El bilbaíno intenta zafarse de dos marcadores en un duelo ante el Lleida en Santa Eulària. Era 29 de marzo de 2009.
El bilbaíno intenta zafarse de dos marcadores en un duelo ante el Lleida en Santa Eulària. Era 29 de marzo de 2009.

diariodeibiza.es No hay fanático de la Segunda B –la mayoría por obligación al tener al equipo de sus amores en la categoría de bronce; otros, simplemente, por devoción hacia el balompié modesto– que no conozca a David Gallo García (Bilbao, 9 de octubre de 1975). «A la fuerza vas dejando amigos en muchos sitios. He jugado algún año en Segunda A, pero en Segunda B estuve catorce seguidos. Casi nada», bromea este delantero vasco ya retirado, un trotamundos que se ha recorrido la Península Ibérica de cabo a rabo, militando en diez escuadras diferentes. En nueve de ellas, jugó encuentros de la tercera categoría del fútbol estatal, «una división que se tendría que reformar reduciendo el número de grupos y equipos. Ahora es un pozo sin fondo». En su currículum no se olvida de la Peña Deportiva, uno de los destinos en los que «mejor tratado» se sintió a «nivel humano por unos directivos y compañeros que eran fantásticos». «Y eso que las cosas me salieron fatal a nivel deportivo: la pelota no me entraba ni por casualidad», recuerda.

Por eso y aunque su paso fue fugaz (una temporada, la 2008/2009, y solo cuatro goles de blanco en la segunda incursión peñista en la categoría de bronce), reconoce que le encantaría disfrutar desde la distancia de un nuevo ascenso santaeulaliense. Su granito de arena ya lo ha puesto, pasando información sobre la Arandina a una de las amistades que hizo en la Villa del Río. «El fútbol te da muchos amigos de un año, pero David es uno de esos con los que no pierdes el contacto. Ha venido dos veces a Eivissa de vacaciones desde que se marchó y siempre le acojo en mi casa. Del rival que vamos a tener enfrente me ha dicho que es un equipo muy compacto y profesional», explica Alfonso López, Fofi, que, como el también lesionado Berto Suárez, se hizo inseparable hace un lustro de este bilbaíno formado en Lezama.

Del Ebro al Duero
¿De dónde saca la información sobre la Arandina Gallo, ese delantero que no conocía el término medio (o estaba entre los máximos goleadores de su grupo –Jaén o Barakaldo– o la pólvora se le mojaba en equipos que coqueteaban con el descenso a Tercera –Sabadell o Peña–) y que celebraba los tantos que marcaba poniéndose una mano en la testa a modo de cresta? «Pues de vivir en Miranda [de Ebro], verles algún partido que otro el año pasado cuando estaban la Segunda B [que otra vez se cruza en el relato] y saber que conservan ese bloque de gente curtida y experimentada».

Según Gallo, cargarse a la Arandina «no será en absoluto fácil». Incluso, se atreve a colocar a los burgaleses como favoritos en la eliminatoria.

Después de Cultural Leonesa y el Burgos, que ya ha ascendido tras pasar la ronda de campeones, «no hay nadie que les tosa en Castilla y León, sobre todo en El Montecillo, un campo de césped duro, donde se cierran muy bien atrás. No se desordenan».

Además, «tienen una afición muy fiel». Lo mismo ocurre en su querido y milagroso Mirandés, club del que es uno de los 4.389 socios que llenan el vetusto estadio de Anduva cada dos semanas para ver al equipo donde mejor rendimiento dio como atacante –estuvo en la 2003/2004 y afirma que los aficionados todavía le recuerdan sus goles cuando le ven por el campo– y que este curso Carlos Pouso ha conseguido mantener en Segunda División un año después de alcanzar las semifinales de Copa del Rey. Salvando distancias, no es extraño el paralelismo. Aranda y Miranda tienen puntos comunes más allá de su rima consonante. Los dos pueblos más grandes de la tierra de El Cid detestan «a la capital». El Real Burgos, que estuvo en Primera hace dos décadas por última vez, y sus reencarnaciones son la misma némesis que representa para el fútbol pitiuso el recientemente descendido Real Mallorca. «La rivalidad que hay no te la puedes imaginar. Los de la ciudad siempre se han llevado a los mejores canteranos de los dos equipos. Miranda está ahí en la esquinita del mapa, más cerca de Vitoria que de Burgos, en la raya con Euskadi y la Rioja», comenta Gallo. A los arandinos, también industriales y viticultores como sus vecinos del norte de la provincia, les ocurre igual: a aproximadamente una hora de viaje de Soria, Segovia, Valladolid, Palencia y su propia capital no quieren ni Dios ni amo.

Retirado del fútbol
Gallo no cogerá el coche y se acercará a la Ribera del Duero para ver a sus ex. La ida le pilla de vacaciones en Salou, donde se ha escapado con su familia, pero intentará seguirlo por alguna radio. Ahora se ha reciclado: a sus casi 38 años colgó las botas el pasado verano en el Haro Deportivo («marcando trece goles, ¿eh?») y en la localidad riojana, a solo 20 minutos de su casa, trabaja como monitor en una piscina. «La natación me ha hecho estar más fino que cuando jugaba, quizás me animo y me reengancho a un Regional», afirma este punta corpulento y peleón, un peñista en el exilio al que le dolería en el alma que el equipo en el que se retiró se cruzara en la ronda definitiva con los santaeulalienses. Algo menos, eso sí, que el derribo de San Mamés, que empezó ayer. Ante todo, es bilbaíno y león rojiblanco.

Al Haro le ha tocado en suerte el Mar Menor, precisamente, uno de los rivales que ansiaba Mario Ormaechea, quien recuperará para la ida del domingo a José Luis, una vez que el Comité de Competición le haya quitado una de las dos amarillas que recibió contra La Hoya. Si riojanos e ibicencos se cruzasen, Gallo se convertiría en un agente doble.

Entrenador del CE Europa – Dólera: «Si se ponen por delante, vas fino. Son infranqueables»
En caso de renovar su contrato (al cierre de esta edición estaba en ello y añadiría dos más a los cuatro que ya lleva), Pedro Dólera tendrá el honor  probablemente de convertirse en el entrenador que más partidos haya dirigido desde el banquillo del centenario Club Esportiu Europa. Sin embargo, ayer no andaba muy feliz este míster catalán con el que los ‘escapulats’ quieren reverdecer en la medida de lo posible glorias que suenan a pretérito (son uno de los fundadores de la Primera División, donde permanecieron las cuatro temporadas iniciales, y jugaron una final de Copa del Rey ante el Athletic Club en 1923; entonces, los palos les apartaron del título). El motivo no es otro que haber caído a manos de la Arandina en la primera ronda del ‘play-off’. Por eso, es claro a la hora de advertir a la Peña sobre el peligro de su próximo adversario: «Si se ponen por delante, vas fino. Son infranqueables. Colocan a un delantero [Gustavo] en el centro del campo y no dejan ni un hueco».

En ambos partidos, los burgaleses le marcaron un tanto al cuadro de Gràcia «en el minuto diez». En la vuelta, además, el Europa solo tuvo una ocasión clara de gol. «Nos tocaron árbitros de Navarra y Aragón, poco dados a pitar faltas. Mi equipo es, como digo yo, de ‘pa sucat amb oli’. Intentamos jugar bien al fútbol. Ellos lo leyeron perfectamente, se olvidaron del toque e hicieron el juego muy físico. Son agresivos en la medular, sobre todo Durántez, su pivote destructor», ahonda Dólera. Tapar a ‘Yeyo’, «el cerebro», será fundamental para los peñistas. Son incisivos sus pases a Ayrton, el caboverdiano nacido en Ponferrada que sitúa en punta el ‘Chino’ Zapatera, un especialista en dejar atrás a sus marcadores. En cambio, al juego por bandas de los arandinos ni está ni se le espera.

David Gallo, un espía con pico y cresta

El bilbaíno intenta zafarse de dos marcadores en un duelo ante el Lleida en Santa Eulària. Era 29 de marzo de 2009.
El bilbaíno intenta zafarse de dos marcadores en un duelo ante el Lleida en Santa Eulària. Era 29 de marzo de 2009.
diariodeibiza.es No hay fanático de la Segunda B –la mayoría por obligación al tener al equipo de sus amores en la categoría de bronce; otros, simplemente, por devoción hacia el balompié modesto– que no conozca a David Gallo García (Bilbao, 9 de octubre de 1975). «A la fuerza vas dejando amigos en muchos sitios. He jugado algún año en Segunda A, pero en Segunda B estuve catorce seguidos. Casi nada», bromea este delantero vasco ya retirado, un trotamundos que se ha recorrido la Península Ibérica de cabo a rabo, militando en diez escuadras diferentes. En nueve de ellas, jugó encuentros de la tercera categoría del fútbol estatal, «una división que se tendría que reformar reduciendo el número de grupos y equipos. Ahora es un pozo sin fondo». En su currículum no se olvida de la Peña Deportiva, uno de los destinos en los que «mejor tratado» se sintió a «nivel humano por unos directivos y compañeros que eran fantásticos». «Y eso que las cosas me salieron fatal a nivel deportivo: la pelota no me entraba ni por casualidad», recuerda. Por eso y aunque su paso fue fugaz (una temporada, la 2008/2009, y solo cuatro goles de blanco en la segunda incursión peñista en la categoría de bronce), reconoce que le encantaría disfrutar desde la distancia de un nuevo ascenso santaeulaliense. Su granito de arena ya lo ha puesto, pasando información sobre la Arandina a una de las amistades que hizo en la Villa del Río. «El fútbol te da muchos amigos de un año, pero David es uno de esos con los que no pierdes el contacto. Ha venido dos veces a Eivissa de vacaciones desde que se marchó y siempre le acojo en mi casa. Del rival que vamos a tener enfrente me ha dicho que es un equipo muy compacto y profesional», explica Alfonso López, Fofi, que, como el también lesionado Berto Suárez, se hizo inseparable hace un lustro de este bilbaíno formado en Lezama. Del Ebro al Duero ¿De dónde saca la información sobre la Arandina Gallo, ese delantero que no conocía el término medio (o estaba entre los máximos goleadores de su grupo –Jaén o Barakaldo– o la pólvora se le mojaba en equipos que coqueteaban con el descenso a Tercera –Sabadell o Peña–) y que celebraba los tantos que marcaba poniéndose una mano en la testa a modo de cresta? «Pues de vivir en Miranda [de Ebro], verles algún partido que otro el año pasado cuando estaban la Segunda B [que otra vez se cruza en el relato] y saber que conservan ese bloque de gente curtida y experimentada». Según Gallo, cargarse a la Arandina «no será en absoluto fácil». Incluso, se atreve a colocar a los burgaleses como favoritos en la eliminatoria. Después de Cultural Leonesa y el Burgos, que ya ha ascendido tras pasar la ronda de campeones, «no hay nadie que les tosa en Castilla y León, sobre todo en El Montecillo, un campo de césped duro, donde se cierran muy bien atrás. No se desordenan». Además, «tienen una afición muy fiel». Lo mismo ocurre en su querido y milagroso Mirandés, club del que es uno de los 4.389 socios que llenan el vetusto estadio de Anduva cada dos semanas para ver al equipo donde mejor rendimiento dio como atacante –estuvo en la 2003/2004 y afirma que los aficionados todavía le recuerdan sus goles cuando le ven por el campo– y que este curso Carlos Pouso ha conseguido mantener en Segunda División un año después de alcanzar las semifinales de Copa del Rey. Salvando distancias, no es extraño el paralelismo. Aranda y Miranda tienen puntos comunes más allá de su rima consonante. Los dos pueblos más grandes de la tierra de El Cid detestan «a la capital». El Real Burgos, que estuvo en Primera hace dos décadas por última vez, y sus reencarnaciones son la misma némesis que representa para el fútbol pitiuso el recientemente descendido Real Mallorca. «La rivalidad que hay no te la puedes imaginar. Los de la ciudad siempre se han llevado a los mejores canteranos de los dos equipos. Miranda está ahí en la esquinita del mapa, más cerca de Vitoria que de Burgos, en la raya con Euskadi y la Rioja», comenta Gallo. A los arandinos, también industriales y viticultores como sus vecinos del norte de la provincia, les ocurre igual: a aproximadamente una hora de viaje de Soria, Segovia, Valladolid, Palencia y su propia capital no quieren ni Dios ni amo. Retirado del fútbol Gallo no cogerá el coche y se acercará a la Ribera del Duero para ver a sus ex. La ida le pilla de vacaciones en Salou, donde se ha escapado con su familia, pero intentará seguirlo por alguna radio. Ahora se ha reciclado: a sus casi 38 años colgó las botas el pasado verano en el Haro Deportivo («marcando trece goles, ¿eh?») y en la localidad riojana, a solo 20 minutos de su casa, trabaja como monitor en una piscina. «La natación me ha hecho estar más fino que cuando jugaba, quizás me animo y me reengancho a un Regional», afirma este punta corpulento y peleón, un peñista en el exilio al que le dolería en el alma que el equipo en el que se retiró se cruzara en la ronda definitiva con los santaeulalienses. Algo menos, eso sí, que el derribo de San Mamés, que empezó ayer. Ante todo, es bilbaíno y león rojiblanco. Al Haro le ha tocado en suerte el Mar Menor, precisamente, uno de los rivales que ansiaba Mario Ormaechea, quien recuperará para la ida del domingo a José Luis, una vez que el Comité de Competición le haya quitado una de las dos amarillas que recibió contra La Hoya. Si riojanos e ibicencos se cruzasen, Gallo se convertiría en un agente doble. Entrenador del CE Europa - Dólera: «Si se ponen por delante, vas fino. Son infranqueables» En caso de renovar su contrato (al cierre de esta edición estaba en ello y añadiría dos más a los cuatro que ya lleva), Pedro Dólera tendrá el honor  probablemente de convertirse en el entrenador que más partidos haya dirigido desde el banquillo del centenario Club Esportiu Europa. Sin embargo, ayer no andaba muy feliz este míster catalán con el que los ‘escapulats’ quieren reverdecer en la medida de lo posible glorias que suenan a pretérito (son uno de los fundadores de la Primera División, donde permanecieron las cuatro temporadas iniciales, y jugaron una final de Copa del Rey ante el Athletic Club en 1923; entonces, los palos les apartaron del título). El motivo no es otro que haber caído a manos de la Arandina en la primera ronda del ‘play-off’. Por eso, es claro a la hora de advertir a la Peña sobre el peligro de su próximo adversario: «Si se ponen por delante, vas fino. Son infranqueables. Colocan a un delantero [Gustavo] en el centro del campo y no dejan ni un hueco». En ambos partidos, los burgaleses le marcaron un tanto al cuadro de Gràcia «en el minuto diez». En la vuelta, además, el Europa solo tuvo una ocasión clara de gol. «Nos tocaron árbitros de Navarra y Aragón, poco dados a pitar faltas. Mi equipo es, como digo yo, de ‘pa sucat amb oli’. Intentamos jugar bien al fútbol. Ellos lo leyeron perfectamente, se olvidaron del toque e hicieron el juego muy físico. Son agresivos en la medular, sobre todo Durántez, su pivote destructor», ahonda Dólera. Tapar a ‘Yeyo’, «el cerebro», será fundamental para los peñistas. Son incisivos sus pases a Ayrton, el caboverdiano nacido en Ponferrada que sitúa en punta el ‘Chino’ Zapatera, un especialista en dejar atrás a sus marcadores. En cambio, al juego por bandas de los arandinos ni está ni se le espera.

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