Por Vicent Torres (noudiari.es)

La memoria vive en un terreno en el que es difícil discernir la realidad de lo imaginario. Es como un amor platónico con el que, después de soñar tantos años, cuesta saber si el olor de su piel que se encuentra rebuscando en el cerebro es una mera fantasía o un recuerdo de algo que sucedió tiempo atrás. En Eivissa, con el fútbol, pasa algo parecido. Cada cierto tiempo aparece el fantasma de Sa Deportiva, un club que congregó el amor de toda una isla, que forjo una alianza entre los aficionados y el terreno de juego difícil de igualar. Era una comunión casi perfecta. O eso nos han dicho durante tantos años que hemos acabado creyendo que así fue.

Los que hemos llegado los últimos a los mentideros futbolísticos no nos queda nada de ese escenario, ya que para nosotros ha sido muy diferente. Recordamos desde jóvenes un desolado estadio de Can Misses, donde los grafitis y los macarras eran mucho más habituales que el buen fútbol. Por sus alrededores se organizaban carreras clandestinas de ciclomotores ‘trucados’ hasta los dientes y se pasaba por la zona como mal menor para tratar de estacionar cerca de Can Misses. A Sa Deportiva se la habían tragado las deudas, la mala gestión y las envidias. Era un desierto, como tantos otros proyectos deportivos megalómanos sacados adelante a golpe de burro y enterrados para, de vez en cuando, volver a ser reflotados.

La guerra por ser el primer equipo de la capital comenzó desde que el terreno de juego dejara en la misma categoría al Club Deportivo Ibiza-Islas Pitiusas y a la Unión Deportiva Ibiza-Eivissa, dos de estos puzles de nombres creados por la necesidad de asociarse a la marca ‘Ibiza’, un goloso trampolín para saltar a una élite del deporte que en la isla sólo se ha visto por la tele y en alguna eliminatoria despistada de Copa del Rey.

Un directivo del ‘CD’ se apresuró a lanzar públicamente que su rival por el trono municipal, el club presidido por el carismático Amadeo Salvo, carecía de alma y no era merecedor de recuperar Sa Deportiva. Era el principio público de una guerra que quedó en nada desde que los unionistas desembolsaron más de 482.000 euros por comprar la plaza del denostado Lorca en Segunda División B.

En muchas ocasiones, los periodistas jugamos a ser presidentes o entrenadores de fútbol sin tener ni idea y, lo que es mucho más importante, sin ser en absoluto nuestra función. Personalmente, mis conocimientos de fútbol son justos; mis capacidades para analizar la táctica de un equipo son limitados y las posibilidades que tengo de presidir un equipo son remotas. Sin embargo, estoy de acuerdo en la afirmación: la UD Ibiza no tiene el alma de Sa Deportiva.

Las formas pueden gustar más o menos al personal, pero lo que es evidente de que la intención desde el primer momento ha sido la de forjar una estructura profesional. La comunión con la marca Ibiza parece evidente, pero también es lícita en un proyecto en el que hasta el momento se han dilapidado centenares de miles de euros (si es que no se cuentan en millones). La golosina para los cargos públicos estará presente, pero es algo que de manera sistemática envuelve al fútbol en todos sus estratos. Pero lo que también es evidente es que no hay rastro de las memeces que llevaron al plano de la memoria a Sa Deportiva. No tiene su alma, ni falta que le hace.

La UD Ibiza no tiene el alma de Sa Deportiva. Ni falta que le hace

Por Vicent Torres (noudiari.es) La memoria vive en un terreno en el que es difícil discernir la realidad de lo imaginario. Es como un amor platónico con el que, después de soñar tantos años, cuesta saber si el olor de su piel que se encuentra rebuscando en el cerebro es una mera fantasía o un recuerdo de algo que sucedió tiempo atrás. En Eivissa, con el fútbol, pasa algo parecido. Cada cierto tiempo aparece el fantasma de Sa Deportiva, un club que congregó el amor de toda una isla, que forjo una alianza entre los aficionados y el terreno de juego difícil de igualar. Era una comunión casi perfecta. O eso nos han dicho durante tantos años que hemos acabado creyendo que así fue. Los que hemos llegado los últimos a los mentideros futbolísticos no nos queda nada de ese escenario, ya que para nosotros ha sido muy diferente. Recordamos desde jóvenes un desolado estadio de Can Misses, donde los grafitis y los macarras eran mucho más habituales que el buen fútbol. Por sus alrededores se organizaban carreras clandestinas de ciclomotores ‘trucados’ hasta los dientes y se pasaba por la zona como mal menor para tratar de estacionar cerca de Can Misses. A Sa Deportiva se la habían tragado las deudas, la mala gestión y las envidias. Era un desierto, como tantos otros proyectos deportivos megalómanos sacados adelante a golpe de burro y enterrados para, de vez en cuando, volver a ser reflotados. La guerra por ser el primer equipo de la capital comenzó desde que el terreno de juego dejara en la misma categoría al Club Deportivo Ibiza-Islas Pitiusas y a la Unión Deportiva Ibiza-Eivissa, dos de estos puzles de nombres creados por la necesidad de asociarse a la marca ‘Ibiza’, un goloso trampolín para saltar a una élite del deporte que en la isla sólo se ha visto por la tele y en alguna eliminatoria despistada de Copa del Rey. Un directivo del ‘CD’ se apresuró a lanzar públicamente que su rival por el trono municipal, el club presidido por el carismático Amadeo Salvo, carecía de alma y no era merecedor de recuperar Sa Deportiva. Era el principio público de una guerra que quedó en nada desde que los unionistas desembolsaron más de 482.000 euros por comprar la plaza del denostado Lorca en Segunda División B. En muchas ocasiones, los periodistas jugamos a ser presidentes o entrenadores de fútbol sin tener ni idea y, lo que es mucho más importante, sin ser en absoluto nuestra función. Personalmente, mis conocimientos de fútbol son justos; mis capacidades para analizar la táctica de un equipo son limitados y las posibilidades que tengo de presidir un equipo son remotas. Sin embargo, estoy de acuerdo en la afirmación: la UD Ibiza no tiene el alma de Sa Deportiva. Las formas pueden gustar más o menos al personal, pero lo que es evidente de que la intención desde el primer momento ha sido la de forjar una estructura profesional. La comunión con la marca Ibiza parece evidente, pero también es lícita en un proyecto en el que hasta el momento se han dilapidado centenares de miles de euros (si es que no se cuentan en millones). La golosina para los cargos públicos estará presente, pero es algo que de manera sistemática envuelve al fútbol en todos sus estratos. Pero lo que también es evidente es que no hay rastro de las memeces que llevaron al plano de la memoria a Sa Deportiva. No tiene su alma, ni falta que le hace.
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2 Comentarios

  1. A mi no me representa ud .y como yo muchos.la isla tiene varios clubs compitiendo y se identifican con sus aficiones como san rafi .y la sd formentera ha hecho espectaculares temporadas.suerte union ibiza pero no

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