El Class Sant Antoni tumba al líder

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Sa Pedrera vivió una noche de contrastes, de aquellas que arrancan con estruendo y terminan con un suspiro. El Class Sant Antoni pasó de bordar el baloncesto a flirtear con el desastre, pero acabó sumando una victoria de peso (80-75) ante el Amics del Bàsquet Castelló, el hasta entonces líder del grupo. Una victoria que vale doble: por el rival y por lo que enseñó del equipo, tanto en su versión arrolladora como en su cara más vulnerable.

El guion, al menos durante tres cuartos, fue el soñado. Desde el salto inicial, el conjunto ibicenco impuso un ritmo frenético, con una defensa agresiva en primera línea, transiciones letales y un acierto exterior que desdibujó por completo a los castellonenses. Kai Johnson, con su habitual descaro y físico imponente, lideró un vendaval ofensivo que dejó sin aliento al Castelló. A su alrededor, Santi Paz castigaba desde el perímetro y Rodri Gómez manejaba los tiempos con temple de veterano.

En apenas cuatro minutos, el marcador reflejaba un 14-5 que obligó al técnico visitante a parar el juego. No sirvió de mucho. El Class volaba, con las rotaciones funcionando como un reloj suizo. Berrocal no necesitó forzar piezas: todos los que saltaban a pista rendían. El primer cuarto cerró con un abrumador 29-19, una anotación que dejaba claro el nivel de inspiración de los locales.

La sinfonía continuó en el segundo acto. El Castelló amagó con reaccionar, pero cada intento fue sofocado con autoridad. Stoilov impuso músculo bajo los tableros, De la Rúa aportó criterio en la dirección, y el colectivo mantuvo la intensidad. El descanso llegó con un 49-33 que, más allá de los números, reflejaba una sensación de superioridad absoluta.

Pero en baloncesto, 20 minutos pueden ser una eternidad. El tercer cuarto fue, de nuevo, una demostración de poderío. El parcial inicial de 12-2 llevó la renta hasta los 26 puntos (61-35), y todo apuntaba a una noche plácida. El banquillo visitante acumulaba gestos de resignación. La grada celebraba. El partido parecía sentenciado.

Y entonces, se apagó la luz. Literal y figuradamente. El Class bajó la intensidad, empezó a tomar decisiones precipitadas y se contagió del ritmo cansino que proponía el Castelló. El último cuarto fue un carrusel de errores locales y aciertos visitantes. Sin presión, los líderes mostraron su oficio, exprimieron cada posesión y fueron reduciendo la brecha hasta dejarla en un inquietante 80-75. Un parcial final de 8-25 que transformó la exhibición en incertidumbre.

La bocina final alivió al banquillo local, pero también dejó una lección grabada: en esta liga no se puede regalar ni un minuto. El triunfo, sin embargo, vale su peso en oro. No solo por asaltar el liderato, sino por demostrar de qué es capaz este grupo cuando juega a su mejor nivel.

Ahora, toca aprender del desenlace. Porque dominar durante 30 minutos no siempre basta. Y porque en el baloncesto las victorias que enseñan valen más que las que solo suman.

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