El calendario no da tregua, y mucho menos cuando la confianza tambalea. El Class Bàsquet Sant Antoni se enfrenta este sábado a una cita que, sobre el papel, debería servir como bálsamo tras el tropiezo ante el Llíria. Sin embargo, en la práctica, el duelo ante el Ciudad Molina Basket (19.30h, Pabellón Serrerías) amenaza con convertirse en una trampa de esas que castigan tanto la desconcentración como la falta de actitud.
En la Segunda FEB, ningún escenario es inocente. Menos aún cuando el rival, en apariencia débil, empieza a despertar. El Ciudad Molina llega como penúltimo clasificado, sí, pero con un impulso emocional que no debe subestimarse: viene de doblegar con autoridad a uno de los equipos más sólidos del grupo Este, el Lobe Huesca La Magia. Un triunfo que ha cambiado su narrativa de colista recién ascendido a equipo con ambición renovada.
Para los hombres de Josep Maria Berrocal, esta jornada tiene mucho más peso que el que dictan las estadísticas. No es sólo una oportunidad para sumar, sino un examen de madurez, compromiso y orgullo competitivo. El técnico catalán no escondió su descontento tras el último encuentro en Sa Pedrera, donde la derrota ante Llíria dejó más preguntas que respuestas. No fue solo el marcador lo que dolió, sino la manera en que se encajó.
Berrocal lo sabe: no basta con ganar. Hay que convencer. Recuperar sensaciones. Establecer un ritmo. Volver a ser ese equipo que apuntaba alto en pretemporada y que aún no ha logrado encadenar una racha estable en esta exigente Segunda FEB. Con un balance de cuatro victorias y dos derrotas, el Sant Antoni marcha quinto, todavía a tiempo de engancharse al pelotón de cabeza, pero cada jornada sin brillo le resta margen para maniobrar.
Y como si el presente no fuese ya suficientemente exigente, el futuro inmediato tampoco da respiro. El duelo de este sábado será apenas el primero de una semana de alta exigencia: el martes les espera en casa el Ourense, un Primera FEB, en la Copa de España, y el sábado siguiente, el líder del Este, el temible Proinbeni UPB Gandía, también en Sa Pedrera.
Tres pruebas en siete días. Tres escenarios muy distintos, pero una constante ineludible: el equipo debe dar un paso al frente. Porque el talento está, pero sin compromiso no hay camino.
En Molina de Segura, los focos no brillarán tanto como en otras canchas, pero lo que está en juego va más allá de los puntos: se trata de recuperar el pulso competitivo, de dejar atrás dudas y de empezar a escribir la temporada que este equipo, por calidad y ambición, está llamado a protagonizar.






















































































