0-2. El Ibiza se queda sin refugio y Llona pone palabras a las dudas: «No estamos llegando a lo que se espera de nosotros»

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El Real Zaragoza conquista Can Misses (0-2) con dos goles de Ureña en apenas cinco minutos y deja a la UD Ibiza con tres derrotas en cinco jornadas. Los celestes apenas encontraron profundidad ante un rival que aprovechó sus errores y el técnico reconoció después que el equipo está lejos del nivel exigido: «No estamos nada contentos, no estamos nada satisfechos».

Can Misses había servido hasta ahora para sostener el comienzo de temporada de la UD Ibiza. Dos victorias en dos partidos permitían compensar los tropiezos lejos de la isla y mantener la sensación de que el equipo de Raúl Llona, pese a sus dificultades, empezaba a encontrar un camino. El Real Zaragoza llegó este viernes y desmontó esa pequeña certeza.

El 0-2 dejó la primera derrota del curso ante la afición celeste, la tercera en cinco jornadas y una pregunta que empieza a ganar peso: ¿cuánto tiempo necesita este Ibiza para convertir las expectativas en rendimiento?

No fue una noche en la que el Zaragoza sometiera al conjunto pitiuso de principio a fin. Tampoco una de esas derrotas que se explican por una sucesión interminable de ocasiones del rival. El partido estuvo abierto durante más de una hora, pero cuando llegaron los momentos decisivos apareció una diferencia que terminó siendo enorme: el Zaragoza encontró el gol y el Ibiza no encontró siquiera una respuesta capaz de ponerlo nervioso.

Después, en la sala de prensa, Llona no intentó esconderlo.

«Las expectativas son muy altas y está claro que no estamos llegando a lo que se espera de nosotros», admitió el entrenador.

El partido que el Ibiza no supo convertir en suyo

Durante buena parte de la primera mitad, el encuentro se movió entre dos equipos que buscaban imponer su manera de jugar sin conseguir hacerlo de forma continuada. El Zaragoza tuvo fases de mayor control, especialmente con Ademo participando en la elaboración, mientras el Ibiza trató de encontrar asociaciones por dentro y ganar altura con sus laterales.

La novedad en el once fue Pedro Ortiz, que entró por Yoldi. El movimiento llevó a David Astals a una posición más adelantada, una decisión que Llona explicó después como parte de un plan para reunir más futbolistas en zonas interiores y facilitar la circulación.

La idea tuvo momentos reconocibles, pero no terminó de llegar hasta donde debía.

Ortiz probó al guardameta visitante con un disparo exterior y Manu Justo se quedó cerca de conectar un centro del propio centrocampista. Fueron aproximaciones que no llegaron a convertirse en oportunidades de verdadero peso. Al otro lado, Andrés Prieto tuvo que responder ante un disparo cruzado de Vadillo y el Zaragoza encontró espacios suficientes para recordar que podía castigar cualquier descuido.

El Ibiza se fue al descanso con el partido intacto, aunque con una baja inesperada. Genaro sintió molestias y pidió el cambio. Fadel ocupó su lugar en el centro del campo, una decisión que Llona tomó para no arriesgar con Calavera, que había llegado justo al encuentro.

El empate dejaba todas las posibilidades abiertas. También escondía un problema que terminaría pasando factura: el Ibiza conseguía acercarse al área contraria, pero le costaba muchísimo entrar en ella con ventaja.

El Zaragoza necesitó cinco minutos

El encuentro se decidió desde los banquillos y en dos acciones que el Ibiza difícilmente podrá olvidar.

Ibai Gómez introdujo a Ureña y Espiau en la segunda mitad. Los dos participaron casi de inmediato en el 0-1: Espiau intervino dentro del área y Ureña terminó cruzando el balón ante Andrés Prieto. La acción fue revisada por una posible mano, pero el tanto subió al marcador.

El Ibiza todavía tenía tiempo para reaccionar. Lo que no tuvo fue margen para recuperarse del siguiente error.

Un pase atrás de Yoldi dejó a Espiau frente al guardameta celeste. Prieto evitó el gol en primera instancia, pero el rechace cayó en los pies de Ureña, que firmó su segundo tanto de la noche.

Dos goles en apenas cinco minutos. Un partido que parecía dispuesto a decidirse por detalles se había convertido de repente en una cuesta demasiado pronunciada para los locales.

Llona resumió ese tramo sin buscar explicaciones extraordinarias: «Hemos tenido esos pequeños errores que son los que han propiciado que el rival sacara ventaja».

El Zaragoza hizo después lo que necesitaba. Se ordenó con el marcador a favor, cerró espacios y obligó al Ibiza a encontrar soluciones que no habían aparecido cuando el encuentro estaba igualado.

Lo que más inquieta no está solo en los goles recibidos

Durante la semana, Llona había hablado de la necesidad de reducir las concesiones defensivas. El Ibiza llegaba al encuentro después de encajar dos goles en Antequera y otros dos en Jaén, además del recibido ante el Rayo Majadahonda.

Frente al Zaragoza volvió a recibir dos, pero la derrota también dejó al descubierto el otro extremo del campo.

Con 0-2, el Ibiza necesitaba marcar pronto para transformar los últimos minutos en algo parecido a una remontada. Llona introdujo a Eslava e Iker Varela y buscó mayor presencia ofensiva. El equipo adelantó posiciones, movió el balón de un costado al otro e intentó encontrar incorporaciones desde segunda línea.

El Zaragoza ya estaba preparado para defender ese escenario.

Blasco llegó a marcar, aunque en una posición de fuera de juego clara, y Eslava conectó un cabezazo sin la fuerza necesaria para comprometer al portero. El marcador no volvió a moverse y, de hecho, Espiau dispuso de una oportunidad para ampliar la diferencia.

El Ibiza terminó sin generar esa ocasión que habría cambiado el ambiente del estadio y obligado al rival a sufrir.

Llona había detectado el problema incluso antes de los goles. «Nos ha faltado ese último pase, nos ha faltado un pelín más de acierto y de precisión para tener opciones de hacer gol», explicó al analizar el primer tiempo.

Ahí aparece una de las tareas más urgentes para el cuerpo técnico. No basta con tener fases de circulación prometedoras si el equipo no consigue transformarlas en peligro. Y cuando el rival se adelanta, esa carencia se vuelve todavía más difícil de disimular.

«No estamos haciendo las cosas bien»

La rueda de prensa posterior dejó una autocrítica poco habitual por su claridad en una quinta jornada.

Llona no se limitó a lamentar los errores de los dos goles ni a recordar que el proyecto todavía está en construcción. Reconoció que el rendimiento actual no corresponde a lo que se espera de la plantilla.

«Es indudable que no estamos estando al nivel y no estamos cumpliendo las expectativas que se espera de nosotros», señaló.

El técnico fue más allá al hablar de los puntos conseguidos: «Está claro que estamos en déficit porque no hemos sacado los partidos y no estamos contentos con los puntos que llevamos porque no estamos haciendo las cosas bien».

No quiso que el análisis quedara reducido a una cuestión de tiempo o de nombres nuevos. Su argumento fue que las posibilidades futuras del equipo no pueden utilizarse para pasar por alto su presente.

«Esto es de cada día. No es lo que tú piensas que puedes llegar a ser o lo que hayas podido hacer, sino que cuenta lo que estemos haciendo hasta el momento».

Y hasta el momento, el Ibiza ha ganado dos partidos y ha perdido tres.

Ni el árbitro ni la paciencia como excusa

Llona mostró su desacuerdo con el criterio arbitral en una acción por la que reclamó la revisión de una posible expulsión. Habló de la impotencia que generan determinadas interpretaciones, aunque enseguida dejó claro que no quería convertirlas en la explicación del resultado.

«De ninguna manera me quiero escudar en las decisiones arbitrales», afirmó.

Tampoco quiso trasladar toda la responsabilidad al proceso de adaptación de una plantilla renovada. Recordó que la temporada es larga y que los equipos no evolucionan al mismo ritmo, pero volvió a situar la exigencia en el trabajo propio.

«No estamos nada contentos, no estamos nada satisfechos y debemos mejorar».

La frase adquiere más valor después de una derrota como la de este viernes. El Zaragoza también ha cambiado numerosas piezas, pero encontró la manera de resolver el encuentro cuando apareció su oportunidad. El Ibiza, por ahora, sigue necesitando demasiadas cosas para que sus buenos momentos tengan consecuencias en el marcador.

Seis puntos de quince y una deuda con Can Misses

El balance empieza a dibujar una tendencia que ya no puede dividirse entre partidos de casa y de fuera. El Ibiza perdió en Antequera, reaccionó con victorias ante el Rayo Majadahonda y el Sant Andreu, volvió a caer en Jaén y ahora ha cedido también frente al Zaragoza.

Seis puntos de quince posibles.

Queda muchísimo campeonato y nadie asciende ni se queda sin opciones en septiembre. Llona tiene razón cuando pide que el descontento no convierta todo lo realizado en algo negativo. Pero esa prudencia no cambia lo que ha ocurrido en las primeras cinco jornadas ni reduce la necesidad de reaccionar.

El entrenador también entendió la decepción de una afición que acudió a Can Misses en una noche para la que el club había preparado un ambiente especial. Y dejó una declaración que señala dónde considera que debe empezar la respuesta.

«Pocas cosas le podemos pedir. Somos nosotros los que tenemos que dar».

El Ibiza había encontrado en su estadio una forma de aliviar las dudas del arranque. El Zaragoza se llevó los tres puntos y acabó con esa protección.

Ahora llega una semana de trabajo con una diferencia importante respecto a las anteriores: el propio Llona ya ha dicho en voz alta lo que el marcador y la clasificación empiezan a mostrar. Este Ibiza todavía está lejos de lo que se espera de él.

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