Por Pablo Sierra del Sol

El Formentera recordará durante mucho tiempo los sucesos de enero de 2018. Fue un mes negro para una entidad que arrancaba el año disputando los octavos de final de la Copa del Rey contra el Alavés y sin agobios en la clasificación del grupo III de Segunda B. Poco antes del partido de ida contra los vascos se destapó el primer síntoma de una epidemia que consiguió frenarse pero dejó secuelas fatales para la salud deportiva del club. Fernando Liñán tenía una oferta escandalosa de la UD Ibiza y quería cambiar de isla. La directiva se negó en un principio y le recordó al granadino que tenía contrato en vigor, pero acabó aceptando la marcha de Liñán. Detrás del jugador que sostenía el centro del campo y, por extensión, gran parte del fútbol del Formentera, el entrenador y tres futbolistas más desfilaron por las oficinas del club para marcharse de la Pitiusa del sur. Sin Liñán, ni Tito García Sanjuán, Álvaro Muñiz (que aireó en la prensa su mala relación con el míster), Adrián Riera y Chechu Grana, el conjunto rojinegro se ha ido hundiendo poco a poco en el barro hasta que el descenso se ha convertido en una realidad.

Fue un error de principante dejar salir a tantos futbolistas de una tacada. Más aún sin tener preparados los recambios para cubrir algunas posiciones clave a mitad de temporada y con jugadores importantes (Kingsley Fobi, Dailos Tejera y, más adelante, Omar Álvarez) en la enfermería por lesiones de larga duración. Dentro del vestuario hay voces autorizadas que admiten el fallo, pero desde la directiva siempre se ha justificado la gestión de aquellos días. “No quiero que siga en el Formentera nadie que no esté a gusto en el club”, ha dicho en más de una ocasión Xicu Ferrer, el presidente del Formentera, y hoy ha vuelto a sostener en esa opinión. “Además”, ha añadido Ferrer, “no creo que sea un fracaso descender. Nuestro objetivo, por historia y presupuesto, era la permanencia y la hemos peleado. Mucha gente hinchó sus expectativas por el buen papel que hicimos en la Copa del Rey, que es algo que no nos quitará nadie”. No obstante, la política de dejar salir a futbolistas como Riera, uno de esos extremos escogidos para romper las caderas de los duros laterales de la Segunda B, obligó a la entidad a lanzarse al mercado de invierno con demasiadas urgencias. Firmaron a un buen defensa como Ramón Soria, pero llegaron otros jugadores que han sido irrelevantes, como Dani Momprevil. A otros jóvenes como David Crespo o Gori López, que han cumplido en lo mucho o poco que han contado, no se les puede pedir más en cinco meses de decadencia sostenida.

La desgracia de Peralada

La desgracia se ha consumado esta tarde en el campo del Peralada. En la primera mitad, la rodilla de Javi Rosa se quebraba bajo el peso de un rival. Sin el corazón del Formentera guardando las espaldas a los centrocampistas, Joseba Garmendia se metía el 1-0 en propia. Llegarían dos tantos más del Peralada, que aunque no se jugaba nada ha sido un duro rival para un Formentera de hoja roma. Un encuentro más, el gol rojinegro ha brillado por su ausencia. Las 26 dianas con los que llegaba a la última jornada presagiaban el reguero de ocasiones que el bloque pitiuso ha desperdiciado en el partido definitivo. Ni Bonilla, a las primeras de cambio con un cabezazo; ni, por dos veces, Bruno Vinicius, el fichaje más desastroso de esta temporada, el mismo futbolista capaz de ser el mejor pagado de la plantilla y el único delantero que no ha marcado ningún gol en liga; ni Garmendia, que ha fallado un remate a quemarropa sin explicarse cómo la pelota se ha podido ir por encima del travesaño del Peralada. “Hemos visto varios partidos así. No hay que olvidarse que con Tito solamente marcamos 16 goles en 22 partidos”, dice Xicu Ferrer.

El Formentera ha sido un equipo sin gol durante toda la campaña, pero en la primera vuelta (que acabó con 25 puntos en mitad de la tabla) los que se metían servían para sumar. En la segunda parte del campeonato, ya con Juan Arsenal en el banquillo, la falta de mordiente en ataque ha ido enviando semana a semana las opciones de permanencia al garete. Con el baile de futbolistas y el cambio de entrenador, el Formentera fue perdiendo paulatinamente su margen respecto a la zona de peligro. Después, coqueteó durante varias jornadas con la posición de playout. Más tarde, se metió en descenso directo. Precisamente, ha aparecido decimoséptimo en el último domingo de liga y, además, con el golaveraje perdido respecto a todos sus rivales directos. Sin embargo, los resultados de sus adversarios le favorecían. Pero sin marcar no se remontan partidos ni se celebran permanencias.

Temporada de claroscuros

El fútbol puede ser una espada de doble filo. Para el Formentera, el curso 2017/2018 será, al mismo tiempo, el de la histórica aventura en la Copa del Rey y el de la permanencia que se escapó en la jornada 38 pese a estar medio encaminada en el ecuador de la liga. El de San Mamés y el de Peralada. El de robarle minutos a Barça y Madrid en las teles nacionales y el del regreso a Tercera División consiguiendo apenas 16 puntos en los últimos 19 partidos del campeonato. El de rozar el cielo y estrellarse contra el suelo. Un año para aprender, según Xicu Ferrer: “La experiencia no nos la va a quitar nadie. Hemos disfrutado esta temporada y, sobre todo, el club se ha mantenido en números verdes. La parte económica es importantísima para que la próxima temporada –empezaremos a trabajar en ella dentro de una semana– se puede confeccionar una plantilla que pelee en Tercera”. Arsenal, que tiene un año más de contrato, seguirá siendo, salvo sorpresa, el técnico del Formentera. Lo que queda de mayo servirá para conocer qué jugadores continúan en el proyecto rojinegro. Las lágrimas de Javi Rosa al ser sustituido después de su lesión explican perfectamente que más de uno en el vestuario del Formentera hubiera cumplido cualquier promesa por mantener al equipo en Segunda B.

Rozar el cielo y estrellarse contra el suelo

Por Pablo Sierra del Sol El Formentera recordará durante mucho tiempo los sucesos de enero de 2018. Fue un mes negro para una entidad que arrancaba el año disputando los octavos de final de la Copa del Rey contra el Alavés y sin agobios en la clasificación del grupo III de Segunda B. Poco antes del partido de ida contra los vascos se destapó el primer síntoma de una epidemia que consiguió frenarse pero dejó secuelas fatales para la salud deportiva del club. Fernando Liñán tenía una oferta escandalosa de la UD Ibiza y quería cambiar de isla. La directiva se negó en un principio y le recordó al granadino que tenía contrato en vigor, pero acabó aceptando la marcha de Liñán. Detrás del jugador que sostenía el centro del campo y, por extensión, gran parte del fútbol del Formentera, el entrenador y tres futbolistas más desfilaron por las oficinas del club para marcharse de la Pitiusa del sur. Sin Liñán, ni Tito García Sanjuán, Álvaro Muñiz (que aireó en la prensa su mala relación con el míster), Adrián Riera y Chechu Grana, el conjunto rojinegro se ha ido hundiendo poco a poco en el barro hasta que el descenso se ha convertido en una realidad. Fue un error de principante dejar salir a tantos futbolistas de una tacada. Más aún sin tener preparados los recambios para cubrir algunas posiciones clave a mitad de temporada y con jugadores importantes (Kingsley Fobi, Dailos Tejera y, más adelante, Omar Álvarez) en la enfermería por lesiones de larga duración. Dentro del vestuario hay voces autorizadas que admiten el fallo, pero desde la directiva siempre se ha justificado la gestión de aquellos días. "No quiero que siga en el Formentera nadie que no esté a gusto en el club", ha dicho en más de una ocasión Xicu Ferrer, el presidente del Formentera, y hoy ha vuelto a sostener en esa opinión. "Además", ha añadido Ferrer, "no creo que sea un fracaso descender. Nuestro objetivo, por historia y presupuesto, era la permanencia y la hemos peleado. Mucha gente hinchó sus expectativas por el buen papel que hicimos en la Copa del Rey, que es algo que no nos quitará nadie". No obstante, la política de dejar salir a futbolistas como Riera, uno de esos extremos escogidos para romper las caderas de los duros laterales de la Segunda B, obligó a la entidad a lanzarse al mercado de invierno con demasiadas urgencias. Firmaron a un buen defensa como Ramón Soria, pero llegaron otros jugadores que han sido irrelevantes, como Dani Momprevil. A otros jóvenes como David Crespo o Gori López, que han cumplido en lo mucho o poco que han contado, no se les puede pedir más en cinco meses de decadencia sostenida.
La desgracia de Peralada La desgracia se ha consumado esta tarde en el campo del Peralada. En la primera mitad, la rodilla de Javi Rosa se quebraba bajo el peso de un rival. Sin el corazón del Formentera guardando las espaldas a los centrocampistas, Joseba Garmendia se metía el 1-0 en propia. Llegarían dos tantos más del Peralada, que aunque no se jugaba nada ha sido un duro rival para un Formentera de hoja roma. Un encuentro más, el gol rojinegro ha brillado por su ausencia. Las 26 dianas con los que llegaba a la última jornada presagiaban el reguero de ocasiones que el bloque pitiuso ha desperdiciado en el partido definitivo. Ni Bonilla, a las primeras de cambio con un cabezazo; ni, por dos veces, Bruno Vinicius, el fichaje más desastroso de esta temporada, el mismo futbolista capaz de ser el mejor pagado de la plantilla y el único delantero que no ha marcado ningún gol en liga; ni Garmendia, que ha fallado un remate a quemarropa sin explicarse cómo la pelota se ha podido ir por encima del travesaño del Peralada. "Hemos visto varios partidos así. No hay que olvidarse que con Tito solamente marcamos 16 goles en 22 partidos", dice Xicu Ferrer. El Formentera ha sido un equipo sin gol durante toda la campaña, pero en la primera vuelta (que acabó con 25 puntos en mitad de la tabla) los que se metían servían para sumar. En la segunda parte del campeonato, ya con Juan Arsenal en el banquillo, la falta de mordiente en ataque ha ido enviando semana a semana las opciones de permanencia al garete. Con el baile de futbolistas y el cambio de entrenador, el Formentera fue perdiendo paulatinamente su margen respecto a la zona de peligro. Después, coqueteó durante varias jornadas con la posición de playout. Más tarde, se metió en descenso directo. Precisamente, ha aparecido decimoséptimo en el último domingo de liga y, además, con el golaveraje perdido respecto a todos sus rivales directos. Sin embargo, los resultados de sus adversarios le favorecían. Pero sin marcar no se remontan partidos ni se celebran permanencias.
Temporada de claroscuros El fútbol puede ser una espada de doble filo. Para el Formentera, el curso 2017/2018 será, al mismo tiempo, el de la histórica aventura en la Copa del Rey y el de la permanencia que se escapó en la jornada 38 pese a estar medio encaminada en el ecuador de la liga. El de San Mamés y el de Peralada. El de robarle minutos a Barça y Madrid en las teles nacionales y el del regreso a Tercera División consiguiendo apenas 16 puntos en los últimos 19 partidos del campeonato. El de rozar el cielo y estrellarse contra el suelo. Un año para aprender, según Xicu Ferrer: "La experiencia no nos la va a quitar nadie. Hemos disfrutado esta temporada y, sobre todo, el club se ha mantenido en números verdes. La parte económica es importantísima para que la próxima temporada –empezaremos a trabajar en ella dentro de una semana– se puede confeccionar una plantilla que pelee en Tercera". Arsenal, que tiene un año más de contrato, seguirá siendo, salvo sorpresa, el técnico del Formentera. Lo que queda de mayo servirá para conocer qué jugadores continúan en el proyecto rojinegro. Las lágrimas de Javi Rosa al ser sustituido después de su lesión explican perfectamente que más de uno en el vestuario del Formentera hubiera cumplido cualquier promesa por mantener al equipo en Segunda B.

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