El Class Sant Antoni ya está en modo playoff. Sin red. Sin excusas. Y con una misión clara: cerrar la eliminatoria en casa y seguir soñando en grande.
El equipo ibicenco recibe este sábado (19:15h) al Cáceres Patrimonio de la Humanidad en el Siroko Sa Pedrera con una ventaja de +12 traída de la ida. Un colchón importante, sí… pero en estos escenarios nadie regala nada. Aquí no hay partidos cómodos, aquí hay batallas. Y el Class lo sabe.
Porque esto va de competir, de apretar los dientes y de no bajar la guardia ni un segundo. El vestuario lo tiene claro: la eliminatoria no está ni mucho menos cerrada. El Cáceres ya ha activado la operación remontada, calentando el partido desde fuera… pero dentro, en la pista, manda el que mejor gestione la presión. Y ahí el Class quiere imponer su ley.
Todo pasa por convertir el Siroko Sa Pedrera en lo que ha sido durante toda la temporada: un auténtico fortín. Un búnker. Un lugar donde el rival sienta que cada posesión pesa el doble. El club lo ha pedido. Los jugadores lo han repetido. Y la afición lo sabe: este partido también se juega en la grada.
Greg Gantt, uno de los veteranos del vestuario, lo resume sin rodeos: es el momento de estar todos juntos. Dani de la Rúa, capitán y alma del equipo, habla directamente al corazón del aficionado: hay que llenar el pabellón y empujar desde el salto inicial. Emil Stoilov, referencia interior, lo tiene claro: el sexto jugador tiene que aparecer más que nunca. Y Gerard Blat insiste en lo mismo: cada grito, cada aplauso, cada empujón desde la grada cuenta.
Porque esto ya no es fase regular. Esto es playoff. Esto es otra historia.
El plan está claro: intensidad atrás, control del ritmo y máxima concentración. Nada de relajarse con la ventaja. Aquí se sale a morder. A cada balón. A cada rebote. A cada defensa. Porque en este tipo de partidos, el más mínimo despiste se paga caro.
Y ojo al ambiente. Porque el recibimiento al equipo ya apunta a ser de los que marcan época. De esos que meten el partido en vena antes incluso de que el balón esté en el aire. El mensaje es claro: el Class no va a estar solo.
Quedan 40 minutos. Solo 40.
Pero pueden valer una temporada.
El Siroko Sa Pedrera se prepara.
El Class Sant Antoni, también.
Y ahora… que empiece el espectáculo.




















































































