Formentera: La isla del milagro copero

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Pablo Sierra del Sol/mundodeportivo.com Álvaro Muñiz es un niño de casi treinta años que ha recibido antes de tiempo un regalo anticipado de Navidad. Sopla un viento frío y húmedo en Sant Francesc Xavier, el pueblo más grande de la isla más pequeña de Baleares, y Álvaro, que juega de centrocampista en la Sociedad Deportiva Formentera, se pasea por una plaza donde hay diez mesas casi desiertas en la terraza de un bar, cuatro banderas ondeando en el balcón del Consell Insular y una iglesia enorme con la fachada totalmente pintada de blanco.

El futbolista lleva en una bolsa una pelota llena de firmas. Las de sus dieciséis compañeros. Saca el cuero y lo sujeta con cuidado, para no emborronarlo con la tinta, que aún está fresca. No han pasado, en el momento de escribir estas líneas, ni 48 horas desde que su cabeza remató esa misma bola al fondo de la red de una de las porterías de San Mamés Barria.

El Formentera, un modesto de Segunda B, echaba en el último suspiro de la eliminatoria de dieciseisavos de final al Athletic Club. “Un poco más y no me dejan irme con el balón, pero a mí nadie me podía quitar este recuerdo. Cuando vea a mis padres les voy a dar la pelota para que la pongan en casa en el sitio que quieran”.

Álvaro es uno de esos jugadores anónimos que se han curtido en el fútbol modesto de España. Nacido en Gijón y criado en Cartagena, ha pasado por equipos asturianos, murcianos, canarios y castellanos antes de recalar este verano en un Formentera debutante en Segunda B. Para él, “las botas y la maleta siempre han ido de la mano” y, “aunque el fútbol suele dar más penas que alegrías, eliminar a un Primera División en la Copa del Rey lo compensa todo”. Así describe el autor del gol más importante en los 46 años de historia del modesto club pitiuso la felicidad que se notaba, bajo la resaca y el cansancio, en las caras de sus compañeros cuando llegaron a la isla.

En esta plantilla que ahora reclama la atención del fútbol español (sobre todo porque el sorteo de octavos de este martes podría cruzarles con Barça, Real Madrid, Atlético o Valencia) hay veteranos que han llegado a jugar en Primera -como Joseba Garmendia, en el Athletic, o Samuel San José, en el Racing de Santander-, talento de la Masia que no debutó con el primer equipo -como Nando Quesada-, jóvenes que vienen con hambre -como Adrián Riera o Kingsley Fobi, un potente lateral derecho, ghanés y propiedad del Udinese de los Pozzo, que se ha lesionado de larga duración- y, sobre todo, mucho jornalero del balompié que está viviendo “los días más felices” de su vida futbolística, como dice Juan Antonio, el pichichi del Formentera.

El míster también saborea el momento dulce, aunque pide a sus futbolistas que no se despisten en la Liga. Eso sí, Tito García Sanjuán concede al grupo un último capricho: un baño en el único spa que funciona en la isla durante el invierno. Uno de los jugadores que se zambulle es Marcos Contreras, portero y capitán, un sevillano que se ha asentado perfectamente en este microcosmos de 83 kilómetros cuadrados y 12.000 habitantes, que se masifica de turistas en verano y se queda casi vacío cuando baja el termómetro. “Ver la sonrisa en la cara de tus vecinos y saber que tú has formado parte de su alegría es algo que no se puede explicar”, dice Marcos, que vino a Formentera en 2011, cuando el equipo estaba en Regional, y ha vivido aquí dos ascensos, ha sido héroe en varias tandas de penaltis coperas y ya jugó el año pasado contra el Sevilla.

Ante el Athletic, y a la desesperada, subió a rematar el córner que acabó en el gol del milagro. Mientras cruzaba San Mamés, Marcos fue diciéndole a sus compañeros, incluido Álvaro, que en esa jugaba ganaban el partido. Lo había soñado la noche antes. “Al final va a parecer que trabajo en Stranger Things, pero no [ríe]. Solo tuve la intuición de que íbamos a meter un gol en el último minuto porque, como técnica mental, visualizo posibles jugadas que se pueden producir en el siguiente partido”. Sus lágrimas mientras alzaba los guantes arrodillado sobre el césped de Bilbao ya forman parte del álbum donde se guardan las hazañas de los modestos que, pese al formato de ida y vuelta, siguen atreviéndose a soñar cuando llega la Copa. ¿Y ahora, qué? Marcos es claro: “Ojalá toque Barça o Madrid. Yo prefería al Betis, pero ya no puede ser, así que, por lo menos, la gente que nos anima cada domingo se lleve un alegrón”. Este martes conocerán a su próximo rival en los octavos de fina.

Formentera: La isla del milagro copero

Pablo Sierra del Sol/mundodeportivo.com Álvaro Muñiz es un niño de casi treinta años que ha recibido antes de tiempo un regalo anticipado de Navidad. Sopla un viento frío y húmedo en Sant Francesc Xavier, el pueblo más grande de la isla más pequeña de Baleares, y Álvaro, que juega de centrocampista en la Sociedad Deportiva Formentera, se pasea por una plaza donde hay diez mesas casi desiertas en la terraza de un bar, cuatro banderas ondeando en el balcón del Consell Insular y una iglesia enorme con la fachada totalmente pintada de blanco. El futbolista lleva en una bolsa una pelota llena de firmas. Las de sus dieciséis compañeros. Saca el cuero y lo sujeta con cuidado, para no emborronarlo con la tinta, que aún está fresca. No han pasado, en el momento de escribir estas líneas, ni 48 horas desde que su cabeza remató esa misma bola al fondo de la red de una de las porterías de San Mamés Barria. El Formentera, un modesto de Segunda B, echaba en el último suspiro de la eliminatoria de dieciseisavos de final al Athletic Club. “Un poco más y no me dejan irme con el balón, pero a mí nadie me podía quitar este recuerdo. Cuando vea a mis padres les voy a dar la pelota para que la pongan en casa en el sitio que quieran”.
Álvaro es uno de esos jugadores anónimos que se han curtido en el fútbol modesto de España. Nacido en Gijón y criado en Cartagena, ha pasado por equipos asturianos, murcianos, canarios y castellanos antes de recalar este verano en un Formentera debutante en Segunda B. Para él, “las botas y la maleta siempre han ido de la mano” y, “aunque el fútbol suele dar más penas que alegrías, eliminar a un Primera División en la Copa del Rey lo compensa todo”. Así describe el autor del gol más importante en los 46 años de historia del modesto club pitiuso la felicidad que se notaba, bajo la resaca y el cansancio, en las caras de sus compañeros cuando llegaron a la isla. En esta plantilla que ahora reclama la atención del fútbol español (sobre todo porque el sorteo de octavos de este martes podría cruzarles con Barça, Real Madrid, Atlético o Valencia) hay veteranos que han llegado a jugar en Primera -como Joseba Garmendia, en el Athletic, o Samuel San José, en el Racing de Santander-, talento de la Masia que no debutó con el primer equipo -como Nando Quesada-, jóvenes que vienen con hambre -como Adrián Riera o Kingsley Fobi, un potente lateral derecho, ghanés y propiedad del Udinese de los Pozzo, que se ha lesionado de larga duración- y, sobre todo, mucho jornalero del balompié que está viviendo “los días más felices” de su vida futbolística, como dice Juan Antonio, el pichichi del Formentera.
El míster también saborea el momento dulce, aunque pide a sus futbolistas que no se despisten en la Liga. Eso sí, Tito García Sanjuán concede al grupo un último capricho: un baño en el único spa que funciona en la isla durante el invierno. Uno de los jugadores que se zambulle es Marcos Contreras, portero y capitán, un sevillano que se ha asentado perfectamente en este microcosmos de 83 kilómetros cuadrados y 12.000 habitantes, que se masifica de turistas en verano y se queda casi vacío cuando baja el termómetro. “Ver la sonrisa en la cara de tus vecinos y saber que tú has formado parte de su alegría es algo que no se puede explicar”, dice Marcos, que vino a Formentera en 2011, cuando el equipo estaba en Regional, y ha vivido aquí dos ascensos, ha sido héroe en varias tandas de penaltis coperas y ya jugó el año pasado contra el Sevilla. Ante el Athletic, y a la desesperada, subió a rematar el córner que acabó en el gol del milagro. Mientras cruzaba San Mamés, Marcos fue diciéndole a sus compañeros, incluido Álvaro, que en esa jugaba ganaban el partido. Lo había soñado la noche antes. “Al final va a parecer que trabajo en Stranger Things, pero no [ríe]. Solo tuve la intuición de que íbamos a meter un gol en el último minuto porque, como técnica mental, visualizo posibles jugadas que se pueden producir en el siguiente partido”. Sus lágrimas mientras alzaba los guantes arrodillado sobre el césped de Bilbao ya forman parte del álbum donde se guardan las hazañas de los modestos que, pese al formato de ida y vuelta, siguen atreviéndose a soñar cuando llega la Copa. ¿Y ahora, qué? Marcos es claro: “Ojalá toque Barça o Madrid. Yo prefería al Betis, pero ya no puede ser, así que, por lo menos, la gente que nos anima cada domingo se lleve un alegrón”. Este martes conocerán a su próximo rival en los octavos de fina.

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