Hay personas que forman parte de los campos de fútbol casi sin darse cuenta. Gente que lleva tantos años ahí que acaba siendo parte del paisaje de cada fin de semana. Julio Pérez ha sido una de ellas durante cuatro décadas.
Este sábado arbitró el último partido de su carrera. Fue un Peña Deportiva-Sant Jordi de categoría alevín y, al terminar el encuentro, llegó el momento más especial de la mañana. Los jugadores de ambos equipos le hicieron un pasillo entre aplausos mientras abandonaba el terreno de juego visiblemente emocionado.
No hizo falta decir mucho más. En ese gesto estaba resumida toda una vida ligada al fútbol base.
Julio ha pasado media vida recorriendo campos de Ibiza. Campos de tierra hace años, mañanas de invierno con viento, partidos a primera hora, torneos interminables y cientos de niños que empezaban dando patadas al balón casi sin saber colocarse sobre el césped.
Como cualquier árbitro de cantera, ha vivido de todo. Desde niños que se acercaban llorando porque creían que un saque de banda era suyo hasta entrenadores que protestaban durante todo el partido y después acababan despidiéndose con un apretón de manos. También esos padres que pitan más que el árbitro desde la grada o los pequeños que le preguntaban inocentemente cuánto quedaba para terminar porque estaban agotados.
Historias pequeñas, normales, de esas que forman realmente el fútbol base.
Durante estos 40 años ha visto pasar generaciones enteras. Muchos de aquellos niños a los que arbitró siendo benjamines hoy llevan a sus propios hijos al fútbol. Otros acabaron jugando en regional, algunos fueron entrenadores y muchos simplemente guardan recuerdos de aquellos sábados por la mañana en cualquier campo de la isla.
Julio ha sido durante años una de esas caras conocidas que siempre aparecían en los campos de fútbol de la isla. Fin de semana tras fin de semana, con lluvia, frío o calor, formando parte de la historia cotidiana del fútbol base ibicenco y viendo crecer a varias generaciones de jugadores.
Por eso el homenaje de este sábado tuvo algo especial. Porque no se despedía solo un árbitro. Se despedía una persona muy conocida y muy querida dentro del fútbol base de Ibiza.
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