Rodillo ibicenco en Mataró: el Class Sant Antoni se exhibe y manda un aviso a navegantes (62-98)

0
727
3489281

En el baloncesto hay victorias y hay declaraciones de intenciones. Lo que firmó el Class Bàsquet Sant Antoni este viernes en el Palau d’Esports Josep Mora entra de lleno en la segunda categoría. Un 62-98 sin paliativos, sin concesiones y sin necesidad de épica. Puro dominio coral de los pupilos de Berrocal, que no solo cerraron invictos la fase de grupos de la Copa de España, sino que lo hicieron desplegando un juego de muchos quilates, de esos que huelen a equipo serio, a proyecto con hambre de ascenso.

Desde el primer salto, los de Sant Antoni salieron a comerse la pista. No hubo tanteo ni fase de estudio: fue un arranque demoledor, con un parcial de 0-9 que dejó claro que no habían ido a Mataró de excursión. Stoilov, Gantt y Ruiz marcaron territorio con una puesta en escena de manual, y para cuando los locales quisieron reaccionar, el marcador ya era un sonrojo: 1-16 y tiempo muerto obligado para un Sergi Fortes sin respuestas.

La maquinaria balear, sin nombres por encima del colectivo, funcionaba como un reloj suizo. Todos sumaban, todos aportaban. Diez hombres utilizados por Berrocal y los diez viendo aro. Una sinfonía ofensiva sin fisuras, aliñada por una defensa intensa que asfixió a un UE Mataró que fue de más a menos, hasta desdibujarse por completo. El primer cuarto (10-29) fue un aviso; el segundo, una sentencia anticipada. Con un Javi Rodríguez excelso —quizá su mejor partido hasta la fecha— el Sant Antoni alcanzó el descanso con un 31-55 que olía a paliza de las que dejan cicatriz.

Rodríguez, precisamente, fue el MVP silencioso de la noche. Sin grandes alardes, firmó un partido redondo: 10 puntos, 5 rebotes, 5 asistencias y 2 robos. Estadísticas que hablan, sí, pero que no dicen todo de su peso en la pista. Líder desde la calma, el base se reivindicó como una pieza clave en una plantilla que no depende de un solo hombre, pero necesita referentes en los momentos clave.

El tercer cuarto fue directamente un festival. Sant Antoni jugaba a placer, con libertad y confianza, como si llevaran semanas entrenando sobre ese parquet. Cada ataque era una clase de ejecución. Cada defensa, una declaración de orgullo. El parcial lo dice todo: 12-25, con acciones espectaculares como un mate de Stoilov que firmó el 43-80 con el que se cerró el periodo. El Mataró, completamente superado, apenas era un espectador en su propio feudo.

Con todo decidido, el último cuarto sirvió para completar la faena. Gantt, con otro triple, abrió el telón de un tramo final en el que los sanantonienses levantaron el pie… pero solo un poco. Lo justo para que el marcador no fuera un escándalo mayor. El 62-98 final deja claro el nivel actual del equipo ibicenco, que encara los dieciseisavos de la Copa con paso firme y moral por las nubes.

Pero más allá del resultado —escandaloso, sí— lo que queda es la sensación. Este Class Sant Antoni no solo gana, convence. Y eso, en una competición como esta, vale oro. En octubre llegará la hora de la verdad, con las eliminatorias a partido único. Pero lo que se ha visto hasta ahora invita al optimismo. El bloque funciona, la idea es clara y el hambre sigue intacta tras dos años quedándose a las puertas del ascenso.

El camino será largo, sí. Exigente, también. Pero si el equipo mantiene este nivel de concentración, de intensidad y de ambición, nadie en Segunda FEB querrá cruzarse con los de Berrocal. En Mataró no solo ganaron. Dejaron claro que van en serio. Muy en serio.

No hay comentarios

Dejar respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.