El joven delantero andaluz se muestra agradecido por el trato que le ha dado el San José.
El joven delantero andaluz se muestra agradecido por el trato que le ha dado el San José.

David Alba Todo empezó un día de verano en un hotel de Cala Tarida. El andaluz Borja de Zulueta, de 19 años, había salido -como otras tantas veces- a limpiar la terraza. Allí coincidía con un hombre que se encargaba, cada mañana, del mantenimiento de la piscina. Al principio fueron saludos de compañeros de trabajo, pero, poco a poco, la amistad de Zuluaga y aquel tipo se fue estrechando y empezaron a intercambiar más y más palabras. Una buena mañana, mientras hablaban del deporte rey, aquel hombre se confesó: “soy entrenador de fútbol”. Y Borja, contento por la revelación, le dijo que él había jugado de delantero, pero que había acabado decepcionado en su primer año como jugador de Tercera en el Villacarrillo.

Tete Páez, entrenador del San José, escuchó su historia. De Zulueta le contó que había perdido la confianza en sí mismo. “No me sentía querido”, destacó el jugador, que estuvo en el filial del Jaén. El atacante le indicó que, incluso, habló con su madre para dejarlo. Páez estaba formando un equipo para la Regional ibicenca y le invitó a formar parte de él. Sin embargo, Borja avisó a su amigo que tendría que volver a su pueblo cuando acabara la temporada turística y que no podría acabar la competición con ellos. Páez, de todos modos, aceptó. Y De Zulueta no decepcionó.

El delantero andaluz acabó con siete goles en seis partidos de Liga Interpueblos. Incluso, tuvo el detalle de despedirse con un hat trick ante el Luchador. Estos seis partidos han sido la mejor terapia para Borja, que seguirá goleando en el equipo de su pueblo, el Arrollo del Ojanco. “La verdad es que me da lástima dejar el equipo, pero la vida es muy dura y hay que ir donde está el trabajo”, explica con tristeza. De su corta estancia valora mucho el ambiente del vestuario josepí y, sobretodo, el cariño que le ha profesado un Tete Páez que le ha hecho sentir “como uno más de la familia”. Por todo esto avisa: “el año que viene tengo pensado quedarme”.

Borja de Zulueta y su terapia de vida en el San José

El joven delantero andaluz se muestra agradecido por el trato que le ha dado el San José.
El joven delantero andaluz se muestra agradecido por el trato que le ha dado el San José.
David Alba Todo empezó un día de verano en un hotel de Cala Tarida. El andaluz Borja de Zulueta, de 19 años, había salido -como otras tantas veces- a limpiar la terraza. Allí coincidía con un hombre que se encargaba, cada mañana, del mantenimiento de la piscina. Al principio fueron saludos de compañeros de trabajo, pero, poco a poco, la amistad de Zuluaga y aquel tipo se fue estrechando y empezaron a intercambiar más y más palabras. Una buena mañana, mientras hablaban del deporte rey, aquel hombre se confesó: "soy entrenador de fútbol". Y Borja, contento por la revelación, le dijo que él había jugado de delantero, pero que había acabado decepcionado en su primer año como jugador de Tercera en el Villacarrillo. Tete Páez, entrenador del San José, escuchó su historia. De Zulueta le contó que había perdido la confianza en sí mismo. "No me sentía querido", destacó el jugador, que estuvo en el filial del Jaén. El atacante le indicó que, incluso, habló con su madre para dejarlo. Páez estaba formando un equipo para la Regional ibicenca y le invitó a formar parte de él. Sin embargo, Borja avisó a su amigo que tendría que volver a su pueblo cuando acabara la temporada turística y que no podría acabar la competición con ellos. Páez, de todos modos, aceptó. Y De Zulueta no decepcionó. El delantero andaluz acabó con siete goles en seis partidos de Liga Interpueblos. Incluso, tuvo el detalle de despedirse con un hat trick ante el Luchador. Estos seis partidos han sido la mejor terapia para Borja, que seguirá goleando en el equipo de su pueblo, el Arrollo del Ojanco. "La verdad es que me da lástima dejar el equipo, pero la vida es muy dura y hay que ir donde está el trabajo", explica con tristeza. De su corta estancia valora mucho el ambiente del vestuario josepí y, sobretodo, el cariño que le ha profesado un Tete Páez que le ha hecho sentir "como uno más de la familia". Por todo esto avisa: "el año que viene tengo pensado quedarme".

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