¿Y ahora, qué?

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noudiari.es La Segunda B era esto. El penúltimo venciendo al líder. Un equipo que no hace tanto jugaba Champions cayendo en el Municipal de Santa Eulària. La tan manida igualdad de la competición salió a relucir en toda su expresión en el duelo de la Villa del Río, y de qué manera. El Mallorca se volvía a casa con su primera derrota de la temporada en el zurrón, y con la zozobra de ver cómo es cada vez un poquito menos líder. El sueño de todo ibicenco: ver al Mallorca morder el polvo aquí, 2-1.

Decía Dani Mori la pasada semana al derrotar al Formentera en el derbi pitiuso que si su equipo era capaz de ganar al Mallorca, ya nadie podría pararles. Y el equipo salió convencido de que esa victoria era posible. El técnico apostó esta vez por situar dos puntas (y no tres como el domingo pasado en Sant Francesc), haciendo jugar a Salinas y Guille Andrés, dejando un tocado Górriz en el banquillo.

Además, debutó en el once el central Chechu Meneses, recolocado al lateral izquierdo en lugar del habitual Javi Gallardo. De poco le sirvió a la Peña el ímpetu inicial, porque rápidamente el Mallorca sacó sus galones a pasear. En una jugada sin aparente peligro, otro debutante como titular en el partido, el joven extremo Álvaro Bustos, se inventó un latigazo desde más de 20 metros que sorprendió al meta Imanol. Tan sólo se habían jugado cinco minutos y el Mallorca ya imponía la lógica.

La ventaja llenó de alegría a los casi 200 aficionados vermellones que cruzaron el canal de Mallorca para acompañar a los suyos. De hecho, no eran muchos menos que los peñistas en el campo, dando al partido un aroma a duelo en campo neutral un tanto extraño, y que debe hacer pensar. Si viene el RCD Mallorca, el gran “enemigo”, y tan sólo se dan cita unos 400 aficionados peñistas, algo falla.

La Peña no reaccionó con contundencia al golpe. El Mallorca le concedía el balón y metros, pero la Peña pocas soluciones encontraba en la línea de tres cuartos. De hecho, en todo el primer tiempo prácticamente no se vio a ninguno de los dos porteros. Por parte blanca, tan sólo un disparo de Erik Polanco que se fue desviado inquietó a la zaga mallorquina.

El panorama siguió más o menos por los mismos cauces en el segundo tiempo. El paso de los minutos acrecentó las prisas de los peñistas, que intentaron meterle electricidad a un duelo que parecía anestesiado. Mori dio entrada a Górriz para buscar un juego algo más directo, mientras los de Vicente Moreno casi veían la vida pasar.

Fue mediada la segunda mitad cuando llegó el “momento Pau Pomar”. El central mallorquín vio primero una amarilla (enésima la suya). Dos minutos después, se jugó la roja en otra entrada dónde quizá el árbitro le perdonó la segunda amonestación. Y en la siguiente jugada aprovechó perfectamente su perdón anotando el 1-1. Pepe Bernal bota una falta y Pau remata con la testa a la red. Era el minuto 71, y la Peña estaba más viva que nunca.

El gol dio alas a los peñistas, que, pese a tener delante al líder, daban la sensación de estar más cerca de ganar que de perder. Y vaya que si lo estaban. En el minuto 79, Górriz se sacó un zurdazo espectacular que se coló por la escuadra de Manolo Reina. El Municipal se volvió loco. La Peña le ganaba al Mallorca. ¡Al Mallorca!

La imagen de los vermellones en los últimos minutos fue quizá lo más preocupante. Ni una sóla vez estuvieron cerca de lograr el empate. El eslógan mallorquinista de “tocará remar” está más vigente que nunca. La Peña, por su parte, enlaza por primera vez en el curso dos victorias seguidas. Ahora, a ver quién la para.

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