No fue el domingo que esperaba la SD Ibiza. En casa, con su gente y con ganas de dar continuidad a la jornada anterior, el equipo ibicenco se vio superado por un Sant Andreu muy serio, que aprovechó sus momentos y dejó el partido encarrilado antes del descanso.
El arranque ya dejó señales de que no sería sencillo. Los visitantes manejaban el balón con calma, encontraban espacios y obligaban a la defensa rojilla a correr hacia atrás más de lo habitual. En una de esas acciones llegó el primer golpe. Y cuando todavía se intentaba ordenar el equipo, cayó el segundo. El tercero, poco después, terminó de enfriar el ambiente en Sant Rafel.
La SD Ibiza no encontraba continuidad. Había intención, sí, pero faltaba precisión. Demasiados pases cortados, demasiadas jugadas que se quedaban a medias. El Sant Andreu, en cambio, parecía cómodo, como si el partido se jugara al ritmo que más le convenía.
Tras el paso por vestuarios cambió la actitud. Más presión, más presencia en campo rival y un punto extra de energía. El equipo dio un paso al frente y empezó a rondar el área con mayor insistencia. El penalti a favor parecía el punto de partida perfecto para meterse de lleno en el encuentro, pero el lanzamiento no acabó en gol y la oportunidad se escapó.
Aun así, el equipo no dejó de intentarlo. Llegó el 1-3 en una acción bien trabajada por banda que terminó en remate certero de Carlos Gilbert. Quedaba tiempo y, por momentos, el estadio volvió a creer. Sin embargo, la claridad no terminó de aparecer y el empuje se fue diluyendo. Una expulsión en el tramo final complicó todavía más cualquier intento de reacción.
Al final, derrota clara y lección aprendida. Toca resetear y volver a empezar. Esto es largo.




















































































