La SD Ibiza se ha abonado al drama. Cuando todo apuntaba a que el filial perico iba a cantar victoria por primera vez en la temporada, apareció Cristian Cruz como un relámpago en la oscuridad para firmar un empate in extremis que supo a gloria en la Ciudad Deportiva Dani Jarque. Un punto que no cambia radicalmente la clasificación, pero que alimenta la fe de un equipo que se niega a tirar la toalla, incluso cuando el cronómetro ya roza el último aliento.
El arranque fue complicado para los rojillos. A los 60 segundos, Adrián López ya cargaba con una amarilla que le condicionó todo el encuentro, y el Espanyol B, con la frescura habitual de un filial lleno de talento, mandó con descaro. Tocaban, abrían el campo y encontraban con demasiada facilidad la espalda de una defensa pitiusa todavía en proceso de ajuste.
No tardó en llegar el primer golpe: minuto 17, combinación perica por la derecha, centro medido de José Ángel y definición quirúrgica de Letono al palo largo. Un gol de manual que pilló a contrapié a todo el sistema defensivo ibicenco. Para entonces, el marcador ya reflejaba la sensación sobre el verde.
Pero la SD Ibiza, lejos de venirse abajo, sacó carácter. Lo que no tienen de experiencia, lo suplen con garra. Marquitos avisó con un zapatazo al larguero y Montalbán, que siempre merodea donde otros no llegan, cazó el rechace y reanimó a los suyos con el 2-1 justo antes del descanso. Jarro de agua fría para un Espanyol B que pensaba tener el partido encarrilado.
En la reanudación, los de Raúl Casañ salieron con otra cara. Más verticales, más valientes, más equipo. Pero la pegada seguía siendo un debe, y las ocasiones, aunque claras, no se materializaban. El técnico ibicenco movió ficha desde el banquillo con criterio, pero el filial perico también supo refrescar piernas y recuperar el control en fases clave del segundo acto.
Y cuando parecía que el guion se cerraba con una victoria mínima para los catalanes, apareció la jugada que lo cambió todo. Gilbert se inventó un centro tenso desde la izquierda, la defensa blanquiazul se despistó por un segundo y Cruz, con temple de veterano, definió con clase para clavar el 2-2 definitivo en el minuto 90.
La locura se desató en el banquillo visitante. Era solo un empate, pero la forma de conseguirlo tiene un valor emocional incalculable. No hay trofeos en septiembre, pero sí mensajes que calan. Y la SD Ibiza gritó uno bien claro: este equipo no se rinde.
Con cinco puntos en cuatro jornadas y un juego aún por pulir, los de Casañ siguen navegando por la zona media de la tabla, sabiendo que aún hay mucho por mejorar. Pero si algo quedó claro en Barcelona es que este grupo tiene alma. Y con eso, ya se empieza ganando.




















































































