Hay jornadas que se tuercen pronto y ya no hay manera de enderezarlas. Este sábado fue una de esas fechas que se hacen largas, espesas, casi incómodas de contar para los equipos pitiusos de Tercera RFEF. Derrotas, frustración y hasta un avión que nunca despegó. Un cóctel poco apetecible para cerrar el año futbolístico.
El regreso del Inter Ibiza a Can Cantó venía cargado de ilusión. Dos semanas sin ganar pesaban, sí, pero enfrente había un Cardassar que lejos de casa solía bajar el pistón. El fútbol, caprichoso como pocos, decidió otra cosa. A falta de cuatro minutos para el descanso, un golpe seco de Alejandro (41′) dejó a los locales mirando al suelo. Y tras el paso por vestuarios no llegó la reacción esperada. El balón circulaba, el tiempo corría… pero las ocasiones no aparecían. Ya en el tramo final, otro zarpazo de Sastre (73′) terminó de cerrar una tarde que acabó sin premio y con la sensación de que la cuesta se empina cada semana un poco más.
Tampoco fue un buen viaje a Santanyí para el Portmany, que salió de Sant Antoni con la idea clara de volver a sumar lejos de casa. El plan resistió durante un buen rato, con un marcador cerrado y mucho equilibrio. Pero tras el descanso, el partido cambió de ritmo. Un gol mediada la segunda de Diego López (65′) parte obligó a remar contracorriente y, cuando aún se buscaba el empate, llegó el segundo, obra de Marc en el 90′. Ahí sí, se apagó todo. Aun así, el colchón clasificatorio permite respirar… de momento.
La tarde tampoco sonrió al Formentera, que tenía delante al Manacor, un líder sólido y con pocos despistes en su hoja de servicios. El duelo se rompió demasiado pronto. Un penalti señalado en los primeros minutos y que materializó Nicolás Rubio en el 14′, acompañado de una expulsión, cambió por completo el guion. Con uno menos, el esfuerzo fue constante, el orden no se perdió, pero el empate nunca terminó de asomar. Tocó resistir, sufrir y aceptar que, a veces, competir bien no es suficiente.
Y como si el día no estuviera ya marcado, la Peña Deportiva ni siquiera pudo saltar al césped. Un contratiempo técnico dejó al equipo en tierra firme y al partido en el aire, aplazado sin fecha inmediata. Fútbol moderno, sí… pero dependiente de hélices y horarios.
Así se cerró un sábado para olvidar. De esos que invitan a pasar página rápido, resetear la cabeza y pensar ya en la próxima jornada. Porque el fútbol, por suerte, siempre da otra oportunidad.





















































































