Sascha: “Para entrenar con la Peña tuve que raparme el pelo”

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El exportero es en la actualidad entrenador del prebenjamín peñista.

David Alba Cuando el entrenador Toni Ortiz convocó al portero cadete Sascha Von Donop Von Cheymann (Berlín, 1981) para que hiciera la pretemporada con el primer equipo de la Peña Deportiva desconocía la sorpresa que le había preparado el canterano. “Me presenté el primer día de entreno con un peinado bastante extravagante – recuerda Sascha–. Llevaba el pelo teñido de amarillo con el dibujo de una telaraña”.

Ni bien saltó al terreno de juego Ortiz, que entiende la importancia de tener cierto grado de disciplina, le paró en seco. “Con este aspecto no puedes entrenar con el primer equipo”, le recriminó el entrenador, que le conocía bien. Él, casi 10 años antes, fue el que vio el talento de Sascha bajo los tres palos en la escuela de la Peña Deportiva y sugirió que esa fuera su demarcación en el campo. El jovencísimo guardameta entendió el gesto del míster y aquella misma tarde se rapó la cabeza al cero. Al día siguiente pudo cumplir su sueño. Y ahora, como entrenador de los prebenjamines de la Peña, busca que otros chicos como él puedan, al menos, debutar con el primer equipo.

A día de hoy no resulta extraño encontrar en el fútbol base jugadores de raza negra. Pero a finales de los 80 y principios de los 90, Sascha destacaba por su agilidad e indudable talento, así como por el color de su piel. “No recuerdo haber tenido ningún problema de racismo en mi infancia excepto cuando era juvenil algún grito racista, pero sin ninguna importancia”, asegura el exjugador, que reconoce que le gritaran le “motivaba más”.

Sin embargo, a pesar de algún episodio aislado, se sentía querido porque “era recordado por todos debido a que era el único niño de color en esa época”. No obstante, en la actualidad ejerce de entrenador de fútbol base de la Peña Deportiva y admite que aún queda mucho por mejorar. “No entiendo como un padre puede llegar a insultar a un árbitro de categorías inferiores –lamenta–. Más de una vez he tenido que dirigirme a alguno para pedirle que, por favor, dejase de insultar al arbitro en presencia de menores”.

Por otra parte, sobre si en la actualidad es más sencillo que los niños progresen señala que “ahora mismo es mucho mas fácil que salgan jóvenes técnicamente buenos”. Sascha opina, en este sentido, que “está todo mucho mejor estructurado y planificado”. El exportero reconoce, asimismo, que es muy feliz entrenando a los pequeños del club. Y es que, con total seguridad, Sascha marcará la vida a más de uno de esos niños. En el futuro, a buen seguro, les aconsejará –por si las moscas– pasar por el peluquero antes de ir a entrenar con el primer equipo.

Sascha: “Para entrenar con la Peña tuve que raparme el pelo”

David Alba Cuando el entrenador Toni Ortiz convocó al portero cadete Sascha Von Donop Von Cheymann (Berlín, 1981) para que hiciera la pretemporada con el primer equipo de la Peña Deportiva desconocía la sorpresa que le había preparado el canterano. “Me presenté el primer día de entreno con un peinado bastante extravagante – recuerda Sascha–. Llevaba el pelo teñido de amarillo con el dibujo de una telaraña”. Ni bien saltó al terreno de juego Ortiz, que entiende la importancia de tener cierto grado de disciplina, le paró en seco. “Con este aspecto no puedes entrenar con el primer equipo”, le recriminó el entrenador, que le conocía bien. Él, casi 10 años antes, fue el que vio el talento de Sascha bajo los tres palos en la escuela de la Peña Deportiva y sugirió que esa fuera su demarcación en el campo. El jovencísimo guardameta entendió el gesto del míster y aquella misma tarde se rapó la cabeza al cero. Al día siguiente pudo cumplir su sueño. Y ahora, como entrenador de los prebenjamines de la Peña, busca que otros chicos como él puedan, al menos, debutar con el primer equipo. A día de hoy no resulta extraño encontrar en el fútbol base jugadores de raza negra. Pero a finales de los 80 y principios de los 90, Sascha destacaba por su agilidad e indudable talento, así como por el color de su piel. “No recuerdo haber tenido ningún problema de racismo en mi infancia excepto cuando era juvenil algún grito racista, pero sin ninguna importancia”, asegura el exjugador, que reconoce que le gritaran le “motivaba más”. Sin embargo, a pesar de algún episodio aislado, se sentía querido porque “era recordado por todos debido a que era el único niño de color en esa época”. No obstante, en la actualidad ejerce de entrenador de fútbol base de la Peña Deportiva y admite que aún queda mucho por mejorar. “No entiendo como un padre puede llegar a insultar a un árbitro de categorías inferiores –lamenta–. Más de una vez he tenido que dirigirme a alguno para pedirle que, por favor, dejase de insultar al arbitro en presencia de menores”. Por otra parte, sobre si en la actualidad es más sencillo que los niños progresen señala que “ahora mismo es mucho mas fácil que salgan jóvenes técnicamente buenos”. Sascha opina, en este sentido, que “está todo mucho mejor estructurado y planificado”. El exportero reconoce, asimismo, que es muy feliz entrenando a los pequeños del club. Y es que, con total seguridad, Sascha marcará la vida a más de uno de esos niños. En el futuro, a buen seguro, les aconsejará –por si las moscas– pasar por el peluquero antes de ir a entrenar con el primer equipo.

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