Juanlu (i) y Dani posan juntos con La Rojiblanca al revés.
Juanlu (i) y Dani posan juntos con La Rojiblanca al revés.

David Alba ¿Cuál es la receta de un equipo campeón? Esta es la pregunta que muchos se hacen cuando empieza la temporada. La verdad es que es hay tanta cantidad de elementos, de factores internos y externos, que es imposible dar con la clave. Sin embargo, lo que parece incuestionable es que uno de estos ingredientes es el vestuario. Y sabes, en este sentido, que las cosas se están haciendo bien cuando un jugador está dispuesto a recorrer 553 kilómetros para jugar el partido más importante de la liga. Esta es la historia de Juanlu, pero también es la historia de la amistad de todo un equipo; es la historia del Jesús campeón. “Quería estar allí. Quería ayudar a mis compañeros”.

Ya hace unos meses, Juan Luís Ribas, uno de los capitanes del conjunto rojiblanco, se marchó a Córdoba, donde vive su padre- para continuar sus estudios. “Quiero ser policía y en Ibiza no hay academias para preparar las oposiciones”, lamenta. Así tuvo que hacer la maleta, pero tenía entre ceja y ceja el partido contra la Penya Blanc i Blava. Una victoria significaba un histórico ascenso a la liga nacional juvenil. “A la gente le parecía extraño. No entendían que para mí era muy importante jugar ese partido y ayudar al club donde he estado toda mi vida a conseguir ese sueño”, explica con emoción.

Giacomo Gradara, su entrenador, fue de los pocos al que no le sorprendió la decisión del jugador. “Es que él siente los colores más que nadie”, dice entre risas un técnico que tendrá que hacer juegos malabares para poder compaginar su trabajo como recepcionista de un hotel con la ilusión de entrenar un club en la Primera Nacional Juvenil. “No sé si podré permitirme viajar a Palma, pero mi idea es seguir”, afirma. “Imagino que encontraré una solución”, señala Gradara que sabe que tendrá que crear un buen bloque para adaptarse a una categoría “mucho más exigente”.

Y es que el mérito de este conjunto es colectivo: desde el planteamiento de Gradara a la confianza de los jugadores en las aptitudes de sus amigos en el campo. Juanlu no se cansa de repetirlo. Y el otro capitán, Daniel Ruiz Costa, mediocentro como su amigo, tampoco. “Sin un equipo unido no es posible trabajar bien”, explica Dani. “Somos una piña tanto dentro como fuera del vestuario y el ascenso es el resultado del sacrificio en los entrenos y la amistad”, asevera.

El Atlético Jesús y su entrañable historia de amistad

Juanlu (i) y Dani posan juntos con La Rojiblanca al revés.
Juanlu (i) y Dani posan juntos con La Rojiblanca al revés.
David Alba ¿Cuál es la receta de un equipo campeón? Esta es la pregunta que muchos se hacen cuando empieza la temporada. La verdad es que es hay tanta cantidad de elementos, de factores internos y externos, que es imposible dar con la clave. Sin embargo, lo que parece incuestionable es que uno de estos ingredientes es el vestuario. Y sabes, en este sentido, que las cosas se están haciendo bien cuando un jugador está dispuesto a recorrer 553 kilómetros para jugar el partido más importante de la liga. Esta es la historia de Juanlu, pero también es la historia de la amistad de todo un equipo; es la historia del Jesús campeón. "Quería estar allí. Quería ayudar a mis compañeros". Ya hace unos meses, Juan Luís Ribas, uno de los capitanes del conjunto rojiblanco, se marchó a Córdoba, donde vive su padre- para continuar sus estudios. "Quiero ser policía y en Ibiza no hay academias para preparar las oposiciones", lamenta. Así tuvo que hacer la maleta, pero tenía entre ceja y ceja el partido contra la Penya Blanc i Blava. Una victoria significaba un histórico ascenso a la liga nacional juvenil. "A la gente le parecía extraño. No entendían que para mí era muy importante jugar ese partido y ayudar al club donde he estado toda mi vida a conseguir ese sueño", explica con emoción. Giacomo Gradara, su entrenador, fue de los pocos al que no le sorprendió la decisión del jugador. "Es que él siente los colores más que nadie", dice entre risas un técnico que tendrá que hacer juegos malabares para poder compaginar su trabajo como recepcionista de un hotel con la ilusión de entrenar un club en la Primera Nacional Juvenil. "No sé si podré permitirme viajar a Palma, pero mi idea es seguir", afirma. "Imagino que encontraré una solución", señala Gradara que sabe que tendrá que crear un buen bloque para adaptarse a una categoría "mucho más exigente". Y es que el mérito de este conjunto es colectivo: desde el planteamiento de Gradara a la confianza de los jugadores en las aptitudes de sus amigos en el campo. Juanlu no se cansa de repetirlo. Y el otro capitán, Daniel Ruiz Costa, mediocentro como su amigo, tampoco. "Sin un equipo unido no es posible trabajar bien", explica Dani. "Somos una piña tanto dentro como fuera del vestuario y el ascenso es el resultado del sacrificio en los entrenos y la amistad", asevera.

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