene que soportar a muchos descerebrados que, como él, juegan a fútbol. "Se meten conmigo jugadores del equipo rival y la verdad es que llega a molestarme mucho. No te lo puedes ni imaginar. Y encima tengo que callarme y aguantar, puesto que si entro al trapo seguramente saldría mal parado y lo que no quiero es que me expulsen y perjudicar al Formentera", apunta el jugador africano, que muchas veces pone al corriente al árbitro acerca de estas continuas humillaciones, aunque acaban siendo reclamaciones estériles. "Me dicen que no pueden hacer nada, ya que si no oyen las vejaciones no están en disposición de sancionar estas conductas", subraya el crack rojinegro. "Cuando jugamos en casa nadie se atreve a decirme nada; siempre es fuera", prosigue el de Senegal, que asegura: "La temporada pasada, en Regional, hubo, por ejemplo, un futbolista del Sant Jordi que se quedó a gusto. No paró de insultarme y me faltó al respeto".
Armando está harto de sufrir tanta difamación, pero admite con resignación que es muy difícil erradicar el insulto de los campos de fútbol. En este sentido, apostilla: "Creo que la gente no dejará de hacerlo y más todavía en las categorías inferiores". "Si me llaman negro no acaba de molestarme del todo, puesto que soy negro, pero sí que me toca la moral tener que escuchar otro tipo de adjetivos, de los peores que puedas imaginarte", añade el aguerrido futbolista, que, preguntado por qué diría a esos compañeros que le atacan en el rectángulo de juego, responde: "Que se dediquen a jugar, como hago yo. Soy una persona que va fuerte al balón y no al jugador. Me gustaría que hiciesen lo mismo".
El centrocampista, además de sufrir en sus propias carnes la insensibilidad de muchos aficionados, también ha tenido que ver cómo muchos padres se meten con jóvenes jugadores de las categorías inferiores. Armando entrena al alevín y al prebenjamín del Formentera y explica que más de una vez, cuando se desplaza a Ibiza, ha tenido que soportar cómo muchos padres se meten con sus pupilos, algo que no llega a entender. "Menudo ejemplo dan a sus propios hijos. Con esta conducta lo único que van a conseguir es criar a un chaval mal educado. La verdad es que es muy triste tener que vivir estas cosas cuando estamos hablando de niños. Siento mucha pena", apunta Armando, que espera y desea que algún día desaparezcan de los campos la violencia y las vejaciones racistas. "Ojalá que llegue el día que pueda jugar sin tener que escuchar ningún insulto", concluye.


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