Gandia se rinde al pulso competitivo del Class Sant Antoni

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Hay victorias que pesan más que un resultado. No solo por lo que suman en la tabla, sino por lo que anuncian. La del Class Bàsquet Sant Antoni en Gandia pertenece a esa categoría: un triunfo de carácter, de resistencia y de madurez competitiva, conquistado en una pista exigente y en un partido que se movió siempre al borde del descontrol (82-84). El conjunto portmanyí salió vivo de un duelo de alta tensión y, además, reforzado en la pelea por lo más alto del grupo Este.

No fue una noche cómoda, ni mucho menos. Fue una de esas batallas en las que toca convivir con las buenas sensaciones, con los momentos de incertidumbre y con la necesidad de reaccionar a contrarreloj. El Class tuvo un arranque serio, con las ideas claras y un plan defensivo bien dirigido para minimizar la influencia de Jonathan Greeley. Durante ese primer tramo, el trabajo colectivo permitió controlar el ritmo y repartir con acierto las responsabilidades ofensivas, un detalle que acabaría siendo decisivo cuando el encuentro se pusiera cuesta arriba.

Porque el segundo cuarto cambió el paisaje por completo. Gandia encontró en Greeley el combustible que necesitaba para romper el partido. El escolta estadounidense, ya de por sí una amenaza constante, elevó su producción hasta convertir cada posesión local en un problema de difícil solución. El aro se le ensanchó de manera alarmante y el Class entró en una fase de bloqueo ofensivo que pagó cara. El parcial de 28-13 dejó a los ibicencos diez puntos abajo al descanso, con el 46-36 como advertencia y con la sensación de que el encuentro exigía algo más que buen baloncesto.

Ese algo apareció tras el paso por vestuarios. El equipo de Berrocal entendió que, en un escenario así, la única salida pasaba por endurecer el partido desde atrás. Las rotaciones dieron oxígeno, subieron el tono físico y devolvieron al Class la energía competitiva que había perdido en el segundo periodo. Gandia seguía dependiendo del acierto descomunal de Greeley, que terminó disparado hasta los 33 puntos, pero el bloque visitante ofreció una respuesta mucho más coral y más rica en matices.

Ahí estuvo una de las claves de la noche. Mientras el cuadro valenciano vivía aferrado a la inspiración de su gran referente, el Sant Antoni fue construyendo su remontada desde la variedad. Solarin, Paz, Gómez y De la Rúa alcanzaron dobles dígitos y dieron forma a un ataque menos previsible, más difícil de desactivar y mucho más sólido en los momentos calientes. También el juego interior, tantas veces puesto bajo la lupa en otras campañas, tuvo una incidencia notable en un partido de contacto, desgaste y valor competitivo.

El tercer cuarto cerró con un 65-62 que dejaba la historia completamente abierta, y en el último acto el Class pareció encontrar por fin el camino definitivo. A falta de un minuto, el 75-82 parecía dibujar un desenlace favorable tras varios lanzamientos certeros desde el perímetro que habían erosionado la resistencia local. Pero este equipo, quizá por costumbre o por carácter, sigue empeñado en convivir con el vértigo.

La recta final fue un ejercicio extremo de tensión. Gandia se agarró al partido con dos tiros libres de Greeley, un triple de Molina y otra acción del propio escolta estadounidense que llevó el marcador hasta el 82-82. Todo apuntaba a la prórroga, más aún después de los cuatro tiros libres fallados por un Class que volvió a exhibir su fragilidad desde la línea, su gran cuenta pendiente durante buena parte del curso. Por debajo del 50 por ciento en este encuentro, el dato dejó de nuevo al descubierto un problema que puede resultar letal en primavera.

Sin embargo, cuando el partido exigía sangre fría, apareció la jerarquía. De la Rúa asumió la última palabra y firmó la canasta que desactivó la remontada local y silenció Gandia. No fue solo una acción decisiva: fue el resumen perfecto del espíritu competitivo de un equipo que ha hecho del sufrimiento una seña de identidad y de los finales ajustados, casi un territorio natural.

La victoria tiene un valor inmediato y otro de fondo. En la clasificación, el Class Bàsquet Sant Antoni abre todavía más distancia con un rival directo, que queda a dos triunfos, una renta que en la práctica se amplía por el basketaverage. Con solo cinco jornadas por delante para la llegada del playoff, esa diferencia empieza a adquirir un espesor considerable. Y en lo emocional, el golpe es aún más potente: ganar así, fuera de casa, en una pista compleja y tras sobrevivir a un partido cambiante, fortalece cualquier candidatura.

A la espera de lo que haga Amics Castelló, el líder ibicenco sigue despejando el camino hacia un desenlace mayor. No hay nada definitivo todavía, pero sí señales cada vez más contundentes. La de Gandia fue una victoria de tres puntos en la tabla y de mucho más en la lectura profunda del campeonato. En este tramo del calendario, eso puede valer media temporada.

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