Adrián Sánchez progresa con el cuero perseguido por un rival (Foto: Carlos Vidal).
Adrián Sánchez progresa con el cuero perseguido por un rival (Foto: Carlos Vidal).

noudiari.es El San Rafael ha sufrido una de esas derrotas que duelen tanto por las formas como por el fondo ante un Poblense que no ha hecho más que el cuadro ibicenco para merecer los tres puntos en juego, pero que ha contado con la colaboración necesaria del trencilla de turno para hacerse con ellos, 1 a 2. El conjunto de sa Creu ha tratado de tú a tú al de sa Pobla sin mirar los galones que cada uno luce en la Liga y no ha sido inferior en juego, ambición, ganas ni oportunidades. Sin embargo, cuando te tiran en el área antes de rematar y no señalan penalti es complicado sacar partido del fútbol y, además, te calienta. Cuando pasa por duplicado, te llena de indignación, saca lo peor que llevas dentro y te induce a un estado conspiranonico que te aleja de la meta, te desvía del fin y te aturde como un narcótico.

Así ha sido el encuentro en cuanto a sensaciones. Por juego, el San Rafael ha dado la talla: se ha adelantado en el marcador con gol de De Pablos en el minuto siete, a la salida de un córner, y ha encajado el empate en el 13 tras un mal despeje que Toni ha aprovechado para igualar la contienda. Con empate a uno, el San Rafael ha sufrido hasta el descanso con las llegadas sin remate del Poblense, que en momentos se ha mostrado como un equipo grande y en otros, como un del montón ante un rival que ha jugado a rachas, que intimidaba cuando raseaba el cuero y sufría cuando lo rifaba.

Lo mejor que le ha pasado al equipo de Román en el primer tiempo, al margen del gol, ha sido llegar al descanso con empate en el marcador y poder reparar las vías por donde la nave hacía aguas. Nada más arrancar el encuentro, el árbitro ha cobrado esa cuota de protagonismo que tanto daño le hace al colectivo y que tanto reclaman unos cuantos. Una falta mal señalada en el flanco izquierdo del área local ha dado pie al segundo del Poblense, obra de Siquier en el 48.

Ha sido el comienzo de un concierto de silbato que da qué pensar y que ha sonado deigual para unos que para otros, que servido para birlar dos penaltis a los locales y ha dado esas pequeñas ayudas que necesitan los grandes cuando se ven en apuros para ganar a los de abajo, a esos a quienes es más fácil faltar al respeto porque no tienen tanto arraigo en la categoría ni prestigio en la trayectoria y los errores no toman mayor dimensión en los estamentos competentes.

Las ha tenido el San Rafael para empatar antes del final, pero el árbitro no ha visto penalti donde lo había, el linier ha decretado fueras de juego inexistentes y el cuadro que entrena Vicente Román se ha visto inmerso en un campo de minas de donde no ha podido salir indemne y que complica su supervicencia en la categoría por motivos ajenos al juego. Una lástima y una injusticia que en Ibiza crea hartazgo y pone en duda la neutralidad de los árbitros y sus superiores, que no permiten que los árbitros ibicencos dirigan a los conjuntos de la isla cuando juegan contra los de Mallorca pero no hay problema para que uno de esta última isla lo haga. Entre unos pocos acabarán por cargarse el divertimento de muchos.

1-2. Domingo de dolor en San Rafael

Adrián Sánchez progresa con el cuero perseguido por un rival (Foto: Carlos Vidal).
Adrián Sánchez progresa con el cuero perseguido por un rival (Foto: Carlos Vidal).
noudiari.es El San Rafael ha sufrido una de esas derrotas que duelen tanto por las formas como por el fondo ante un Poblense que no ha hecho más que el cuadro ibicenco para merecer los tres puntos en juego, pero que ha contado con la colaboración necesaria del trencilla de turno para hacerse con ellos, 1 a 2. El conjunto de sa Creu ha tratado de tú a tú al de sa Pobla sin mirar los galones que cada uno luce en la Liga y no ha sido inferior en juego, ambición, ganas ni oportunidades. Sin embargo, cuando te tiran en el área antes de rematar y no señalan penalti es complicado sacar partido del fútbol y, además, te calienta. Cuando pasa por duplicado, te llena de indignación, saca lo peor que llevas dentro y te induce a un estado conspiranonico que te aleja de la meta, te desvía del fin y te aturde como un narcótico. Así ha sido el encuentro en cuanto a sensaciones. Por juego, el San Rafael ha dado la talla: se ha adelantado en el marcador con gol de De Pablos en el minuto siete, a la salida de un córner, y ha encajado el empate en el 13 tras un mal despeje que Toni ha aprovechado para igualar la contienda. Con empate a uno, el San Rafael ha sufrido hasta el descanso con las llegadas sin remate del Poblense, que en momentos se ha mostrado como un equipo grande y en otros, como un del montón ante un rival que ha jugado a rachas, que intimidaba cuando raseaba el cuero y sufría cuando lo rifaba. Lo mejor que le ha pasado al equipo de Román en el primer tiempo, al margen del gol, ha sido llegar al descanso con empate en el marcador y poder reparar las vías por donde la nave hacía aguas. Nada más arrancar el encuentro, el árbitro ha cobrado esa cuota de protagonismo que tanto daño le hace al colectivo y que tanto reclaman unos cuantos. Una falta mal señalada en el flanco izquierdo del área local ha dado pie al segundo del Poblense, obra de Siquier en el 48. Ha sido el comienzo de un concierto de silbato que da qué pensar y que ha sonado deigual para unos que para otros, que servido para birlar dos penaltis a los locales y ha dado esas pequeñas ayudas que necesitan los grandes cuando se ven en apuros para ganar a los de abajo, a esos a quienes es más fácil faltar al respeto porque no tienen tanto arraigo en la categoría ni prestigio en la trayectoria y los errores no toman mayor dimensión en los estamentos competentes. Las ha tenido el San Rafael para empatar antes del final, pero el árbitro no ha visto penalti donde lo había, el linier ha decretado fueras de juego inexistentes y el cuadro que entrena Vicente Román se ha visto inmerso en un campo de minas de donde no ha podido salir indemne y que complica su supervicencia en la categoría por motivos ajenos al juego. Una lástima y una injusticia que en Ibiza crea hartazgo y pone en duda la neutralidad de los árbitros y sus superiores, que no permiten que los árbitros ibicencos dirigan a los conjuntos de la isla cuando juegan contra los de Mallorca pero no hay problema para que uno de esta última isla lo haga. Entre unos pocos acabarán por cargarse el divertimento de muchos.

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