Hay aniversarios que pasan de puntillas… y otros que sirven para detener el tiempo. La Peña Deportiva vivió este último tipo de momento. No fue solo una gala. No fue únicamente un acto institucional. Fue una fotografía colectiva —de esas que uno guarda en un cajón para revisitar décadas después— donde el club, su gente y su pueblo se reconocieron mutuamente.
Dos días después, la emoción sigue en el aire en Santa Eulària. Quienes asistieron al Teatro España aún comentan detalles, recuerdan anécdotas, buscan su propia imagen en los vídeos proyectados durante la noche. Y lo curioso es que cuanto más se aleja el eco del 90 aniversario, más nítido aparece el verdadero significado de la cita: la Peña no celebró su pasado… celebró su identidad.
La gala arrancó con una sala llena hasta arriba y esa sensación de reunión familiar ampliada. En cuanto se apagaron las luces, la pantalla inició un recorrido de más de media hora por nueve décadas de fútbol y vida social. Allí estaban los campos de tierra de ses Estaques, los primeros equipos, los ascensos soñados, los descensos que dolieron pero enseñaron, las camisetas antiguas, los míticos viajes en barco y las tardes de grada con bocadillo en mano.
A cada salto temporal, un murmullo. A cada imagen, una memoria compartida.
Después, entre entrega y entrega de premios, nuevos vídeos iban abriendo pequeñas ventanas al pasado: el reencuentro entrañable de jugadores de los años 50 y 60, la emoción de los entrenadores del fútbol base de los 70 y 80, o el homenaje a tres mujeres que han sostenido silenciosamente al club durante décadas. Historias mínimas que, juntas, explican por qué la Peña es mucho más que un escudo.
Aunque la cita tenía sabor de aniversario, dejó claro que no era un acto nostálgico. La primera edición de los Premios SOM PEÑA —creados para repetirse cada cinco años— quiere marcar un rumbo: reconocer públicamente a quienes han sido pilares de la entidad.
Los nombres premiados hablan por sí solos. Desde Vicente Tur Noguera, que ayudó a modernizar el club en momentos clave, hasta Herbusa, un patrocinador que ha estado ahí incluso en tiempos difíciles. También apareció la figura entrañable de Juan Mesa, conocido en cada esquina del pueblo, y la voz de estadio de David Checa, tan ligada a los domingos de fútbol que resulta imposible imaginar silencio en su cabina.
En el terreno deportivo, se recompusieron trayectorias que abarcan generaciones. La versatilidad de Antonio Ortiz —jugador, capitán, portero y entrenador durante más de treinta años— se escuchó entre aplausos. Igual que el legado de técnicos como Mario Ormaechea o Raúl Casañ, piezas clave en algunos de los capítulos dorados de la Peña. La lista sumó historias de tenis, balonmano, gimnasia rítmica, atletismo y el empuje del fútbol femenino gracias a pioneras como Aroa Navarro o Anna Diaco.
Y en el plano institucional, la mirada se detuvo en figuras que representan la esencia del club: presidentes longevos, directivos incansables, voluntarios que nunca faltan. Personas como Juanito Dalias, Vicent Noguera Ramón o el recordado Mariano Marí, piezas tan discretas como fundamentales.
Con todas las entregas completadas, la presidenta Ana María Mateu tomó la palabra para cerrar la noche. Habló de historia, sí. También del futuro. De cuidar la base social, de mantener el espíritu, de seguir creando hogar. Palabras que, sin prisa, resonaron entre quienes entienden que un club de pueblo puede convertirse en familia para miles de personas.
La gala terminó con una gran foto en el escenario. Un mosaico de generaciones, colores, equipos, voluntarios, instituciones y viejas glorias. Luego, ya fuera del Teatro España, llegó un aperitivo que sirvió de excusa para abrazos, reencuentros y esas conversaciones que empiezan hablando del pasado y acaban soñando el próximo ascenso.
Queda la sensación de que el 90 aniversario ha marcado un antes y un después. Que los Premios SOM PEÑA han llegado para quedarse. Que el club ha encontrado una forma de contarse, de ordenar su memoria y de explicar lo que significa ser peñista.
Y queda también algo más íntimo: la certeza de que un club es fuerte cuando recuerda de dónde viene… pero aún más cuando utiliza ese recuerdo para mirar hacia lo que quiere ser.












































































































