La UD Ibiza despidió el año con un punto que, visto el desarrollo del partido, cayó casi del cielo. El 2-2 ante el Alcorcón, en el Municipal de Santo Domingo, dejó sensaciones encontradas: alivio por sumar, sí… pero también una preocupación que ya empieza a ser estructural.
El equipo celeste arrancó el choque en puestos de descenso tras la victoria del Tarazona, y el contexto se notó desde el primer minuto. Miguel Álvarez lanzó un mensaje potente antes incluso de que rodara el balón, dejando fuera de la convocatoria a dos pesos pesados del vestuario. Señal clara de que el mercado de invierno ya asoma por el retrovisor.
En el césped, la historia fue otra. El Alcorcón salió con una marcha más, presionando arriba, jugando con intensidad y metiendo atrás a un Ibiza timorato, sin personalidad y superado. La imagen recordó demasiado a la ofrecida días atrás ante el Villarreal B, y eso encendió las alarmas. La afición esperaba una reacción. No llegó.
El balón quemaba en los pies celestes. Apenas había continuidad, ni pausa, ni salida limpia. Sin embargo, el fútbol tiene esas cosas… y cuando peor pintaba el escenario, apareció un destello inesperado. Una falta colgada, un rechace y una volea perfecta desde la frontal. Golazo y 0-1. Un premio desproporcionado para lo que se estaba viendo.
El tanto calmó el ritmo, pero no cambió el guion. El Alcorcón siguió empujando, acumulando centros y ocasiones, mientras el Ibiza sobrevivía entre despejes y decisiones precipitadas. El descanso llegó con ventaja visitante, sí, pero con la sensación de que aquello era un espejismo a punto de romperse.
Y se rompió. Tras la reanudación, el conjunto madrileño volvió a la carga y el empate terminó cayendo desde los once metros. Penalti claro, igualdad en el marcador y un Ibiza que, lejos de reaccionar, se vino abajo. Otra vez tocó resistir. Otra vez emergió el portero como salvavidas. Demasiado poco para un equipo que necesita creer en algo más que en las paradas.
El tramo final fue un ejercicio de resistencia casi agónica. Ocasiones locales, centros constantes, nervios… y cuando todo parecía encaminado al empate, llegó un contragolpe aislado. Una carrera, un pase y un gol que nadie esperaba. Minuto 87. 1-2. El fútbol, caprichoso, le hacía un regalo inmerecido al Ibiza.
Pero la historia no había terminado. En el descuento, el Alcorcón encontró el empate y aún rozó la victoria. El pitido final dejó un 2-2 definitivo y una conclusión difícil de esquivar: este equipo sigue vivo, sí, pero camina sobre una cuerda floja.
El punto suma en la tabla, pero no tapa las carencias. La UD Ibiza necesita algo más que retoques para cambiar el rumbo. El invierno será largo y movido en Can Misses. Porque los deberes se acumulan… y el tiempo apremia.





















































































