La piscina del Club Waterpolo Sant Josep fue este fin de semana algo más que agua y corcheras. Fue un hervidero de nervios, risas, gritos desde la grada y ese cansancio feliz que solo deja el waterpolo cuando se exprime hasta la última brazada.
La mañana arrancó con los infantiles Sargantanes, que salieron al agua con el cuchillo entre los dientes. Partido de los que no te dejan parpadear frente al CEIB Gobycar B. Gol arriba, gol abajo, defensas apretando y porteros sacando manos imposibles… hasta que el marcador se quedó en un ajustado 8-9. Derrota, sí, pero de esas que saben a crecimiento.
Sin tiempo para lamerse heridas, llegaron los infantiles Dragons. Y ahí el guion cambió. Partido serio, bien trabajado y con el Conecta Mallorca WP Naranja siempre a remolque. El 14-8 final fue un reflejo claro de un equipo que sabe a lo que juega y lo ejecuta sin florituras, pero con mucha cabeza.
La sesión siguió con los juveniles, que decidieron subir todavía un punto más el drama. Partido espeso, físico y con tensión hasta el último cuarto ante el Conecta Mallorca WP. Nadie regaló nada. Nadie aflojó. Y cuando el reloj empezaba a apretar, Sant Josep sacó carácter para cerrar un trabajado 11-9 que se celebró como toca: con puños cerrados y miradas de orgullo.
Y para poner la guinda, los alevines. Sin complejos, sin miedo y con descaro. El Conecta Mallorca WP Morado poco pudo hacer ante un Sant Josep desatado que firmó un contundente 16-6. Ritmo alto, goles en cascada y esa sensación tan bonita de que el futuro ya está aquí… y nada mal encaminado.
Pero el fin de semana venía caliente desde el día anterior. En la Piscina Melani Costa, los cadetes y el equipo absoluto se midieron al Calvià. Los cadetes pelearon, pero cayeron por 16-9 en un partido exigente que dejó aprendizaje. Los absolutos, en cambio, sacaron el rodillo. Un 5-21 demoledor, de esos que se escriben rápido en el acta y se recuerdan durante semanas.
Conclusión rápida y sin rodeos: el Club Waterpolo Sant Josep vive un momento dulce. Hay cantera, hay hambre y hay ganas de seguir creciendo. Y eso, en este deporte tan de pico y pala, vale oro… o mejor dicho, vale cloro.





















































































