Durante años, el deporte en la ciudad de Eivissa caminó a medio gas. Instalaciones envejecidas, falta de espacios, disciplinas desplazadas y una sensación generalizada de estancamiento. Hoy, el escenario es distinto. Al menos, esa es la fotografía que traza el área municipal de Deportes tras una legislatura marcada por el impulso al deporte base, el crecimiento del deporte femenino y el desbloqueo de infraestructuras largamente esperadas.
Al frente de esta área se encuentra Catiana Fuster, concejala de Deportes del Ayuntamiento de Ibiza, que en una entrevista concedida a Noudiari hace balance de una etapa intensa, compleja y, en muchos momentos, incómoda. Una etapa en la que el deporte ha dejado de ser un asunto secundario para convertirse en una pieza estratégica del proyecto de ciudad.
Uno de los cambios más visibles ha sido la ampliación real del acceso a la práctica deportiva. No se trata solo de números o inscripciones, sino de una percepción ciudadana distinta. El deporte empieza a sentirse como algo cercano, posible y adaptado a todas las edades y condiciones. Desde actividades dirigidas para personas mayores hasta programas específicos para diversidad funcional, pasando por escuelas deportivas municipales y propuestas al aire libre que no dejan de ganar adeptos.
En este entramado, el trabajo conjunto con clubes y entidades ha sido clave. La administración local ha reforzado su papel de acompañamiento, facilitando recursos, espacios y coordinación para consolidar un tejido deportivo más estable. Un trabajo silencioso, poco vistoso, pero imprescindible para que el sistema funcione.
Entre todas las iniciativas, hay algunas que raramente ocupan portadas, pero que sostienen el verdadero sentido del deporte público. Los programas de deporte adaptado son un ejemplo claro. Espacios donde el impacto no se mide en resultados ni medallas, sino en bienestar, autoestima y calidad de vida. Son proyectos que explican, mejor que cualquier discurso, por qué el deporte debe ser un derecho y no un privilegio.
El deporte base sigue siendo uno de los pilares del modelo municipal. Escuelas deportivas, programas de iniciación y colaboración constante con los clubes permiten que niños y niñas prueben, elijan y disfruten del deporte sin presión excesiva. La idea es clara: formar personas antes que deportistas, educar en valores antes que en resultados.
En paralelo, el deporte femenino continúa ganando terreno, aunque el camino no está completo. El foco se sitúa especialmente en la adolescencia, ese punto crítico en el que muchas chicas abandonan la práctica deportiva. Visibilidad, apoyo a clubes femeninos y campañas específicas buscan revertir una tendencia histórica que todavía pesa.
Uno de los grandes puntos de inflexión llega con las obras. Tras más de diez años sin inaugurar nuevas instalaciones deportivas, la ciudad ha activado cuatro proyectos de calado. La modernización de la pista de fútbol playa de Platja d’en Bossa, la creación de un nuevo espacio polideportivo en ses Figueretes, el esperado campo de Es Putxet y la renovación integral de las pistas de tenis.

No son actuaciones aisladas, sino parte de una planificación más amplia que mira a largo plazo. La intención municipal es clara: dotar a Eivissa de infraestructuras acordes a su realidad deportiva y a una población que no deja de crecer.
De esa visión nace el proyecto ‘Eivissa, ciutat de l’esport’. Una idea que va más allá del marketing institucional y que busca situar el deporte en el centro de la vida cotidiana. Instalaciones, actividades para todas las edades, eventos deportivos, inclusión, salud y sentimiento de pertenencia. El objetivo es que el deporte deje de ser algo puntual y se convierta en rutina, en hábito, en identidad.
Los datos acompañan: las pruebas deportivas que acoge la ciudad han multiplicado su participación en los últimos tiempos, con un impacto que va más allá de lo deportivo y alcanza lo turístico, lo cultural y lo económico.
No todo ha sido sencillo. Uno de los episodios más delicados ha sido la convivencia entre los dos grandes clubes de fútbol de la ciudad, UD Ibiza y SD Ibiza. Un conflicto que tensó al máximo las costuras del deporte local y que obligó al Ayuntamiento a asumir un papel mediador.
Tras los momentos más duros, especialmente en el verano pasado, se alcanzó un entendimiento que permitió recuperar una convivencia que estaba completamente rota. Hoy, el mensaje institucional es claro: ambos clubes son de la ciudad y ambos cuentan con el respaldo municipal.
El debate sobre las instalaciones ha estado en el centro de ese conflicto. La finalización del campo de Es Putxet abre nuevas posibilidades y permite, entre otras cosas, el regreso del rugby al municipio, una disciplina que había quedado desplazada y que generó una fuerte polémica.
En cuanto al estadio de Can Misses, su uso y futuro siguen siendo objeto de análisis. El convenio actual con la UD Ibiza está vigente hasta 2027 y contempla diferentes escenarios, recordando siempre que se trata de una instalación municipal. Cualquier posible uso compartido pasaría por una renegociación.
Además, sobre la mesa se encuentra la posibilidad de una cesión a muy largo plazo del estadio, ligada a una inversión privada importante. Un debate complejo, aún abierto, que deberá resolverse en los próximos años.
Más allá del balón, el municipio cuenta con clubes y entidades que sostienen disciplinas como el balonmano, el atletismo, la gimnasia rítmica, el ajedrez o la petanca. Proyectos sólidos, con años de trabajo detrás, que reclaman atención, espacios y apoyo. El compromiso municipal pasa por acompañarlos, no competir con ellos, y facilitar que sus objetivos deportivos se conviertan también en objetivos de ciudad.






















































































