3-1. Can Cantó ruge: el Inter Ibiza renace con diez y firma un triunfo de carácter ante el Collerense

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A veces, el fútbol ofrece pequeñas epopeyas que resumen la esencia del juego en noventa minutos. Lo vivido este sábado en Can Cantó fue una de ellas. El Inter Ibiza, herido tras el traspié en Son Cladera, se aferró a su casa, a su gente y a su orgullo para reencontrarse con la victoria. Y lo hizo con un guion cargado de tensión, coraje y recompensa, doblegando al Collerense por 3-1 en una tarde que reforzó el alma del equipo gualdiazul.

El duelo comenzó con el aroma de la reivindicación. Desde el pitido inicial, el conjunto de Carlos Fourcade salió con las revoluciones altas, decidido a borrar cuanto antes el mal sabor de la derrota anterior. Con una presión asfixiante en campo rival, el Inter llevó el peso del encuentro desde el arranque. El premio, sin embargo, se hizo esperar hasta el segundo tiempo.

Fue precisamente Antonio, incansable y letal, quien rompió la igualdad en el minuto 54 con un tanto que desató la euforia en las gradas de Can Cantó. El gol fue más que un golpe sobre la mesa: fue la chispa que encendió al Inter. Pero cuando el partido parecía encarrilado, llegó el giro de guion. En el 66, Jorge Mena vio la segunda amarilla y dejó a su equipo con uno menos. La amenaza del colapso asomaba.

Lejos de venirse abajo, el Inter sacó pecho. Y ahí emergió la figura de Félix, que se vistió de héroe con una irrupción fulgurante. En apenas cuatro minutos, el jugador firmó un doblete demoledor —minutos 73 y 77— que sentenció el choque y confirmó que el equipo no estaba dispuesto a regalar nada, ni siquiera en inferioridad numérica. Su olfato, su intuición y su determinación convirtieron la adversidad en impulso.

El Collerense, que hasta entonces había chocado con una defensa sólida y un mediocampo férreo, maquilló el resultado en el 86 por medio de Álvaro, pero para entonces el relato ya estaba escrito. El Inter se había ganado la ovación de su público a base de coraje y eficacia.

Con esta victoria, el cuadro ibicenco se acuesta en la séptima posición con 10 puntos y aún con una bala en la recámara: el partido pendiente ante el Santanyí. Una oportunidad dorada para seguir escalando. El próximo capítulo llegará lejos de casa, en el feudo del Rotlet Molinar, donde el Inter buscará prolongar esta reacción que huele a punto de inflexión.

Porque más allá de los goles, lo que el equipo demostró este sábado fue identidad. Y en un campeonato tan igualado como este, eso vale tanto como los puntos.

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