Regreso con examen exigente: el Class se estrena en Sa Pedrera frente a un Llíria que no perdona

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No hay mejor manera de estrenar casa nueva que con un duelo de altos vuelos. Y eso es exactamente lo que vivirá este sábado el Class Bàsquet Sant Antoni. Tras meses de obras, ajustes y paciencia, el flamante Pabellón de Sa Pedrera reabre sus puertas para convertirse en escenario de un partidazo: los portmanyins reciben al CE Bàsquet Llíria, en un cruce de trenes que luchan por instalarse en lo más alto del Grupo Este de la Segunda FEB.

El equipo dirigido por Josep Maria Berrocal aterriza en la sexta jornada con cuatro victorias y una derrota, el mismo balance que su rival valenciano, segundo en la clasificación. Un cara a cara entre aspirantes, marcado no solo por la igualdad en números, sino por las sensaciones: ambos conjuntos han mostrado músculo competitivo, pero también han tenido que sufrir para sacar adelante sus últimos compromisos.

La cita del sábado (19:30h, LaLiga+) tiene todos los ingredientes de una jornada especial. Es el primer partido oficial del curso que el Class disputará en su pista. Hasta ahora, su temporada ha sido una larga travesía lejos de casa: nueve encuentros en terreno neutral o ajeno, con paradas en polideportivos de toda Ibiza, pero sin el calor de su propio público.

Ese paréntesis termina ahora, y lo hace a lo grande. El nuevo Sa Pedrera, completamente remozado y con un aforo a la altura de los grandes eventos, se vestirá de gala para dar la bienvenida a su equipo. La ilusión se palpa en el ambiente. La afición está lista. La pista también. Solo falta que el balón eche a rodar.

El Llíria llega a la cita tras su primera derrota de la temporada, una ajustada caída en casa ante el Lobe La Magia Huesca (84-87) que cortó una racha de cuatro triunfos consecutivos. Pese al tropiezo, los de Javier Vilaplana han demostrado ser uno de los bloques más sólidos del grupo, con una plantilla equilibrada y varios nombres propios que destacan en las estadísticas.

Entre ellos, el pívot Douglas Kandulu, un coloso bajo los aros que promedia 7,2 rebotes por encuentro, y el base Alonso Meana, cerebro del equipo y uno de los mejores asistentes del campeonato (4,4 por partido). Con este arsenal, los valencianos plantearán una seria amenaza al estreno en casa del Class.

El técnico local, Josep Maria Berrocal, ha lanzado un mensaje claro: ante equipos como Llíria, no se puede regalar ni un segundo. Los últimos encuentros del Class han sido batallas épicas —una con doble prórroga frente a Albacete, otra resuelta en el suspiro final ante Benicarló—, pero el objetivo ahora es no sufrir tanto. Se quiere control, defensa férrea desde el inicio y máxima concentración durante los 40 minutos.

Porque el contexto lo exige. Porque la grada lo merece. Y porque el regreso al hogar no puede empañarse con una derrota. El nuevo Sa Pedrera espera fiesta. El Class lo sabe. Y está listo para el reto.

Este sábado, baloncesto de altura, emociones garantizadas y una cita que marcará un antes y un después en la temporada portmanyina. El examen no será fácil, pero aprobarlo puede suponer mucho más que dos puntos. Puede ser el impulso que convierta una buena campaña en una grande.

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