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Pablo Sierra del Sol Javi Moreno fue uno de esos niños incapaces de pensar en otra cosa que no sea fútbol. Su infancia la pasó curtiéndose la piel por los campos de Silla, el pueblo valenciano donde nació. Los aficionados le recordarán durante mucho tiempo por ser el ‘9’ del glorioso Alavés que, milagro tras milagro, consiguió jugar la primera final de UEFA del siglo XXI. Él marcó dos goles en aquel partido loco –donde David consiguió remontarle varias veces contra Goliat– que acabó ganando el Liverpool de Owen, Fowler y Gerrard gracias a un gol de oro que los vascos se marcaron en propia puerta. Desde el banquillo del Westfalenstadion de Dortmund, después de 14 partidos como titular, vio la final aquella tarde de primavera Ibon Begoña. El bilbaíno, entonces luciendo una característica cabellera rizada que ahora lleva prácticamente rapada, era el lateral izquierdo de ese equipo que se quedaría grabado en los corazones de los aficionados de medio mundo, pero no pudo disfrutar de minutos en el partido decisivo. Poco importó. Que la plantilla fuera un grupo de amigos que solían ir todas las semanas a comer pinchos y beberse un txakoli por las calles de Vitoria fue fundamental para romper la lógica que imponen los presupuestos. Aquellos futbolistas eran unos abanderados del buen rollo y el fútbol alegre y arriesgado que practicaban lo demostraba.

En la Liga, consiguieron quedar sextos en la temporada 99/00 y, unos meses más tarde, se cargaban en la UEFA al Inter de Ronaldo o al Kaiserlautern de Djorkaeff en sendas eliminatorias repletas de goles. Han pasado los años. Lejos quedan las experiencias de Moreno en clubes como el Milan o el Atlético de Madrid, donde se encontró con demasiada competencia para demostrar que lo suyo era meter goles o el mal trago que pasó Begoña viendo como el Alavés se iba al infierno cuando el ucraniano Dimitri Piterman convirtió el club en su parque temático. Ahora los dos pasan mucho tiempo en Ibiza, donde el primero conserva un piso tras un breve paso por el fútbol insular, y el otro entrena al City de Tercera División. Siguen siendo Javi e Ibon, dos grandes amigos que rompieron pronósticos vestidos de blanquiazul y entrenadores por José Manuel Esnal, Mané. Para ellos, “el míster”. Sobre esos recuerdos y la conversión del fútbol actual en un circo mediático hablaron durante casi una hora con la parte antigua de Ibiza como testigo.

Ibiza Conduce

–¿Aquella mañana del 16 de mayo de 2001 erais conscientes de la importancia del partido que ibais a jugar unas horas después?

–IB: El mismo día te vas dando cuenta de lo que supone jugar una final de UEFA por todo lo que rodea al partido. En las horas previas ves el montaje que supone un acontecimiento así y, no es que lo afrontes de otra manera, pero sí te das cuenta de la dimensión que tiene ese partido.

–En un reportaje que hizo Fiebre Maldini contaba Javi que no dejó dormir a nadie la noche antes de la final porque estaba muy nervioso. Te pusiste a llamar a las puertas de las habitaciones de los compañeros diciéndoles que aquella noche no se dormía. Y eso que estabais en un hotel muy tranquilito.

–JM: Yo lo recuerdo con muchos nervios, me llamaba todo el mundo y desde que me levanté fue un día muy intenso, de noticias, emociones y sensaciones fuertes. No me he olvidado de todo lo que me pasó durante esa mañana y el resto del día. Aquel día me marcó.

–IB: El míster siempre nos llevaba a hoteles que estuvieran un poco apartados, incluso en Liga. Le gustaba ese entorno. Para la final de la UEFA nos llevó a un hotel que no sería uno de los mejores de la zona, pero estaba lejos del centro y, por eso, era más tranquilo.

–JM: Pero yo no pude ni echar la siesta. Tenía tantas emociones dentro de mi cuerpo que era incapaz de dormir un solo segundo. En la final cada uno tenía su habitación, aunque normalmente dormíamos en habitaciones dobles.

–IB: Es que el hotel era un poco peculiar. Era bastante pequeño y estábamos casi solos allí dentro.

–Hace dieciséis años ya teníais móviles, pero esa presión externa seguro que la notabais menos que los jugadores del Alavés que van a jugar el sábado la final de Copa del Rey. Internet y las redes sociales lo han cambiado todo.

–IB: Las imágenes de los momentos íntimos de un equipo ahora están subidas casi instantáneamente a internet. Lo que pasó en nuestra época se ha quedado grabado en la mente. Aunque no tengas recuerdos fotográficos o de vídeo, las emociones fueron tan fuertes que se quedaron grabadas en nuestras cabezas.

–¿Por qué creéis que tantos aficionados al fútbol siguen recordando con cariño a vuestro Alavés? ¿Por la manera de perder la final de la UEFA contra el Liverpool? ¿Por la manera de jugarla? ¿Por el recorrido del equipo en Europa?

–JM: ¡Por muchas cosas! No solo por la manera en que perdimos la final. Fue una aventura que duró un año protagonizada por un equipo humilde como el Alavés que iba eliminando a equipos importantes de una manera especial. La gente nos iba cogiendo más cariño de ronda en ronda. Sobre todo por la humildad del equipo y porque no éramos jugadores conocidos. Éramos futbolistas de segunda línea y, por méritos propios, y nos metimos en un partido tan importante como la final de la UEFA contra el Liverpool, uno de los equipos más fuertes de Europa.

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–A mucha gente le dolió el gol en propia de Geli en la prórroga…

–JM: Antes del partido contra el Liverpool, todo el mundo en España quería que la ganara el Alavés. No había divisiones. Mucha gente del Barça, Madrid, Atleti o Valencia todavía me dicen cuando me ven: “Joder, yo quería que ganara el Alavés”.

–¿Cuándo os disteis cuenta de que podíais llegar tan lejos? ¿Después de eliminar al Inter en San Siro?

–JM: ¡Nosotros no nos dábamos cuenta de nada! ¡Vivíamos al día!

–IB: Cada eliminatoria que superábamos era una fiesta. Yo creo que la gente del fútbol que no nos conocía nos cogió tanto cariño por la forma de jugar: siendo un equipo pequeñito jugábamos con una valentía tremenda en cualquier estadio.

–JM: ¡No le teníamos miedo a nadie!

–IB: A la gente le enganchó que saliéramos a enfrentarnos a los grandes sin miedo. En casi todas las rondas jugábamos primero en casa. Cuando teníamos que ir a jugar al estadio de un rival grande, salíamos con todo el descaro del mundo. La gente apreció la valentía con la que afrontamos la competición.

–He estado repasando los resúmenes de aquellos partidos que están colgados en YouTube y, al ver la goleada contra el Kaiserslautern en semifinales, me acuerdo del viernes en que mis amigos y yo llegamos al instituto alucinando con el partido que habíais hecho. Flipábamos con los regates y centros de Cosmin Contra.

–JM: Contra era muy bueno. Y muy feo [risas]. Teníamos muy buen ambiente entre los compañeros y eso se notaba en el campo: cuando salíamos dábamos la cara por el otro y eso, hoy en día, se ve muy poco en el fútbol.

–Supongo que en Vitoria será diferente, pero fuera de la ciudad no se suele recordar mucho la temporada 97/98, cuando ascendéis a Primera División y llegáis a semifinales de la Copa del Rey después de eliminar al Real Madrid. ¿Fue parecido aquella campaña a la famosa 2000/2001?

–IB: En algunas cosas sí, pero en otra dimensión, claro. El equipo del ascenso estaba formado por gente muy humilde. El cincuenta por ciento de la plantilla eran jugadores que estaban en Segunda B el año anterior. Las expectativas del club no pasaban por ascender, pero se superaron todas. Se consiguió también hacer un gran grupo a nivel humano.

–¿Qué supuso para vosotros jugar en aquel club?

–JM: Para mí, dar un salto muy grande a nivel futbolístico y personal. El Alavés me dio la oportunidad de hacerme un nombre en el fútbol y darme cuenta de lo que era este deporte, de apreciarlo y valorarlo. Pude convivir en un vestuario donde los compañeros eran mi familia. Pasaba más tiempo con ellos que con mis familiares. Teníamos un vestuario fuera de lo normal. A comer, a cenar o de fiesta nos íbamos todos. Eso no es normal hoy en día.

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–Era muy cuadrillero aquel vestuario.

–IB: Sí. Todas las semanas organizábamos cosas. El jueves o el viernes siempre se hacía algo. Cualquier motivo era bueno para montar una cena. Y no era por obligación, lo pasábamos realmente bien.

–¿El tipo de ciudad que es Vitoria influía en ese ambiente?

–JM: No. Era el vestuario. La ciudad precisamente no acompañaba a salir de fiesta: no es como Andalucía, Madrid, Valencia o Barcelona, donde tienes todos los días de la semana ambiente por la noche.

–IB: En aquella época los niños de Vitoria iban por la calle con camisetas del Athletic o la Real Sociedad. El equipo llevaba mucho tiempo en Segunda División y los chavales tenían como referentes otros equipos cercanos. Y los éxitos del TAU hacían que la ciudad fuera más de básquet que de fútbol. La temporada del ascenso conseguimos enganchar a muchísima gente para que viniera al campo. Los años anteriores se había gastado mucho dinero el Alavés en traer a jugadores extranjeros para ascender y no se cumplió el objetivo. Cuando menos se lo esperaban y con jugadores más humildes se consiguió y acabó el desencanto de una afición que había visto al equipo en Tercera y apenas iba a Mendizorroza.

–En los ochenta y noventa equipos cercanos como el Osasuna, el Logroñés o el Burgos habían estado además en Primera. A ti, Javi, te costó un poco asentarte, ¿no?

–JM: Yo llegué del Yeclano en el mercado de invierno y me encontré con un equipo que iba primero y donde había muchísima competencia. Estaba Serrano, que era el goleador de la categoría, Pedro Riesco, Codina, Tamudo, que llegó cedido por el Espanyol también en Navidad… A lo mejor no jugaba todos los partidos, pero de vez en cuando me sacaban y cuando salía metía gol. Eso pasó en el primer partido que jugué: a los cinco minutos le enchufé uno al Compostela. Enseguida los compañeros me ayudaron mucho a integrarme.

–IB: La competición de Copa ayudó a que todos se sintieran importantes porque había más oportunidades. El míster rotaba y tenía a toda la plantilla contenta.

–JM: ¡Yo jugué contra el Madrid! No jugaba normalmente y después del partido de Liga, un lunes o martes, se me acerca el míster y me dice, muy a su manera: “Chavalín, prepárate que mañana vas a jugar”. Lo miro y me digo: “Éste me estará vacilando”. Llegó el día del Bernabéu y me puso arriba de titular con Pedro Riesco. Fue una experiencia preciosa porque encima les eliminamos. Eso sí, creo que ha sido el partido que más he corrido en mi vida. ¡Madre mía!

–¿El año cedido en Soria te dio el plus de confianza para sentirte un delantero listo para jugar en Primera?

–JM: Cuando uno juega, si es bueno, lo normal es que al final salga su calidad. Lotina no contaba mucho conmigo cuando llegué al Numancia porque no me conocía pero al final no tuvo más remedio que ponerme. Jugué toda la temporada, menos tres meses que estuve lesionado, y metí 18 goles. El primer ascenso a Primera que celebraban en Soria y estaba yo allí. Son experiencias bonitas.

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–Volvéis a reuniros en el Alavés y os formáis parte de una plantilla donde estaban veteranos como Kodro o Julio Salinas. Supo el club aprovechar el final de las carreras de varios internacionales para conseguir algo que ya era histórico: la clasificación europea.

–IB: La gestión deportiva en aquellos años fue muy buena en varios aspectos. Mira el caso de Contra, que llegó prácticamente con una mochila por equipaje y nadie conocía ni su equipo de procedencia, y luego mira el rendimiento que dio. También acertaron con las cesiones, como la de Coloccini, que llegó del Milan. Los veteranos ayudaron mucho a cohesionar el vestuario y a afrontar una categoría como la Primera División, muchísimo mas exigente a lo que nos habíamos encontrado antes en nuestras carreras. Un tío como Julio [Salinas] había estado en tantas finales, en varios Mundiales, había salido en la tele… Sabía perfectamente encarar cualquier tipo de situación sin ponerse nervioso. En los momentos importantes del partido era un jugador decisivo. Cuando llegó al club hubo gente que se reía de él, pero mira los goles importantes que metió. Físicamente no estaba a tope para el fútbol que hacíamos, pero aportó tantas cosas… Sus minutos los sabía aprovechar muy bien. Fíjate la diferencia de edad que había con muchos jugadores de la plantilla…

–JM: Tenía 37 años cuando llegó. Cuando había un penalti y estábamos los dos en el campo me decía que ya los tiraría yo el año que viene [sonríe]. Julio es muy buen tío y te daba muy buenos consejos. Hice muy buena amistad con él. Me decía que intentara meter todos los goles y ganar todo el dinero que pudiera que, cuando se acabara el fútbol, lo único que me iba a quedar era eso, además de los cuatro o cinco amigos que puedes hacer durante tu carrera. ¡Y tenía toda la razón del mundo! Fue un tío que dentro del vestuario, a pesar de su edad y haber sido internacional, se implicaba mucho y ayudaba a hacer piña. Nosotros le respetábamos mucho porque creaba muy bien ambiente,

–¿Cambió mucho el ambiente en los vestuarios donde pasasteis el final de vuestras carreras? ¿Era muy diferente cuando jugabais en el filial del Barça y del Athletic?

–IB: El ambiente de un filial siempre es distinto. Los futbolistas suelen tener sintonía porque son de la misma edad, bastantes vienen jugando juntos desde hace varios años; en el filial siempre estás a las puertas de llegar arriba y eso es especial. Lo que vivimos en el Alavés no es lo normal y creo que cada vez es más complicado encontrarse con un ambiente así. La unión entre los miembros de la plantilla es algo muy importante en el mundo del fútbol que se suele despreciar y solamente se reconoce cuando llegan los éxitos en el campo. Cuando no llegan, el fracaso siempre se achaca a otras cosas. Fíjate, al confeccionar una plantilla es muy importante el valor humano de los jugadores que tienes. Eso suma muchísimo. Cuando estaba en el Alavés pensaba que ese buen ambiente iba a ser siempre así. Al pasar por otros clubes y ver que no lo tienes, te das cuenta de lo que aportaba el buen rollo que había dentro de aquel equipo que llegó a la final de la UEFA.

–Karmona era el capitán de vuestro equipo y desempeñaba un papel importante.

–IB: Karmona había pasado por todas las categorías, de Segunda Regional, donde empezó con el equipo de su pueblo, el Bermeo, hasta Segunda B, donde había sido compañero mío en el Sestao, tres años antes de coincidir en el Alavés. Jugó en Segunda con el Sestao, y luego con el Eibar, antes de fichar por el Alavés. Debutó en Primera con 31 años. Era un tío con una humildad tremenda y el grupo que se creó fue alrededor de él. Cada jugador nuevo, viniese de donde viniese, se adaptaba. Daba igual que se llamara Tomic y viniera de un equipazo como la Roma. No recuerdo a ningún jugador que crease problemas porque era muy bien recibido por los compañeros, el club y la ciudad.

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–¿Salir de aquel ambiente para jugar en el Milan fue como viajar a Marte, Javi?

–JM: Dejas un vestuario, como Ibon dice, donde todo es muy natural y familiar, y llegas a otro donde la gente va a entrenar con trajes de Armani, Dolce Gabbana, Versace… ¡Yo iba a entrenar en chandal a la ciudad deportiva del Alavés! Enseguida te das cuenta de que el Milan tiene otros códigos, que tienes que ir arreglado en vez de cómodo, como a mí me gustaba vestir. Me costó adaptarme. En el Milan cada uno iba a su bola. Llegaban a entrenar, se cambiaban, salían al campo y apenas hablaban. En el Alavés llegaba uno nuevo y el primer día te lo llevabas a comer o a tomar un pincho. Eso en Milán no me pasó. Se acababa el entrenamiento y cada uno cogía el Porsche o el Ferrari y se marchaba a Milán. No existía ese cariño entre compañeros. El roce es muy importante.

–IB: En Vitoria íbamos cuatro a entrenar en un coche con total normalidad. Éramos cuatro colegas que van juntos al curro. Me atrevo a decir que, hoy en día, hasta en un club mucho más pequeño es impensable que ocurra eso.

–¿Cuesta más ahora que no se le suba el ego a la cabeza a un chaval que debuta en el fútbol profesional?

–JM: El fútbol cada vez me gusta menos porque se está perdiendo su esencia. El problema es que no hay educación. Los valores que teníamos nosotros cuando éramos crío no existen ahora. Cuando veía a un veterano, le tenía el máximo respeto y lo que me decía iba a misa. Hoy en día si un veterano le dice algo a un chaval de veinte años, el joven se le quedará mirando y le dirá: “No me manda mi padre, ¿me vas a mandar tú?” Yo lo he vivido como futbolista y entrenador. Te das cuenta de que la humildad de los jugadores es menor ahora. Y encima ocurre más en categorías menos importantes. Me juego lo que quieras a que un futbolista de Primera es más humilde que muchos de Segunda o Segunda B. Seguro. No sé por qué, la gente de hoy no le da importancia a la modestia. Puede que encuentres uno o dos que se preocupen por los compañeros, pero los otro dieciocho que están en la plantilla mirarán por lo suyo. Me da pena en qué se está convirtiendo el fútbol. Me jode que los jugadores se tengan que tapar la boca cuando hablan en el campo. ¿Por qué me exiges como futbolista que sea un ejemplo para los niños cuando tú estás llamando hijo de puta al árbitro con tu hijo en el asiento de al lado? No lo entiendo. El que tiene que ser un ejemplo para tu hijo eres tú, no yo. Los que están el 99 por ciento del tiempo con el niño son sus padres. A mí, como mucho, me va a ver una hora por la tele. Yo estoy ahí dentro y no pienso si le voy a pegar una patada a un rival o si me van a escupir. Eso ha pasado toda la vida, pero se queda en el campo. Hoy, muchos futbolistas están cohibidos en el campo por lo que dirá la prensa, que sacará sus palabras o acciones de contexto. Toda la vida nos hemos pisado en los córners, o te han pegado un pisotón, o te han tirado de la patilla, o te han dicho “tu padre”. Y el que diga que no, miente. Pero luego acaba el partido y te das un abrazo. ¿Es así o no, Ibon? ¡Es que no puedes ser tú! Un tío que tenga carácter no puede ser él mismo. Enseguida lo tachan de polémico. Otra cosa es fuera del terreno de juego. ¿Te tienes que comportar cuando acaba el partido? Sí, evidentemente.

–¿Hemos convertido los periodistas y medios de comunicación el fútbol en un espectáculo morboso?

–JM: Han convertido el fútbol en un circo.

–IB: Hay de todo, pero la mayoría de las noticias que tienen que ver con el fútbol se magnifican. Se ha convertido en un deporte que mueve muchísimo dinero y eso provoca que haya muchísimas marcas y empresas implicadas, y más minutos de televisión que nunca. Te sobra tiempo para hablar de lo que realmente pasa en el terreno de juego y tienen que contar otro tipo de cosas. Todo se magnifica, cualquier error que pueda cometer un futbolista en el campo se hincha como si fuese lo más importante del mundo. A los futbolistas de élite ya no se les trata como personas, que es lo que son, personas como cualquiera que te encuentras por la calle, con sus virtudes y sus defectos. No en todos los medios ocurre lo mismo, pero por lo general lo que prima en la prensa son las anécdotas extradeportivas. Hace tiempo que no veo un análisis de un partido en profundidad. Hablan cinco minutos de lo que ha ocurrido en el campo y luego empiezan a hablar de la polémica. A estas alturas del año todavía se acuerdan de un penalti que no se pitó en la jornada 2. La conducta de los futbolistas no siempre es limpia, pero se pueden equivocar, como cualquier persona. El problema es que en el fútbol actual si uno comete un error, lo crucifican. No ayuda nada la rivalidad Madrid-Barça, que hace mucho daño al fútbol. Muchos de sus hinchas justifican cualquier cosa si beneficia a su equipo. Imagino que esa guerra se dará en todas partes, pero en España afecta muchísimo a que se dedique muy poco tiempo a lo realmente importante y demasiado a cosas que venden y el público reclama.

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–Las redes sociales permiten saber al aficionado dónde están comiendo, qué hacen en sus vacaciones o cómo es la casa de un futbolista, pero cada vez es más difícil llegar a una estrella para hacerle una entrevista que se salga de lo común. Los clubes y los jugadores se han bunquerizado.

–JM: Como los medios no respetan nada, el futbolista se evade y se esconde; no coge el móvil, no atiende a los periodistas, hay que entenderlo.

–IB: Si la gente no reclamara ese tipo de información, los medios no la ofrecerían. Anteayer iba caminando con mi hijo por la calle y vimos un cartel con una tía espectacular. Como siempre andamos con la broma, me dijo mi hijo: “Mira, tu novia”. Y le contesté que ya le gustaría a ella tener una cita conmigo. “Es la ex de Cristiano Ronaldo”, me respondió. Yo vi a un pibón en un cartel, pero no sabía ni quién era. Mi hijo, un chaval de catorce años, sí que sabía perfectamente que era la ex de Cristiano Ronaldo. Para que veas lo que saben los chicos de hoy en día sobre el entorno del fútbol y no sobre el deporte en sí. Los futbolistas se han convertido en estrellas mediáticas a nivel mundial, tanto o más como una estrella de cine. Eso antes no ocurría.

–JM: Mira lo que le pasa a Piqué. Cada vez que dice algo, la repercusión es mucho más grande que si la dice otro que piensa como él. Solamente expresa opiniones, pero cada vez que abre la boca, se monta un revuelo que no tiene justificación.

–¿Lo más peligroso de haber convertido el fútbol actual en un circo es que se exija, más que nunca, el éxito por contrato?

–IB: La derrota ha dejado de ser la cosa más normal del mundo. Y lo sigue siendo porque el hombre convive con el error continuamente. Es normal que tu equipo no gane la Liga, que un delantero falle una ocasión clara o que un jugador tenga una mala temporada por el motivo que sea. Eso tiene que ocurrir porque pasa en todos los ámbitos de la vida, pero en el fútbol, si no ganas un día te pueden hacer la cruz para siempre.

–Ya que hablábamos de circo, ¿cómo fue posible que un club como el Alavés acabara en manos de un millonario excéntrico como Piterman?

–IB: Hace unos días leí una entrevista a Gonzalo Antón y reconoce el error de haberle vendido la mayoría de las acciones. Piterman fue uno de los pioneros en la compra de clubes con capital extranjero. Un club, más allá de que sea una sociedad anónima y que los accionistas sean sus dueños, está vinculado a una afición y a una ciudad, o incluso a una provincia o comunidad autónoma. No se puede extrapolar y considerar a un equipo como si fuera una fábrica que se puede trasladar de lugar si al dueño le apetece. Ese club sin su afición no tiene sentido. Gonzalo decía en la entrevista que el Alavés perdió la identidad con esa venta y la ciudad y la afición lo acabaron pagando durante varios años. Por suerte, los actuales propietarios son gente de Vitoria, con vínculos con la entidad de toda la vida, y que tiene sentimientos. Y ahora van a jugar una final de Copa del Rey.

–En la UD Ibiza vivisteis de primera mano las consecuencias de una gestión con poca cabeza.

–IB: La planificación y el estudio de un proyecto a largo plazo, son importantes, pero hay muchos factores externos que te pueden trastocar los planes que llevabas. Si los intereses del fútbol están por encima del fútbol, puede que las cosas vayan mal. Pero si ocurre al revés, ya mal empiezas. Eso ha pasado en muchísimos clubes. Hay ejemplos clarísimos de proyectos donde solo hay intereses económicos y los deportivos, que son los realmente importantes, están olvidados. El propietario del Valencia es un tío de Singapur que ha pisado dos veces la ciudad. ¿Qué vínculo puede tener con los valencianistas? Que los clubes sean sociedades anónimas da pie a que ocurra esto. El fútbol es un canal para potenciar otros intereses y eso atrae a mucha gente externa al juego.

Nirvana

–Siempre que aparece un proyecto que quiere devolver al fútbol ibicenco a la Segunda B y subir al fútbol profesional, nos preguntamos: ¿Y la afición? ¿Cuánta gente en la isla podría darle soporte a un equipo con aspiraciones de subir a Segunda?

–JM: Yo estuve un año jugando en la isla y me di cuenta de que aquí no hay afición. Pensaba que la cosa iba a ser diferente y me encontré con la realidad. Aquí a mucha gente el fútbol le da igual. Es del Madrid, el Barça o el Atleti, pero no le interesa demasiado el equipo de su pueblo.

–IB: Voy a decir algo totalmente antipopular: tiene razón Javi, aquí no hay afición. En la isla se sobrevalora lo aficionado que es uno. He ido bastantes veces al campo del Formentera a ver partidos de Liga. Con la temporada que han hecho, yendo primeros, jugando la Copa del Rey contra el Sevilla… y había cien personas en la grada en más de un partido. He ido a Santa Eulària, y la Peña, un equipo que tiene a una masa social importante detrás, en partidos cruciales como el del Alcúdia, y apenas había gente. Aquí muchos dicen que tienen afición y no van a ver un partido. Yo me veo cuatro partidos cada fin de semana. Más allá de que sea mi profesión, lo hago porque el fútbol me gusto. Si me voy a Bilbao un fin de semana, me veo otros tantos partidos, me da igual la categoría. Ir a un campo a disfrutar del juego no es cuestión de que seas de un equipo o de otro. Esa pasión aquí no existe. ¿El motivo? No lo sé. No es cuestión de culpar a la gente. Si no la tienen, por algo será. Quizás les falta un reclamo que les enganche. Evidentemente, la cantidad de partidos que puedes ver por la televisión resta e influye en que los campos estén vacíos. Pero hay sitios más pequeños que Ibiza, con equipos en Tercera y afición. Falta ilusión por el fútbol de la isla, por lo que habrá que generarla.

–Para muestra, el ejemplo del Mirandés.

–IB: Aquí puedo haber afición, pero si no la regeneras… Las personas que se te acercan a hablar de la época de la SD Ibiza son todas mayores.

–JM: Esa gente mayor, ahora que hace calor, si tiene que elegir entre un Ciudad de Ibiza-Collerense o el Real Madrid-Athletic que dan por la tele, ¿con qué se queda? Pues imagínate cuando hace frío, ni se plantea ir al campo.

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“Aún hay gente del Madrid o del Barça que nos dice que en la final de la UEFA que jugamos iba con el Alavés”

Logo-Paco-Natera_apaisado Pablo Sierra del Sol Javi Moreno fue uno de esos niños incapaces de pensar en otra cosa que no sea fútbol. Su infancia la pasó curtiéndose la piel por los campos de Silla, el pueblo valenciano donde nació. Los aficionados le recordarán durante mucho tiempo por ser el '9' del glorioso Alavés que, milagro tras milagro, consiguió jugar la primera final de UEFA del siglo XXI. Él marcó dos goles en aquel partido loco –donde David consiguió remontarle varias veces contra Goliat– que acabó ganando el Liverpool de Owen, Fowler y Gerrard gracias a un gol de oro que los vascos se marcaron en propia puerta. Desde el banquillo del Westfalenstadion de Dortmund, después de 14 partidos como titular, vio la final aquella tarde de primavera Ibon Begoña. El bilbaíno, entonces luciendo una característica cabellera rizada que ahora lleva prácticamente rapada, era el lateral izquierdo de ese equipo que se quedaría grabado en los corazones de los aficionados de medio mundo, pero no pudo disfrutar de minutos en el partido decisivo. Poco importó. Que la plantilla fuera un grupo de amigos que solían ir todas las semanas a comer pinchos y beberse un txakoli por las calles de Vitoria fue fundamental para romper la lógica que imponen los presupuestos. Aquellos futbolistas eran unos abanderados del buen rollo y el fútbol alegre y arriesgado que practicaban lo demostraba. En la Liga, consiguieron quedar sextos en la temporada 99/00 y, unos meses más tarde, se cargaban en la UEFA al Inter de Ronaldo o al Kaiserlautern de Djorkaeff en sendas eliminatorias repletas de goles. Han pasado los años. Lejos quedan las experiencias de Moreno en clubes como el Milan o el Atlético de Madrid, donde se encontró con demasiada competencia para demostrar que lo suyo era meter goles o el mal trago que pasó Begoña viendo como el Alavés se iba al infierno cuando el ucraniano Dimitri Piterman convirtió el club en su parque temático. Ahora los dos pasan mucho tiempo en Ibiza, donde el primero conserva un piso tras un breve paso por el fútbol insular, y el otro entrena al City de Tercera División. Siguen siendo Javi e Ibon, dos grandes amigos que rompieron pronósticos vestidos de blanquiazul y entrenadores por José Manuel Esnal, Mané. Para ellos, "el míster". Sobre esos recuerdos y la conversión del fútbol actual en un circo mediático hablaron durante casi una hora con la parte antigua de Ibiza como testigo. Ibiza Conduce –¿Aquella mañana del 16 de mayo de 2001 erais conscientes de la importancia del partido que ibais a jugar unas horas después? –IB: El mismo día te vas dando cuenta de lo que supone jugar una final de UEFA por todo lo que rodea al partido. En las horas previas ves el montaje que supone un acontecimiento así y, no es que lo afrontes de otra manera, pero sí te das cuenta de la dimensión que tiene ese partido. –En un reportaje que hizo Fiebre Maldini contaba Javi que no dejó dormir a nadie la noche antes de la final porque estaba muy nervioso. Te pusiste a llamar a las puertas de las habitaciones de los compañeros diciéndoles que aquella noche no se dormía. Y eso que estabais en un hotel muy tranquilito. –JM: Yo lo recuerdo con muchos nervios, me llamaba todo el mundo y desde que me levanté fue un día muy intenso, de noticias, emociones y sensaciones fuertes. No me he olvidado de todo lo que me pasó durante esa mañana y el resto del día. Aquel día me marcó. –IB: El míster siempre nos llevaba a hoteles que estuvieran un poco apartados, incluso en Liga. Le gustaba ese entorno. Para la final de la UEFA nos llevó a un hotel que no sería uno de los mejores de la zona, pero estaba lejos del centro y, por eso, era más tranquilo. –JM: Pero yo no pude ni echar la siesta. Tenía tantas emociones dentro de mi cuerpo que era incapaz de dormir un solo segundo. En la final cada uno tenía su habitación, aunque normalmente dormíamos en habitaciones dobles. –IB: Es que el hotel era un poco peculiar. Era bastante pequeño y estábamos casi solos allí dentro. –Hace dieciséis años ya teníais móviles, pero esa presión externa seguro que la notabais menos que los jugadores del Alavés que van a jugar el sábado la final de Copa del Rey. Internet y las redes sociales lo han cambiado todo. –IB: Las imágenes de los momentos íntimos de un equipo ahora están subidas casi instantáneamente a internet. Lo que pasó en nuestra época se ha quedado grabado en la mente. Aunque no tengas recuerdos fotográficos o de vídeo, las emociones fueron tan fuertes que se quedaron grabadas en nuestras cabezas. –¿Por qué creéis que tantos aficionados al fútbol siguen recordando con cariño a vuestro Alavés? ¿Por la manera de perder la final de la UEFA contra el Liverpool? ¿Por la manera de jugarla? ¿Por el recorrido del equipo en Europa? –JM: ¡Por muchas cosas! No solo por la manera en que perdimos la final. Fue una aventura que duró un año protagonizada por un equipo humilde como el Alavés que iba eliminando a equipos importantes de una manera especial. La gente nos iba cogiendo más cariño de ronda en ronda. Sobre todo por la humildad del equipo y porque no éramos jugadores conocidos. Éramos futbolistas de segunda línea y, por méritos propios, y nos metimos en un partido tan importante como la final de la UEFA contra el Liverpool, uno de los equipos más fuertes de Europa. Paco Natera_1 (Copiar) –A mucha gente le dolió el gol en propia de Geli en la prórroga… –JM: Antes del partido contra el Liverpool, todo el mundo en España quería que la ganara el Alavés. No había divisiones. Mucha gente del Barça, Madrid, Atleti o Valencia todavía me dicen cuando me ven: “Joder, yo quería que ganara el Alavés”. –¿Cuándo os disteis cuenta de que podíais llegar tan lejos? ¿Después de eliminar al Inter en San Siro? –JM: ¡Nosotros no nos dábamos cuenta de nada! ¡Vivíamos al día! –IB: Cada eliminatoria que superábamos era una fiesta. Yo creo que la gente del fútbol que no nos conocía nos cogió tanto cariño por la forma de jugar: siendo un equipo pequeñito jugábamos con una valentía tremenda en cualquier estadio. –JM: ¡No le teníamos miedo a nadie! –IB: A la gente le enganchó que saliéramos a enfrentarnos a los grandes sin miedo. En casi todas las rondas jugábamos primero en casa. Cuando teníamos que ir a jugar al estadio de un rival grande, salíamos con todo el descaro del mundo. La gente apreció la valentía con la que afrontamos la competición. –He estado repasando los resúmenes de aquellos partidos que están colgados en YouTube y, al ver la goleada contra el Kaiserslautern en semifinales, me acuerdo del viernes en que mis amigos y yo llegamos al instituto alucinando con el partido que habíais hecho. Flipábamos con los regates y centros de Cosmin Contra. –JM: Contra era muy bueno. Y muy feo [risas]. Teníamos muy buen ambiente entre los compañeros y eso se notaba en el campo: cuando salíamos dábamos la cara por el otro y eso, hoy en día, se ve muy poco en el fútbol. –Supongo que en Vitoria será diferente, pero fuera de la ciudad no se suele recordar mucho la temporada 97/98, cuando ascendéis a Primera División y llegáis a semifinales de la Copa del Rey después de eliminar al Real Madrid. ¿Fue parecido aquella campaña a la famosa 2000/2001? –IB: En algunas cosas sí, pero en otra dimensión, claro. El equipo del ascenso estaba formado por gente muy humilde. El cincuenta por ciento de la plantilla eran jugadores que estaban en Segunda B el año anterior. Las expectativas del club no pasaban por ascender, pero se superaron todas. Se consiguió también hacer un gran grupo a nivel humano. –¿Qué supuso para vosotros jugar en aquel club? –JM: Para mí, dar un salto muy grande a nivel futbolístico y personal. El Alavés me dio la oportunidad de hacerme un nombre en el fútbol y darme cuenta de lo que era este deporte, de apreciarlo y valorarlo. Pude convivir en un vestuario donde los compañeros eran mi familia. Pasaba más tiempo con ellos que con mis familiares. Teníamos un vestuario fuera de lo normal. A comer, a cenar o de fiesta nos íbamos todos. Eso no es normal hoy en día. unnamed (3) –Era muy cuadrillero aquel vestuario. –IB: Sí. Todas las semanas organizábamos cosas. El jueves o el viernes siempre se hacía algo. Cualquier motivo era bueno para montar una cena. Y no era por obligación, lo pasábamos realmente bien. –¿El tipo de ciudad que es Vitoria influía en ese ambiente? –JM: No. Era el vestuario. La ciudad precisamente no acompañaba a salir de fiesta: no es como Andalucía, Madrid, Valencia o Barcelona, donde tienes todos los días de la semana ambiente por la noche. –IB: En aquella época los niños de Vitoria iban por la calle con camisetas del Athletic o la Real Sociedad. El equipo llevaba mucho tiempo en Segunda División y los chavales tenían como referentes otros equipos cercanos. Y los éxitos del TAU hacían que la ciudad fuera más de básquet que de fútbol. La temporada del ascenso conseguimos enganchar a muchísima gente para que viniera al campo. Los años anteriores se había gastado mucho dinero el Alavés en traer a jugadores extranjeros para ascender y no se cumplió el objetivo. Cuando menos se lo esperaban y con jugadores más humildes se consiguió y acabó el desencanto de una afición que había visto al equipo en Tercera y apenas iba a Mendizorroza. –En los ochenta y noventa equipos cercanos como el Osasuna, el Logroñés o el Burgos habían estado además en Primera. A ti, Javi, te costó un poco asentarte, ¿no? –JM: Yo llegué del Yeclano en el mercado de invierno y me encontré con un equipo que iba primero y donde había muchísima competencia. Estaba Serrano, que era el goleador de la categoría, Pedro Riesco, Codina, Tamudo, que llegó cedido por el Espanyol también en Navidad… A lo mejor no jugaba todos los partidos, pero de vez en cuando me sacaban y cuando salía metía gol. Eso pasó en el primer partido que jugué: a los cinco minutos le enchufé uno al Compostela. Enseguida los compañeros me ayudaron mucho a integrarme. –IB: La competición de Copa ayudó a que todos se sintieran importantes porque había más oportunidades. El míster rotaba y tenía a toda la plantilla contenta. –JM: ¡Yo jugué contra el Madrid! No jugaba normalmente y después del partido de Liga, un lunes o martes, se me acerca el míster y me dice, muy a su manera: “Chavalín, prepárate que mañana vas a jugar”. Lo miro y me digo: “Éste me estará vacilando”. Llegó el día del Bernabéu y me puso arriba de titular con Pedro Riesco. Fue una experiencia preciosa porque encima les eliminamos. Eso sí, creo que ha sido el partido que más he corrido en mi vida. ¡Madre mía! –¿El año cedido en Soria te dio el plus de confianza para sentirte un delantero listo para jugar en Primera? –JM: Cuando uno juega, si es bueno, lo normal es que al final salga su calidad. Lotina no contaba mucho conmigo cuando llegué al Numancia porque no me conocía pero al final no tuvo más remedio que ponerme. Jugué toda la temporada, menos tres meses que estuve lesionado, y metí 18 goles. El primer ascenso a Primera que celebraban en Soria y estaba yo allí. Son experiencias bonitas. Paco Natera_4 (Copiar) –Volvéis a reuniros en el Alavés y os formáis parte de una plantilla donde estaban veteranos como Kodro o Julio Salinas. Supo el club aprovechar el final de las carreras de varios internacionales para conseguir algo que ya era histórico: la clasificación europea. –IB: La gestión deportiva en aquellos años fue muy buena en varios aspectos. Mira el caso de Contra, que llegó prácticamente con una mochila por equipaje y nadie conocía ni su equipo de procedencia, y luego mira el rendimiento que dio. También acertaron con las cesiones, como la de Coloccini, que llegó del Milan. Los veteranos ayudaron mucho a cohesionar el vestuario y a afrontar una categoría como la Primera División, muchísimo mas exigente a lo que nos habíamos encontrado antes en nuestras carreras. Un tío como Julio [Salinas] había estado en tantas finales, en varios Mundiales, había salido en la tele... Sabía perfectamente encarar cualquier tipo de situación sin ponerse nervioso. En los momentos importantes del partido era un jugador decisivo. Cuando llegó al club hubo gente que se reía de él, pero mira los goles importantes que metió. Físicamente no estaba a tope para el fútbol que hacíamos, pero aportó tantas cosas… Sus minutos los sabía aprovechar muy bien. Fíjate la diferencia de edad que había con muchos jugadores de la plantilla… –JM: Tenía 37 años cuando llegó. Cuando había un penalti y estábamos los dos en el campo me decía que ya los tiraría yo el año que viene [sonríe]. Julio es muy buen tío y te daba muy buenos consejos. Hice muy buena amistad con él. Me decía que intentara meter todos los goles y ganar todo el dinero que pudiera que, cuando se acabara el fútbol, lo único que me iba a quedar era eso, además de los cuatro o cinco amigos que puedes hacer durante tu carrera. ¡Y tenía toda la razón del mundo! Fue un tío que dentro del vestuario, a pesar de su edad y haber sido internacional, se implicaba mucho y ayudaba a hacer piña. Nosotros le respetábamos mucho porque creaba muy bien ambiente, –¿Cambió mucho el ambiente en los vestuarios donde pasasteis el final de vuestras carreras? ¿Era muy diferente cuando jugabais en el filial del Barça y del Athletic? –IB: El ambiente de un filial siempre es distinto. Los futbolistas suelen tener sintonía porque son de la misma edad, bastantes vienen jugando juntos desde hace varios años; en el filial siempre estás a las puertas de llegar arriba y eso es especial. Lo que vivimos en el Alavés no es lo normal y creo que cada vez es más complicado encontrarse con un ambiente así. La unión entre los miembros de la plantilla es algo muy importante en el mundo del fútbol que se suele despreciar y solamente se reconoce cuando llegan los éxitos en el campo. Cuando no llegan, el fracaso siempre se achaca a otras cosas. Fíjate, al confeccionar una plantilla es muy importante el valor humano de los jugadores que tienes. Eso suma muchísimo. Cuando estaba en el Alavés pensaba que ese buen ambiente iba a ser siempre así. Al pasar por otros clubes y ver que no lo tienes, te das cuenta de lo que aportaba el buen rollo que había dentro de aquel equipo que llegó a la final de la UEFA. –Karmona era el capitán de vuestro equipo y desempeñaba un papel importante. –IB: Karmona había pasado por todas las categorías, de Segunda Regional, donde empezó con el equipo de su pueblo, el Bermeo, hasta Segunda B, donde había sido compañero mío en el Sestao, tres años antes de coincidir en el Alavés. Jugó en Segunda con el Sestao, y luego con el Eibar, antes de fichar por el Alavés. Debutó en Primera con 31 años. Era un tío con una humildad tremenda y el grupo que se creó fue alrededor de él. Cada jugador nuevo, viniese de donde viniese, se adaptaba. Daba igual que se llamara Tomic y viniera de un equipazo como la Roma. No recuerdo a ningún jugador que crease problemas porque era muy bien recibido por los compañeros, el club y la ciudad. Fabric –¿Salir de aquel ambiente para jugar en el Milan fue como viajar a Marte, Javi? –JM: Dejas un vestuario, como Ibon dice, donde todo es muy natural y familiar, y llegas a otro donde la gente va a entrenar con trajes de Armani, Dolce Gabbana, Versace… ¡Yo iba a entrenar en chandal a la ciudad deportiva del Alavés! Enseguida te das cuenta de que el Milan tiene otros códigos, que tienes que ir arreglado en vez de cómodo, como a mí me gustaba vestir. Me costó adaptarme. En el Milan cada uno iba a su bola. Llegaban a entrenar, se cambiaban, salían al campo y apenas hablaban. En el Alavés llegaba uno nuevo y el primer día te lo llevabas a comer o a tomar un pincho. Eso en Milán no me pasó. Se acababa el entrenamiento y cada uno cogía el Porsche o el Ferrari y se marchaba a Milán. No existía ese cariño entre compañeros. El roce es muy importante. –IB: En Vitoria íbamos cuatro a entrenar en un coche con total normalidad. Éramos cuatro colegas que van juntos al curro. Me atrevo a decir que, hoy en día, hasta en un club mucho más pequeño es impensable que ocurra eso. –¿Cuesta más ahora que no se le suba el ego a la cabeza a un chaval que debuta en el fútbol profesional? –JM: El fútbol cada vez me gusta menos porque se está perdiendo su esencia. El problema es que no hay educación. Los valores que teníamos nosotros cuando éramos crío no existen ahora. Cuando veía a un veterano, le tenía el máximo respeto y lo que me decía iba a misa. Hoy en día si un veterano le dice algo a un chaval de veinte años, el joven se le quedará mirando y le dirá: “No me manda mi padre, ¿me vas a mandar tú?” Yo lo he vivido como futbolista y entrenador. Te das cuenta de que la humildad de los jugadores es menor ahora. Y encima ocurre más en categorías menos importantes. Me juego lo que quieras a que un futbolista de Primera es más humilde que muchos de Segunda o Segunda B. Seguro. No sé por qué, la gente de hoy no le da importancia a la modestia. Puede que encuentres uno o dos que se preocupen por los compañeros, pero los otro dieciocho que están en la plantilla mirarán por lo suyo. Me da pena en qué se está convirtiendo el fútbol. Me jode que los jugadores se tengan que tapar la boca cuando hablan en el campo. ¿Por qué me exiges como futbolista que sea un ejemplo para los niños cuando tú estás llamando hijo de puta al árbitro con tu hijo en el asiento de al lado? No lo entiendo. El que tiene que ser un ejemplo para tu hijo eres tú, no yo. Los que están el 99 por ciento del tiempo con el niño son sus padres. A mí, como mucho, me va a ver una hora por la tele. Yo estoy ahí dentro y no pienso si le voy a pegar una patada a un rival o si me van a escupir. Eso ha pasado toda la vida, pero se queda en el campo. Hoy, muchos futbolistas están cohibidos en el campo por lo que dirá la prensa, que sacará sus palabras o acciones de contexto. Toda la vida nos hemos pisado en los córners, o te han pegado un pisotón, o te han tirado de la patilla, o te han dicho “tu padre”. Y el que diga que no, miente. Pero luego acaba el partido y te das un abrazo. ¿Es así o no, Ibon? ¡Es que no puedes ser tú! Un tío que tenga carácter no puede ser él mismo. Enseguida lo tachan de polémico. Otra cosa es fuera del terreno de juego. ¿Te tienes que comportar cuando acaba el partido? Sí, evidentemente. –¿Hemos convertido los periodistas y medios de comunicación el fútbol en un espectáculo morboso? –JM: Han convertido el fútbol en un circo. –IB: Hay de todo, pero la mayoría de las noticias que tienen que ver con el fútbol se magnifican. Se ha convertido en un deporte que mueve muchísimo dinero y eso provoca que haya muchísimas marcas y empresas implicadas, y más minutos de televisión que nunca. Te sobra tiempo para hablar de lo que realmente pasa en el terreno de juego y tienen que contar otro tipo de cosas. Todo se magnifica, cualquier error que pueda cometer un futbolista en el campo se hincha como si fuese lo más importante del mundo. A los futbolistas de élite ya no se les trata como personas, que es lo que son, personas como cualquiera que te encuentras por la calle, con sus virtudes y sus defectos. No en todos los medios ocurre lo mismo, pero por lo general lo que prima en la prensa son las anécdotas extradeportivas. Hace tiempo que no veo un análisis de un partido en profundidad. Hablan cinco minutos de lo que ha ocurrido en el campo y luego empiezan a hablar de la polémica. A estas alturas del año todavía se acuerdan de un penalti que no se pitó en la jornada 2. La conducta de los futbolistas no siempre es limpia, pero se pueden equivocar, como cualquier persona. El problema es que en el fútbol actual si uno comete un error, lo crucifican. No ayuda nada la rivalidad Madrid-Barça, que hace mucho daño al fútbol. Muchos de sus hinchas justifican cualquier cosa si beneficia a su equipo. Imagino que esa guerra se dará en todas partes, pero en España afecta muchísimo a que se dedique muy poco tiempo a lo realmente importante y demasiado a cosas que venden y el público reclama. Paco Natera_3 (Copiar) –Las redes sociales permiten saber al aficionado dónde están comiendo, qué hacen en sus vacaciones o cómo es la casa de un futbolista, pero cada vez es más difícil llegar a una estrella para hacerle una entrevista que se salga de lo común. Los clubes y los jugadores se han bunquerizado. –JM: Como los medios no respetan nada, el futbolista se evade y se esconde; no coge el móvil, no atiende a los periodistas, hay que entenderlo. –IB: Si la gente no reclamara ese tipo de información, los medios no la ofrecerían. Anteayer iba caminando con mi hijo por la calle y vimos un cartel con una tía espectacular. Como siempre andamos con la broma, me dijo mi hijo: “Mira, tu novia”. Y le contesté que ya le gustaría a ella tener una cita conmigo. “Es la ex de Cristiano Ronaldo”, me respondió. Yo vi a un pibón en un cartel, pero no sabía ni quién era. Mi hijo, un chaval de catorce años, sí que sabía perfectamente que era la ex de Cristiano Ronaldo. Para que veas lo que saben los chicos de hoy en día sobre el entorno del fútbol y no sobre el deporte en sí. Los futbolistas se han convertido en estrellas mediáticas a nivel mundial, tanto o más como una estrella de cine. Eso antes no ocurría. –JM: Mira lo que le pasa a Piqué. Cada vez que dice algo, la repercusión es mucho más grande que si la dice otro que piensa como él. Solamente expresa opiniones, pero cada vez que abre la boca, se monta un revuelo que no tiene justificación. –¿Lo más peligroso de haber convertido el fútbol actual en un circo es que se exija, más que nunca, el éxito por contrato? –IB: La derrota ha dejado de ser la cosa más normal del mundo. Y lo sigue siendo porque el hombre convive con el error continuamente. Es normal que tu equipo no gane la Liga, que un delantero falle una ocasión clara o que un jugador tenga una mala temporada por el motivo que sea. Eso tiene que ocurrir porque pasa en todos los ámbitos de la vida, pero en el fútbol, si no ganas un día te pueden hacer la cruz para siempre. –Ya que hablábamos de circo, ¿cómo fue posible que un club como el Alavés acabara en manos de un millonario excéntrico como Piterman? –IB: Hace unos días leí una entrevista a Gonzalo Antón y reconoce el error de haberle vendido la mayoría de las acciones. Piterman fue uno de los pioneros en la compra de clubes con capital extranjero. Un club, más allá de que sea una sociedad anónima y que los accionistas sean sus dueños, está vinculado a una afición y a una ciudad, o incluso a una provincia o comunidad autónoma. No se puede extrapolar y considerar a un equipo como si fuera una fábrica que se puede trasladar de lugar si al dueño le apetece. Ese club sin su afición no tiene sentido. Gonzalo decía en la entrevista que el Alavés perdió la identidad con esa venta y la ciudad y la afición lo acabaron pagando durante varios años. Por suerte, los actuales propietarios son gente de Vitoria, con vínculos con la entidad de toda la vida, y que tiene sentimientos. Y ahora van a jugar una final de Copa del Rey. –En la UD Ibiza vivisteis de primera mano las consecuencias de una gestión con poca cabeza. –IB: La planificación y el estudio de un proyecto a largo plazo, son importantes, pero hay muchos factores externos que te pueden trastocar los planes que llevabas. Si los intereses del fútbol están por encima del fútbol, puede que las cosas vayan mal. Pero si ocurre al revés, ya mal empiezas. Eso ha pasado en muchísimos clubes. Hay ejemplos clarísimos de proyectos donde solo hay intereses económicos y los deportivos, que son los realmente importantes, están olvidados. El propietario del Valencia es un tío de Singapur que ha pisado dos veces la ciudad. ¿Qué vínculo puede tener con los valencianistas? Que los clubes sean sociedades anónimas da pie a que ocurra esto. El fútbol es un canal para potenciar otros intereses y eso atrae a mucha gente externa al juego. Nirvana –Siempre que aparece un proyecto que quiere devolver al fútbol ibicenco a la Segunda B y subir al fútbol profesional, nos preguntamos: ¿Y la afición? ¿Cuánta gente en la isla podría darle soporte a un equipo con aspiraciones de subir a Segunda? –JM: Yo estuve un año jugando en la isla y me di cuenta de que aquí no hay afición. Pensaba que la cosa iba a ser diferente y me encontré con la realidad. Aquí a mucha gente el fútbol le da igual. Es del Madrid, el Barça o el Atleti, pero no le interesa demasiado el equipo de su pueblo. –IB: Voy a decir algo totalmente antipopular: tiene razón Javi, aquí no hay afición. En la isla se sobrevalora lo aficionado que es uno. He ido bastantes veces al campo del Formentera a ver partidos de Liga. Con la temporada que han hecho, yendo primeros, jugando la Copa del Rey contra el Sevilla… y había cien personas en la grada en más de un partido. He ido a Santa Eulària, y la Peña, un equipo que tiene a una masa social importante detrás, en partidos cruciales como el del Alcúdia, y apenas había gente. Aquí muchos dicen que tienen afición y no van a ver un partido. Yo me veo cuatro partidos cada fin de semana. Más allá de que sea mi profesión, lo hago porque el fútbol me gusto. Si me voy a Bilbao un fin de semana, me veo otros tantos partidos, me da igual la categoría. Ir a un campo a disfrutar del juego no es cuestión de que seas de un equipo o de otro. Esa pasión aquí no existe. ¿El motivo? No lo sé. No es cuestión de culpar a la gente. Si no la tienen, por algo será. Quizás les falta un reclamo que les enganche. Evidentemente, la cantidad de partidos que puedes ver por la televisión resta e influye en que los campos estén vacíos. Pero hay sitios más pequeños que Ibiza, con equipos en Tercera y afición. Falta ilusión por el fútbol de la isla, por lo que habrá que generarla. –Para muestra, el ejemplo del Mirandés. –IB: Aquí puedo haber afición, pero si no la regeneras… Las personas que se te acercan a hablar de la época de la SD Ibiza son todas mayores. –JM: Esa gente mayor, ahora que hace calor, si tiene que elegir entre un Ciudad de Ibiza-Collerense o el Real Madrid-Athletic que dan por la tele, ¿con qué se queda? Pues imagínate cuando hace frío, ni se plantea ir al campo. Paco Natera_2 (Copiar)

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