1-0. Un zurdazo de Fran Castillo mantiene a la UD Ibiza en pie

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Hay estadios que aprietan… y luego está el Palladium Can Misses cuando la cosa se pone seria. La UD Ibiza lo volvió a hacer. Cuarta victoria seguida en casa. Otra vez sin encajar. Y otra vez sufriendo hasta el último suspiro, porque aquí nada es sencillo.

El 1-0 ante el Tarazona no fue un paseo. Fue un pulso largo, espeso, de esos que se juegan más con la cabeza que con las piernas. El equipo aragonés llegaba sin perder fuera desde diciembre, con fama de ordenado, de paciente, de incómodo. Y cumplió el guion al milímetro.

Miguel Álvarez movió piezas tras el tropiezo anterior. Ajustó la defensa, refrescó el centro del campo y volvió a confiar en ese talento que, cuando aparece, cambia partidos. El plan estaba claro: insistir, insistir… y esperar el momento.

El inicio fue frío, casi áspero. El Tarazona cerró caminos por dentro y obligó a los celestes a circular sin profundidad. Mucho choque, poco espacio. El encuentro se fue ensuciando, perdiendo ritmo. Justo lo que querían los visitantes.

Aun así, la UD Ibiza empezó a encontrar grietas. Izan agitó el costado, Bebé buscó desequilibrio y Fran Castillo empezó a asomarse entre líneas. La primera mitad dejó varias llegadas claras, pero siempre apareció Amigo para enfriar la grada. Incluso hubo una acción polémica que levantó murmullos, pero el juego siguió. El marcador no se movió antes del descanso y el runrún empezaba a crecer.

Tras el paso por vestuarios, el campo se inclinó. Literalmente. El balón ya era casi propiedad local y el Tarazona resistía como podía. Izan se convirtió en un martillo constante por banda. Davo tuvo la suya. Fran también. Pero el gol se hacía esperar.

Hasta que llegó el minuto 63. Y ahí el fútbol dejó de ser espeso para convertirse en arte.

Svensson, recién entrado, encontró a Fran Castillo dentro del área. Control, pausa, mirada arriba… y una rosca perfecta a la escuadra. De esas que dibujan parábolas imposibles y hacen que el estadio contenga la respiración un segundo antes de estallar. Imparable. Una pincelada de talento puro para romper un muro que parecía eterno.

Con el 1-0 el partido se abrió. El Tarazona dio un paso al frente, empujado por la urgencia. La UD Ibiza tuvo opciones para sentenciar, pero el segundo no llegó. Y entonces apareció el fantasma del descuento.

Minuto 97. Centro lateral, remate al fondo de la red y silencio helado en Can Misses. Durante unos segundos nadie sabía qué pensar. Miradas al banquillo, al árbitro, al cielo… hasta que el VAR confirmó lo que muchos intuían: fuera de juego. Gol anulado. Del susto al rugido. Del miedo a la liberación.

Victoria con suspense. De esas que saben mejor porque se pelean. La UD Ibiza suma 35 puntos, se aleja cuatro del descenso y mira de reojo la zona de play-off, que queda a dos. En casa el equipo es sólido, compacto, reconocible. Otra historia.

Ahora el desafío es claro: que la versión de la isla también aparezca lejos del mar. Porque en Can Misses, esta UD Ibiza ya ha aprendido a creer.

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