Por Pablo Sierra del Sol

Coria del Río es el penúltimo pueblo del extrarradio de Sevilla cuando se desciende por el Guadalquivir hacia las marismas de Doñana. O el segundo, si el recorrido se hace en sentido contrario, del mar a la ciudad. El cauce bajo del Guadalquivir es sinónimo de navegación, de galeones cargados con los tesoros de las Indias y barcos repletos del arroz que se cosecha en la marisma; y, por supuesto, de contrabando, fauna salvaje y atardeceres imposibles de imaginar. En el caso de Coria, también de fútbol.A pocos metros del embarcadero que une la orilla este con la oeste de un Guadalquivir que baja manso y enfangado se encuentra el estadio municipal, que toma su nombre precisamente del río y sirve de hogar para una pasión, la del Coria Club de Fútbol. La entidad, modesta y casi centenaria, ha formado buenos futbolistas durante décadas. La mayoría de los que nacieron entre finales de los ochenta y principios de los noventa pasaron por las manos de Antonio Manuel Racero Cabello. O, como le llaman sus paisanos, Puma. Según sus viejos pupilos, un entrenador de buen corazón y nervio competitivo. Alguien con una mano especial para guiar al futbolista durante sus años de formación.

“Hablar de Puma es hablar de algo más de un entrenador. A mí fue quien me convenció para que empezara a jugar de delantero porque hasta juveniles yo era mediocentro o mediapunta”, dice Juan Antonio Sánchez, ex ariete del Formentera, ahora en las filas del Racing de Ferrol. “Nuestra quinta estuvo cuatro años en la cantera con él y, desde el División de Honor, nos subió al primer equipo. Puma nos dio una educación deportiva muy grande. Nuestra forma de ser y la escala de valores que tenemos se la debemos a él”, explica, desde la misma Coria, Dani Casado, ex futbolista de la Peña Deportiva y actual integrante del equipo de su localidad natal, donde ascendió la temporada pasada de Primera Andaluza a Tercera División con Puma, una vez más, en el banquillo. “Yo me acuerdo de estar dos años en cadetes sin perder un partido y de ganarle la final del campeonato al Sevilla Este por 5-0”, añade Cristian Terán, un futbolista coriano que, diez años después de aquellos recuerdos adolescentes, vuelve a encontrarse con Puma en el vestuario del Club Deportivo Ibiza.

El míster nombró a estos tres futbolistas el día de su presentación con el equipo de Can Misses. Se definió como un hombre de club, con talento para formar jóvenes y amor por el trabajo duro. Que a sus 45 años haya hecho las maletas para entrenar por primera vez fuera de Andalucía tiene una explicación: Sergio Tortosa.

–Le conozco desde hace muchísimo tiempo. Cuando yo jugaba en el Xerez, él estaba en el Coria. Teníamos roles totalmente opuestos. Puma era un centrocampista elegante y con toque, de los que te crean quebraderos de cabeza. Yo era de corte defensivo, físico y con recorrido. Mi misión era parar a futbolistas como él. Tuvimos duelos muy bonitos. Luego le seguí por su trabajo en categorías inferiores, siempre ligado al club de su pueblo, y en 2010 nos encontramos por casualidad haciendo el curso de entrenador nacional en Melilla. Fueran una semanas muy interesantes, de aprender una barbaridad y hablar mucho sobre fútbol. Nos hicimos buenos amigos. Recuerdo que allí vimos la final del Mundial de Sudáfrica y celebramos juntos el gol de Iniesta. Cuando me puse al frente de la dirección deportiva del CD Ibiza tenía claro que mi primera opción para el banquillo era Puma.

Dice Tortosa, convencido de haber traído a la isla a un entrenador “más que profesional” que estaría entrenando en una división superior si hubiese tenido “un poquito más de suerte en su carrera”.

Verano de 2012. El Real Betis Balompié llama a la puerta de Puma. Le ofrecen una perita en dulce: el banquillo del juvenil de División de Honor. De segundo le ponen al defensa central Juanito Gutiérrez, un referente del beticismo que había sido campeón de Europa con la selección española en 2008 y acaba de colgar las botas en el Valladolid. “La pretemporada fue fantástica. Puma y yo nos entendimos desde el primer momento. Aprendí muchísimo a su lado, sobre todo a sacar el máximo de cualquier futbolista, independientemente de su calidad. Tenía mucha mano para los juveniles y los chicos conectaron con él. El equipo llegó pletórico al inicio de Liga y ganamos los primeros seis partidos sin problema. Entonces, en el Betis Deportivo, el filial, echan a Hristo Vidakovic y nos dicen que tenemos que hacernos cargo del banquillo. Ante una oportunidad así, no te puedes negar a lo que te pide el club, pero entrenar en Segunda B nos fastidió la temporada”, dice Juanito. Al abandonar el juvenil y coger las riendas del filial, Puma y Juanito se encuentran con un avispero: plantilla desestructurada y descompensada, mala dinámica en el césped y promesas que ya han debutado con el primer equipo y tienen el ego más que subido. El divorcio entre los técnicos y talentos como Alejandro Vadillo se hace público y salta a la prensa sevillana. Puma no acepta las presiones de la directiva para hacer las alineaciones en función del cartel y no del rendimiento, y la relación se enturbia. De diez jornadas, su Betis Deportivo solamente consigue ganar en una y la falta de resultados acaba con su destitución.El sustituto, Antonio Pedro Cano, tampoco reconduce el rumbo y la temporada termina en descenso. Juanito, que ha vuelto al Betis a hacerse cargo de su segundo juvenil, lamenta el mal momento en el que Puma llegó a Heliópolis:

–Afortunadamente, muchas cosas han cambiado en la entidad. Los problemas que tuvimos con varios jugadores, donde el club no nos apoyó, no ocurrirían ahora. Es fundamental, cuando diriges a un juvenil o un filial, inculcar la paciencia. A Primera División no llega el que tiene más calidad sino el más trabajador. Es cierto que hay futbolistas tocados por una varita, pero son muy pocos. La constancia es fundamental y en aquella plantilla no se entendía ese concepto. Ay, si nos hubieran dejado acabar la temporada con el juvenil.

Cuenta Juanito, un corredor de fondo que debutó en Primera con 25 años y en la selección un año después. Aquellos meses con Puma le marcaron tanto que quedó una buena amistad y el deseo de volver a trabajar juntos alguna vez. “Me encantaría formar tándem con él de nuevo. Quizás ocurra algún día, la vida de los entrenadores siempre es incierta. Durante estos años hemos estado muy en contacto, comentando las ofertas que nos salían a cada uno y sufriendo experiencias como nuestros pasos, en temporadas diferentes,por el Sanluqueño, un club donde había problemas económicos. Cuando me enteré de la oferta del CD Ibiza le animé a irse a la isla. Creo que es una oportunidad muy bonita para él, que saca mucho de donde hay poco. En cuanto pueda me escaparé a verle”, dice el ex futbolista.

“Ocho ascensos en su carrera”. Ese es el mantra que repite Sergio Tortosa cuando alguien le pregunta por el currículo de su apuesta para el banquillo de su Ibiza. “Un trabajador nato que prepara y compite cada partido al máximo”, suele añadir el director deportivo de los rojillos. “Puma odia perder. Puede irse a la cama sin cenar si su equipo no ha rendido como esperaba y no se muerde la lengua para corregir lo que no le gusta”, explica Juan Antonio Sánchez, desde El Ferrol. Y Dani Casado, desde Coria del Río, confirma que es imposible tomarte una caña con Puma “sin que te llene la cabeza de fútbol porque es tan apasionado que solamente tiene ojos para la pelota”. Pero tras ese perfil híper profesional se esconde el factor humano. Aunque le “encanten las pretemporadas duras”, como dice Juan Antonio, su paisano está lejos de ser un sargento de hierro: “Le gusta la cercanía con el futbolista, hacer grupo, que la gente esté junta. Siempre anda organizando comidas y cenas para que cada miembro de la plantilla se sienta parte del grupo. Ha estado tantos años en el equipo de nuestro pueblo que resulta alucinante ver el cariño que le tiene la gente de Coria. Quien no ha jugado con él a fútbol tiene un hijo que ha pasado por uno de sus equipos o ha celebrado como socio los ascensos que ha conseguido como entrenador”.

Dani Casado tiene a mano en la memoria las escenas del que quizás haya sido el mejor momento de Puma en el Coria Club de Fútbol. Curiosamente, la historia no acaba en celebración, pero no la olvidan las gradas del Estadio Guadalquivir. En la temporada 2010/2011, justo cuando la quinta del 91 daba la talla por los campos de la División de Honor andaluza contra equipos como el Sevilla, el Betis o el Málaga, a Puma le pide la directiva que salve al primer equipo en Tercera. El míster le da la alternativa a varios juveniles y, de las últimas siete jornadas, gana seis partidos. La salvación es el prólogo de una temporada de ensueño: doce meses después el equipo se encuentra jugando el playoff de ascenso a Segunda B. En la primera ronda, los Juan Antonio, Terán o Casado eliminan al Avilés. La aventura no acaba ahí y dos semanas más tarde hinca la rodilla el Valladolid Promesas. El sueño de volver a Segunda B (el Coria había estado tres temporadas a principios de los 2000 en el fútbol de bronce) puede hacerse realidad si se elimina al Fuenlabrada en la ronda definitiva. Pero, aunque hubiera caído ya un histórico del fútbol asturiano y el filial de un equipo de Primera, el último reto eran palabras mayores. “Fue el mejor recuerdo de nuestras vidas como futbolistas. Subir a División de Honor, acabar quintos o sextos aquella temporada, ascender al primer equipo y ganar tantísimos partidos con nuestro entrenador de la infancia en el banquillo… Solo nos faltó la guinda”, enumera Casado, que sufrió en sus carnes el 0-3 que el Fuenlabrada les endosó en un Guadalquivir donde se reunieron dos mil vecinos, muchos vestidos de amarillo, el color de la camiseta del club coriano. En la vuelta, un 1 a 0 certificó el ascenso de los madrileños a Segunda B.

“Para que todo el mundo se haga una idea de la desproporción que había en aquella eliminatoria”, dice Sergio Tortosa, “el Fuenlabrada tenía 540 mil euros de presupuesto. El Coria de Puma, 5.000 euros al mes para pagar las fichas de toda la plantilla”. Esos méritos catapultaron al preparador coriano al Betis y, ahora, vuelven a servir de referencia para ilusionar al aficionado vilero. El director deportivo del Club Deportivo Ibiza confía en que la idiosincrasia de Puma cale en Can Misses. De momento, el felino ya ha enseñado las garras en el amistoso que le ganó claramente a la Unión Deportiva Ibiza, que si no sube a Segunda B por la vía administrativa, será el equipo a batir en la Tercera balear, una categoría donde el CD Ibiza quiere ser protagonista. “Hemos fichado bien, a gente seria, con experiencia y compromiso, y sin pasarnos de nuestras posibilidades económicas. Tenemos al mejor entrenador posible para construir un proyecto de futuro en Ibiza. Con Puma los aficionados van a pasárselo muy bien”.

El felino del Guadalquivir

Por Pablo Sierra del Sol Coria del Río es el penúltimo pueblo del extrarradio de Sevilla cuando se desciende por el Guadalquivir hacia las marismas de Doñana. O el segundo, si el recorrido se hace en sentido contrario, del mar a la ciudad. El cauce bajo del Guadalquivir es sinónimo de navegación, de galeones cargados con los tesoros de las Indias y barcos repletos del arroz que se cosecha en la marisma; y, por supuesto, de contrabando, fauna salvaje y atardeceres imposibles de imaginar. En el caso de Coria, también de fútbol.A pocos metros del embarcadero que une la orilla este con la oeste de un Guadalquivir que baja manso y enfangado se encuentra el estadio municipal, que toma su nombre precisamente del río y sirve de hogar para una pasión, la del Coria Club de Fútbol. La entidad, modesta y casi centenaria, ha formado buenos futbolistas durante décadas. La mayoría de los que nacieron entre finales de los ochenta y principios de los noventa pasaron por las manos de Antonio Manuel Racero Cabello. O, como le llaman sus paisanos, Puma. Según sus viejos pupilos, un entrenador de buen corazón y nervio competitivo. Alguien con una mano especial para guiar al futbolista durante sus años de formación. “Hablar de Puma es hablar de algo más de un entrenador. A mí fue quien me convenció para que empezara a jugar de delantero porque hasta juveniles yo era mediocentro o mediapunta”, dice Juan Antonio Sánchez, ex ariete del Formentera, ahora en las filas del Racing de Ferrol. “Nuestra quinta estuvo cuatro años en la cantera con él y, desde el División de Honor, nos subió al primer equipo. Puma nos dio una educación deportiva muy grande. Nuestra forma de ser y la escala de valores que tenemos se la debemos a él”, explica, desde la misma Coria, Dani Casado, ex futbolista de la Peña Deportiva y actual integrante del equipo de su localidad natal, donde ascendió la temporada pasada de Primera Andaluza a Tercera División con Puma, una vez más, en el banquillo. “Yo me acuerdo de estar dos años en cadetes sin perder un partido y de ganarle la final del campeonato al Sevilla Este por 5-0”, añade Cristian Terán, un futbolista coriano que, diez años después de aquellos recuerdos adolescentes, vuelve a encontrarse con Puma en el vestuario del Club Deportivo Ibiza. El míster nombró a estos tres futbolistas el día de su presentación con el equipo de Can Misses. Se definió como un hombre de club, con talento para formar jóvenes y amor por el trabajo duro. Que a sus 45 años haya hecho las maletas para entrenar por primera vez fuera de Andalucía tiene una explicación: Sergio Tortosa. –Le conozco desde hace muchísimo tiempo. Cuando yo jugaba en el Xerez, él estaba en el Coria. Teníamos roles totalmente opuestos. Puma era un centrocampista elegante y con toque, de los que te crean quebraderos de cabeza. Yo era de corte defensivo, físico y con recorrido. Mi misión era parar a futbolistas como él. Tuvimos duelos muy bonitos. Luego le seguí por su trabajo en categorías inferiores, siempre ligado al club de su pueblo, y en 2010 nos encontramos por casualidad haciendo el curso de entrenador nacional en Melilla. Fueran una semanas muy interesantes, de aprender una barbaridad y hablar mucho sobre fútbol. Nos hicimos buenos amigos. Recuerdo que allí vimos la final del Mundial de Sudáfrica y celebramos juntos el gol de Iniesta. Cuando me puse al frente de la dirección deportiva del CD Ibiza tenía claro que mi primera opción para el banquillo era Puma. Dice Tortosa, convencido de haber traído a la isla a un entrenador “más que profesional” que estaría entrenando en una división superior si hubiese tenido “un poquito más de suerte en su carrera”.
Verano de 2012. El Real Betis Balompié llama a la puerta de Puma. Le ofrecen una perita en dulce: el banquillo del juvenil de División de Honor. De segundo le ponen al defensa central Juanito Gutiérrez, un referente del beticismo que había sido campeón de Europa con la selección española en 2008 y acaba de colgar las botas en el Valladolid. “La pretemporada fue fantástica. Puma y yo nos entendimos desde el primer momento. Aprendí muchísimo a su lado, sobre todo a sacar el máximo de cualquier futbolista, independientemente de su calidad. Tenía mucha mano para los juveniles y los chicos conectaron con él. El equipo llegó pletórico al inicio de Liga y ganamos los primeros seis partidos sin problema. Entonces, en el Betis Deportivo, el filial, echan a Hristo Vidakovic y nos dicen que tenemos que hacernos cargo del banquillo. Ante una oportunidad así, no te puedes negar a lo que te pide el club, pero entrenar en Segunda B nos fastidió la temporada”, dice Juanito. Al abandonar el juvenil y coger las riendas del filial, Puma y Juanito se encuentran con un avispero: plantilla desestructurada y descompensada, mala dinámica en el césped y promesas que ya han debutado con el primer equipo y tienen el ego más que subido. El divorcio entre los técnicos y talentos como Alejandro Vadillo se hace público y salta a la prensa sevillana. Puma no acepta las presiones de la directiva para hacer las alineaciones en función del cartel y no del rendimiento, y la relación se enturbia. De diez jornadas, su Betis Deportivo solamente consigue ganar en una y la falta de resultados acaba con su destitución.El sustituto, Antonio Pedro Cano, tampoco reconduce el rumbo y la temporada termina en descenso. Juanito, que ha vuelto al Betis a hacerse cargo de su segundo juvenil, lamenta el mal momento en el que Puma llegó a Heliópolis: –Afortunadamente, muchas cosas han cambiado en la entidad. Los problemas que tuvimos con varios jugadores, donde el club no nos apoyó, no ocurrirían ahora. Es fundamental, cuando diriges a un juvenil o un filial, inculcar la paciencia. A Primera División no llega el que tiene más calidad sino el más trabajador. Es cierto que hay futbolistas tocados por una varita, pero son muy pocos. La constancia es fundamental y en aquella plantilla no se entendía ese concepto. Ay, si nos hubieran dejado acabar la temporada con el juvenil. Cuenta Juanito, un corredor de fondo que debutó en Primera con 25 años y en la selección un año después. Aquellos meses con Puma le marcaron tanto que quedó una buena amistad y el deseo de volver a trabajar juntos alguna vez. “Me encantaría formar tándem con él de nuevo. Quizás ocurra algún día, la vida de los entrenadores siempre es incierta. Durante estos años hemos estado muy en contacto, comentando las ofertas que nos salían a cada uno y sufriendo experiencias como nuestros pasos, en temporadas diferentes,por el Sanluqueño, un club donde había problemas económicos. Cuando me enteré de la oferta del CD Ibiza le animé a irse a la isla. Creo que es una oportunidad muy bonita para él, que saca mucho de donde hay poco. En cuanto pueda me escaparé a verle”, dice el ex futbolista.
“Ocho ascensos en su carrera”. Ese es el mantra que repite Sergio Tortosa cuando alguien le pregunta por el currículo de su apuesta para el banquillo de su Ibiza. “Un trabajador nato que prepara y compite cada partido al máximo”, suele añadir el director deportivo de los rojillos. “Puma odia perder. Puede irse a la cama sin cenar si su equipo no ha rendido como esperaba y no se muerde la lengua para corregir lo que no le gusta”, explica Juan Antonio Sánchez, desde El Ferrol. Y Dani Casado, desde Coria del Río, confirma que es imposible tomarte una caña con Puma “sin que te llene la cabeza de fútbol porque es tan apasionado que solamente tiene ojos para la pelota”. Pero tras ese perfil híper profesional se esconde el factor humano. Aunque le “encanten las pretemporadas duras”, como dice Juan Antonio, su paisano está lejos de ser un sargento de hierro: “Le gusta la cercanía con el futbolista, hacer grupo, que la gente esté junta. Siempre anda organizando comidas y cenas para que cada miembro de la plantilla se sienta parte del grupo. Ha estado tantos años en el equipo de nuestro pueblo que resulta alucinante ver el cariño que le tiene la gente de Coria. Quien no ha jugado con él a fútbol tiene un hijo que ha pasado por uno de sus equipos o ha celebrado como socio los ascensos que ha conseguido como entrenador”. Dani Casado tiene a mano en la memoria las escenas del que quizás haya sido el mejor momento de Puma en el Coria Club de Fútbol. Curiosamente, la historia no acaba en celebración, pero no la olvidan las gradas del Estadio Guadalquivir. En la temporada 2010/2011, justo cuando la quinta del 91 daba la talla por los campos de la División de Honor andaluza contra equipos como el Sevilla, el Betis o el Málaga, a Puma le pide la directiva que salve al primer equipo en Tercera. El míster le da la alternativa a varios juveniles y, de las últimas siete jornadas, gana seis partidos. La salvación es el prólogo de una temporada de ensueño: doce meses después el equipo se encuentra jugando el playoff de ascenso a Segunda B. En la primera ronda, los Juan Antonio, Terán o Casado eliminan al Avilés. La aventura no acaba ahí y dos semanas más tarde hinca la rodilla el Valladolid Promesas. El sueño de volver a Segunda B (el Coria había estado tres temporadas a principios de los 2000 en el fútbol de bronce) puede hacerse realidad si se elimina al Fuenlabrada en la ronda definitiva. Pero, aunque hubiera caído ya un histórico del fútbol asturiano y el filial de un equipo de Primera, el último reto eran palabras mayores. “Fue el mejor recuerdo de nuestras vidas como futbolistas. Subir a División de Honor, acabar quintos o sextos aquella temporada, ascender al primer equipo y ganar tantísimos partidos con nuestro entrenador de la infancia en el banquillo… Solo nos faltó la guinda”, enumera Casado, que sufrió en sus carnes el 0-3 que el Fuenlabrada les endosó en un Guadalquivir donde se reunieron dos mil vecinos, muchos vestidos de amarillo, el color de la camiseta del club coriano. En la vuelta, un 1 a 0 certificó el ascenso de los madrileños a Segunda B.
“Para que todo el mundo se haga una idea de la desproporción que había en aquella eliminatoria”, dice Sergio Tortosa, “el Fuenlabrada tenía 540 mil euros de presupuesto. El Coria de Puma, 5.000 euros al mes para pagar las fichas de toda la plantilla”. Esos méritos catapultaron al preparador coriano al Betis y, ahora, vuelven a servir de referencia para ilusionar al aficionado vilero. El director deportivo del Club Deportivo Ibiza confía en que la idiosincrasia de Puma cale en Can Misses. De momento, el felino ya ha enseñado las garras en el amistoso que le ganó claramente a la Unión Deportiva Ibiza, que si no sube a Segunda B por la vía administrativa, será el equipo a batir en la Tercera balear, una categoría donde el CD Ibiza quiere ser protagonista. “Hemos fichado bien, a gente seria, con experiencia y compromiso, y sin pasarnos de nuestras posibilidades económicas. Tenemos al mejor entrenador posible para construir un proyecto de futuro en Ibiza. Con Puma los aficionados van a pasárselo muy bien”.

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