3-0. La UD Ibiza se descose en Elda y vuelve a tropezar con sus fantasmas lejos de casa

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La UD Ibiza volvió a mirar de frente a uno de sus problemas más persistentes y salió mal parada. En el Nuevo Pepico Amat, el conjunto de Miguel Álvarez ofreció dos caras demasiado distintas y terminó derrumbándose tras el descanso ante un Eldense mucho más firme cuando el partido entró en su zona decisiva. El 3-0 final no solo castiga en el marcador, también deja una sensación incómoda en clave celeste: el equipo compite por tramos, pero sigue pagando carísimo cada desconexión cuando se aleja de Can Misses.

La mañana arrancó con un Ibiza valiente, dinámico y con intención de gol. Álvarez agitó el once con tres modificaciones y recuperó a Ramón Juan para la portería, además de devolver a Davo al foco ofensivo y colocar a David García en el costado izquierdo. La propuesta inicial no fue mala. De hecho, el partido se encendió desde el primer minuto, cuando el Eldense llegó a marcar en una acción invalidada por fuera de juego. Aquella advertencia no intimidó a los visitantes, que respondieron casi de inmediato con una ocasión clarísima nacida de un error grosero en la salida local y que Fran Castillo no logró convertir por muy poco.

Durante buena parte del primer tiempo, el Ibiza encontró escenarios para hacer daño. El choque se abrió, se convirtió por momentos en un ida y vuelta sin demasiado control, y ahí los ibicencos se sintieron cómodos. Valls condujo con criterio, David García encontró espacios y Davo aportó profundidad en cada desmarque. El Eldense, obligado a enfriar el ritmo, optó por manejar más balón, aunque sin traducir ese dominio en ocasiones limpias. Ramón Juan respondió con seguridad cuando le tocó intervenir y la zaga visitante, pese a algún sobresalto, logró sostenerse.

El problema para el Ibiza fue que su mejor rato no se convirtió en ventaja. Hubo un gol anulado a Davo pasada la media hora en una acción muy discutida, y también quedó en el aire una protesta por un posible penalti que alimentó la tensión antes del descanso. El partido se fue endureciendo, perdiendo continuidad, y en ese terreno embarrado empezó a intuirse que cualquier detalle inclinaría la balanza.

Y el detalle, esta vez, cayó del lado local nada más reanudarse el encuentro. El Ibiza había regresado del vestuario con energía y Davo obligó a Vila a firmar una parada magnífica con un remate de enorme calidad. Esa acción, que pudo cambiar el signo de la mañana, fue el último destello celeste antes del apagón. Apenas unos instantes después, Rober Ibáñez encontró espacio, dibujó una maniobra de nivel y cruzó el balón lejos del alcance de Ramón Juan para firmar el 1-0. El golpe fue duro. Más aún por el modo en que llegó: justo después de una gran oportunidad desperdiciada por los visitantes.

Ahí cambió todo. El Eldense creció de forma inmediata, impulsado por el marcador y por la sensación de que el partido se le había puesto de cara. El Ibiza, en cambio, entró en una fase de fragilidad conocida. La derrota comenzó a escribirse en sus propios errores. Del Olmo perdió un balón comprometido en una zona prohibida, Borja rozó el segundo con un remate al palo y Clemente, atento al rechace, castigó con un disparo potente que convirtió la mañana en una cuesta demasiado empinada para los celestes.

Ese segundo gol dejó al equipo de Álvarez sin pulso competitivo. Lo que en la primera mitad había sido un ejercicio serio de resistencia y amenaza se transformó en un bloque partido, vulnerable y cada vez más expuesto. La jugada del penalti terminó de cerrar el encuentro: Nacho llegó tarde ante Nacho Quintana, Dioni no falló desde los once metros y el 3-0 se convirtió en una sentencia con media hora todavía por delante.

Hubo intentos de reacción, más por orgullo que por convicción. Eslava y Nsukula entraron para recomponer un equipo que ya se había roto. Del Pozo dejó uno de los pocos destellos finales con un remate lejano de mucho mérito, pero Vila volvió a aparecer. Ramón Juan también evitó un castigo mayor en otra llegada local, lo que terminó de confirmar una evidencia que se repite demasiado en este Ibiza: fuera de la isla, el equipo no solo pierde solidez, también pierde jerarquía en las áreas.

La derrota deja una lectura incómoda pero clara. El Ibiza fue capaz de competir, incluso de parecer mejor durante muchos minutos, pero no supo gobernar el partido cuando más exigía madurez. Le faltó eficacia en sus mejores momentos y le sobró fragilidad cuando el encuentro pidió cabeza fría. En una pelea tan exigente como la del ascenso, ese peaje suele ser definitivo.

El marcador de Elda no es únicamente una mala mañana. Es otra señal de alarma. Porque el Ibiza sigue dejando escapar partidos que reclaman contundencia, y mientras los errores individuales continúen marcando la agenda, el play off seguirá siendo una aspiración más lejana que real.

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