El Class muere de pie y vuelve a quedarse a las puertas de la Primera FEB

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Otra vez. Otra noche de emociones gigantes en Sa Pedrera. Otra remontada que parecía posible. Otra grada entregada hasta quedarse sin voz. Y otra vez el ascenso escapándose por muy poco.

El Class Bàsquet Sant Antoni ganó al Caja 87 por 71-56 en un partido enorme, probablemente uno de los más intensos y emocionantes que se recuerdan en el pabellón ibicenco, pero los 19 puntos de desventaja de la ida terminaron pesando demasiado. El sueño de la Primera FEB tendrá que esperar, aunque el equipo volvió a dejar una imagen que engrandece todavía más el proyecto del baloncesto pitiuso.

Porque más allá del resultado final, lo que se vivió en Sa Pedrera fue una auténtica barbaridad.

Desde mucho antes del salto inicial ya se intuía que no iba a ser una noche cualquiera. El pabellón estaba lleno hasta arriba más de media hora antes del partido. Gente de pie, niños con camisetas del Class, bombos, bufandas, nervios y un ambiente de los que pocas veces se ven en Ibiza. El recibimiento al equipo ya puso la piel de gallina. La afición había decidido jugar su partido y lo hizo desde el minuto uno.

Y el equipo respondió.

El Class salió desatado. Intensidad atrás, ritmo altísimo y una agresividad que el Caja 87 no esperaba encontrarse. Johnson empezó enchufado, Stoilov dominaba cerca del aro y De la Rúa dirigía con personalidad. Cada defensa levantaba al pabellón. Cada canasta hacía creer un poco más.

Hubo un momento en el primer cuarto donde Sa Pedrera directamente explotó. El equipo llegó a colocarse con +17 y durante varios minutos el Caja 87 pareció completamente bloqueado. Los sevillanos no encontraban soluciones y el Class jugaba con el corazón por delante.

Pero las finales tienen estas cosas. Cuando parecía que la remontada podía llegar demasiado pronto, el partido cambió. El Caja respiró en el segundo cuarto y consiguió enfriar el ritmo. El acierto exterior desapareció por momentos y los visitantes aprovecharon para reducir daños antes del descanso.

Aun así, nadie dejó de creer.

La segunda parte fue puro sufrimiento. Balones divididos, defensas al límite, posesiones eternas y un pabellón empujando absolutamente en cada acción. El Class defendió con una energía brutal y volvió a meterse de lleno en la eliminatoria.

Y entonces apareció Gantt.

Dos triples prácticamente consecutivos hicieron temblar Sa Pedrera. Literalmente. El pabellón rugía como pocas veces y durante unos minutos el ascenso pareció real. El Caja estaba contra las cuerdas y el Class jugaba completamente llevado por el ambiente.

Pero cuando más cerca parecía estar la remontada, llegaron los detalles que terminan marcando este tipo de partidos. Algunas decisiones arbitrales muy protestadas, el cansancio acumulado y la experiencia del Caja 87 terminaron frenando el impulso local.

El Class siguió peleando hasta el final, sin rendirse nunca, aunque ya sin tiempo suficiente para completar la machada.

El pitido final dejó una mezcla difícil de explicar. Dolor por quedarse otra vez tan cerca, pero también orgullo. Mucho orgullo. Porque este equipo volvió a competir como un grande y porque Ibiza respondió como nunca.

La imagen final lo resumió todo: Sa Pedrera entera en pie, aplaudiendo durante varios minutos a unos jugadores destrozados físicamente pero que se dejaron absolutamente todo sobre la pista.

El ascenso no llegó. Pero el Class volvió a demostrar que hace tiempo que se ganó un sitio importante dentro del baloncesto español.

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