Futuro de oro en la tacita de plata

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Pablo Sierra del Sol Cádiz no es diferente. Cádiz es única. Para empezar, es la ciudad más antigua de Europa. Esta pequeña península, conectada con el resto de Andalucía por un istmo estrechísimo, ha estado habitada desde hace tres milenios. Tiempo suficiente para que pueblos, culturas y religiones bien diferentes hayan dejado un sustrato de historias, costumbres y tradiciones riquísimo en el puerto que durante siglos sirvió de puente entre dos mundos, el Viejo del continente europeo y el Nuevo de las Américas.

Aunque mira al Atlántico y tiene a sus espaldas el Mediterráneo, la arquitectura de la parte vieja de Cádiz se hermana con las capitales coloniales del antiguo imperio español gracias a los siglos de comercio con La Habana, Santo Domingo o Cartagena de Indias. Visitar Cádiz es saltar al Caribe sin abandonar Andalucía, enamorarse del fluir de unas calles que se recorren para gozarlas, una geografía urbana apretada entre el océano y la bahía donde los viejos se sientan en las puertas de las casas como si vivieran en un pueblo grande y los niños corretean por las plazas detrás de una pelota de fútbol.

Sus habitantes se sienten orgullosos de esa manera de vivir que hereda cada generación para actualizarla a su manera. Entre la gastronomía, variadísima y marinera, la gracia, las máscaras, las chirigotas y el Carnaval o la Constitución que se discutió y aprobó dentro de teatros y conventos allá por 1812 mientras las bombas de los franceses caían sobre la ciudad, el Cádiz Club de Fútbol es una de las cosas más adoradas por los gaditanos. Un gaditano ríe y llora en amarillo y azul. Sueña con el cielo de Primera y sufre el pozo de Segunda B en las gradas del Carranza. Si en la vecina San Fernando no hay más dios que Camarón, en la capital de la provincia el duende se esconde en una gambeta del Mágico González. Y es que hay que tener mucho ingenio para regatear al paro y llegar a fin de mes en la capital de una de las provincias con más porcentaje de desempleados del país.

Desde el pasado verano, un futbolista ibicenco está conociendo ese universo tan peculiar a la vez que disfruta la experiencia de vestirse de cadista cada domingo. Jordi Tur Antonio, de 19 años, llegó procedente de la cantera del Barça con ganas de comerse el mundo y, de momento, la apuesta le está saliendo redonda. Tur ha sido convocado con el primer equipo para dos partidos de Copa del Rey y, aunque el debut a las órdenes de Álvaro Cervera todavía no ha llegado, el filial, donde tiene ficha, está liderando su grupo de Tercera División. El centrocampista tiene un gran porvenir por delante y quiere vivirlo en la tacita de plata.

–El Cádiz B va en serio. A falta de catorce jornadas le sacáis ocho puntos al segundo. ¿Es posible ser campeones del potente grupo X de Tercera?

–Sí, pero hay que trabajar mucho. Nosotros no vamos a sacar partidos adelante jugando mal y tirando de oficio. Hay que mantener el nivel de juego y el tono físico hasta final de temporada. Sobre todo, no presionarse demasiado. Lo que nos está pasando es un premio totalmente inesperado. Yo llegué en verano a un equipo que acababa de subir desde Preferente. El objetivo no era otro que la permanencia en Tercera, en un grupo, además, muy complicado. Cuando era pequeño veía muchos partidos de la Tercera balear, pero el grupo de Andalucía Occidental no tiene nada que ver, aunque ahora en las islas estén el Mallorca B y el Ibiza peleando por el título. Los dos serían rivales durísimos en el playoff. Eso sí, en esta Liga te encuentras a futbolistas que en el pasado estuvieron en equipos de superior categoría. Sin ir más lejos y por nombrarte el caso más ilustre: cuando jugamos contra el Sanluqueño teníamos enfrente a un tal Dani Güiza.

–¿Cuándo os distéis cuenta de que podíais estar en la parte alta de la tabla y disputar el título?

–La clave fue empezar ganándole al Ceuta, que es un equipo muy potente, de los que están diseñados para pelear por el ascenso. Allí juegan Dani Gallardo, el hermano de Javi, el lateral izquierdo de la Peña, y Willy, que el año pasado subió con el Formentera a Segunda B. Derrotarles en la primera jornada fue inesperado. Luego empatamos varios partidos, volvimos a ganar y nos situamos en la parte alta. Tardamos mucho en perder [la primera derrota llegó en la jornada 13, contra el Gerena] y en los duelos directos hemos respondido muy bien. Fue impresionante ganarle al Algeciras en su campo. Ellos van segundos y tienen la obligación de subir por historia y porque su máximo rival, la Balompédica Linense, está ahora en Segunda B.

–¿Cuál es la media de edad en el filial del Cádiz?

–Muy baja. Es un equipo hecho con futbolistas sub’23. No se volvieron locos a la hora de contratar caras nuevas tras el ascenso a Tercera. No han fichado a ningún veterano para sumar experiencia. Eso le da mucho más mérito a lo que estamos consiguiendo. El objetivo del club es formar jugadores que algún día puedan debutar en el primer equipo. Siempre hay gente de la dirección deportiva siguiendo nuestros entrenamientos y partidos. Se nota que están encima del filial.

–¿Te costó entrar en el once?

–Fui suplente en la primera jornada y luego me fui colando hasta hacerme mi sitio. Al míster [Baldomero Hermoso, Mere] le gusta mi manera de entender el fútbol y me está dando minutos. Estoy muy a gusto tanto en la ciudad como en el club.

–¿Cómo definirías Cádiz en pocas palabras?

–Hospitalaria. La sensación que he tenido desde que llegué es la de estar en casa. Tanto en la ciudad como en el club. Me he alquilado una casa en San Fernando donde vivo solo y hay espacio de sobra para la familia cuando viene a visitarme. Salir de un club tan grande como el Barcelona, donde hay muchos protocolos y todo está tan estructurado, podía ser difícil para mí. Yo llevaba en el Barça desde los 16 y estaba acostumbrado a una manera de funcionar muy concreta. En el Cádiz me he encontrado gente tan profesional como cercana. Desde José Carlos Cordero, el director deportivo, que fue quien apostó por mí este verano cuando supo que no iba a renovar por el Barça C, hasta el último empleado del club, todos han conseguido que me encuentre bien aquí. Por ejemplo, los padres de mis compañeros, con los que me llevo genial, me han preguntado más de una vez si estoy bien o si necesito ayuda de algún tipo. Noto y agradezco esa preocupación porque es como si no me hubiera marchado de Barcelona o de Ibiza.

–El primer equipo está haciendo en Segunda A una temporada tan buena como la que estáis protagonizando los jugadores del filial. El Cádiz lucha por volver a Primera casi trece años después.

–La ciudad está volcada con el equipo más que nunca y eso que el Cádiz tiene una afición que apoya en las buenas o en las malas. La Segunda A es muy traicionera, pero el primer equipo está trabajando muy bien y los resultados son muy positivos. Que subieran a Primera sería precioso.

–¿El ascenso del Cádiz B al fútbol de bronce también ilusiona?

–Mucho, aunque a otro nivel, evidentemente. Pero te sorprendería el ambiente que hay en los partidos que disputamos como locales. La ciudad deportiva está fuera de Cádiz y, para hacer más fácil a los aficionados el desplazamiento, el club fleta autobuses gratuitos que salen del Carranza. Podemos meter a más de mil personas los domingos normales y si hay un partido especial, llenamos la grada. Contra el Sevilla C había más de dos mil personas animándonos. La ciudad deportiva se llenó de pancartas, banderas y bocinas. Los cadistas hacen mucho ruido.

–¿Impresiona ver un partido en el Ramón de Carranza?

–Es una sensación mágica. Cuando voy a ver al primer equipo intento concentrarme en el partido, seguir cada detalle del juego y aprender mucho. Lo que ocurre es que es imposible escaparte de lo que ocurre a tu alrededor. La afición es tan entregada y aprieta tanto que los rivales saben que el Cádiz tiene ventaja cuando juega en casa [solamente ha perdido un partido en el Carranza en toda la temporada; el filial, por su parte, está invicto en la ciudad deportiva]. Y, encima, te ríes porque esta gente tiene mucha guasa y siempre está gritando o cantando cosas muy graciosas.

–La guasa no es un mito.

–Para nada. En el filial hay muchos gaditanos y, al principio, como yo no los conocía demasiado y me cortaba un poco, se pensaban que era muy tímido y no me gustaba hablar. Lo que ocurre es que ellos tienen mucho ingenio y cada dos por tres te están haciendo bromas. Así es sencillísimo integrarte en un vestuario que se conoce de antes.

–Se acerca el Carnaval. No sé si el club impone alguna prohibición para que el primer equipo y los chicos del filial y la cantera no os desmadréis.

–[Ríe] ¡No que yo sepa!

–¿Te empaparás un poco del ambiente carnavalero, entonces?

–Hombre, ya que hemos venido a vivir a Cádiz, habrá que conocer un poco el Carnaval sin perder de vista el trabajo diario. Ya están montando cositas en la ciudad y escuchas a la gente hablar de Carnaval por la calle. Seguro que vivir esta experiencia será algo muy bonito.

–¿Te ves mucho tiempo en el club?

–He firmado tres años de contrato y me gustaría aprovecharlos para crecer como futbolista y acabar de formarme. Tengo aún 19 años y mucho recorrido por delante. Si vine aquí fue porque me atrajo el proyecto que tenía la entidad. Creo que están haciendo las cosas bien de arriba abajo y las trayectorias del primer equipo y el filial son la muestra. Entrenar con la plantilla de Segunda A, ir convocado en una eliminatoria de la Copa del Rey y, ojalá, debutar en la Liga de Fútbol Profesional son como premios extra, una motivación que te empuja a entregarte más en los entrenamientos y en los partidos de Tercera con el Cádiz B.

–Precisamente, los que te conocen bien destacan de ti que eres un futbolista que se deja la piel en el campo. ¿Qué más puede aportar Jordi Tur a su equipo además del trabajo?

–Es cierto que soy un futbolista que cree mucho en la disciplina y en el trabajo. Siempre es bueno para un equipo que los centrocampistas sean currantes, tengan largo recorrido y se desvivan a favor del colectivo. Además de eso, creo que sé jugar fácil. Ya admiraba el juego y la filosofía del Barça antes de entrar en La Masia, pero allí acabaron de meterme en la cabeza de que hay que jugar al fútbol con uno o dos toques como máximo. Elegir en el medio del campo la opción más sencilla o lógica. Los años que he estado en Barcelona me han servido para mejorar en ese aspecto y es una de las facetas que Mere, mi entrenador actual, más valora de mi juego.

–Tienes muchos años de fútbol por delante y los estás compaginando con los estudios de Administración y Dirección de Empresas. ¿Has tenido que cambiar de universidad al trasladarte de Barcelona a Cádiz?

–Sí. Tuve que matricularme en la Universitat Oberta de Catalunya y estudiar a distancia. Por suerte, la UOC tiene sede en Sevilla y voy allí para hacer los exámenes cada cuatrimestre. Estudio desde casa y espero ir sacándome todas las asignaturas que pueda. Mis padres me han inculcado desde siempre que para poder ser futbolista hay que estudiar algo complementario. No te puedes cerrar puertas porque este deporte es muy impredecible. ADE es un grado que me gusta y que pienso que en el futuro me puede mantener vinculado al fútbol de alguna manera. Sería uno de mis sueños para el día que cuelgue las botas.

Futuro de oro en la tacita de plata

Pablo Sierra del Sol Cádiz no es diferente. Cádiz es única. Para empezar, es la ciudad más antigua de Europa. Esta pequeña península, conectada con el resto de Andalucía por un istmo estrechísimo, ha estado habitada desde hace tres milenios. Tiempo suficiente para que pueblos, culturas y religiones bien diferentes hayan dejado un sustrato de historias, costumbres y tradiciones riquísimo en el puerto que durante siglos sirvió de puente entre dos mundos, el Viejo del continente europeo y el Nuevo de las Américas. Aunque mira al Atlántico y tiene a sus espaldas el Mediterráneo, la arquitectura de la parte vieja de Cádiz se hermana con las capitales coloniales del antiguo imperio español gracias a los siglos de comercio con La Habana, Santo Domingo o Cartagena de Indias. Visitar Cádiz es saltar al Caribe sin abandonar Andalucía, enamorarse del fluir de unas calles que se recorren para gozarlas, una geografía urbana apretada entre el océano y la bahía donde los viejos se sientan en las puertas de las casas como si vivieran en un pueblo grande y los niños corretean por las plazas detrás de una pelota de fútbol. Sus habitantes se sienten orgullosos de esa manera de vivir que hereda cada generación para actualizarla a su manera. Entre la gastronomía, variadísima y marinera, la gracia, las máscaras, las chirigotas y el Carnaval o la Constitución que se discutió y aprobó dentro de teatros y conventos allá por 1812 mientras las bombas de los franceses caían sobre la ciudad, el Cádiz Club de Fútbol es una de las cosas más adoradas por los gaditanos. Un gaditano ríe y llora en amarillo y azul. Sueña con el cielo de Primera y sufre el pozo de Segunda B en las gradas del Carranza. Si en la vecina San Fernando no hay más dios que Camarón, en la capital de la provincia el duende se esconde en una gambeta del Mágico González. Y es que hay que tener mucho ingenio para regatear al paro y llegar a fin de mes en la capital de una de las provincias con más porcentaje de desempleados del país. Desde el pasado verano, un futbolista ibicenco está conociendo ese universo tan peculiar a la vez que disfruta la experiencia de vestirse de cadista cada domingo. Jordi Tur Antonio, de 19 años, llegó procedente de la cantera del Barça con ganas de comerse el mundo y, de momento, la apuesta le está saliendo redonda. Tur ha sido convocado con el primer equipo para dos partidos de Copa del Rey y, aunque el debut a las órdenes de Álvaro Cervera todavía no ha llegado, el filial, donde tiene ficha, está liderando su grupo de Tercera División. El centrocampista tiene un gran porvenir por delante y quiere vivirlo en la tacita de plata.
–El Cádiz B va en serio. A falta de catorce jornadas le sacáis ocho puntos al segundo. ¿Es posible ser campeones del potente grupo X de Tercera? –Sí, pero hay que trabajar mucho. Nosotros no vamos a sacar partidos adelante jugando mal y tirando de oficio. Hay que mantener el nivel de juego y el tono físico hasta final de temporada. Sobre todo, no presionarse demasiado. Lo que nos está pasando es un premio totalmente inesperado. Yo llegué en verano a un equipo que acababa de subir desde Preferente. El objetivo no era otro que la permanencia en Tercera, en un grupo, además, muy complicado. Cuando era pequeño veía muchos partidos de la Tercera balear, pero el grupo de Andalucía Occidental no tiene nada que ver, aunque ahora en las islas estén el Mallorca B y el Ibiza peleando por el título. Los dos serían rivales durísimos en el playoff. Eso sí, en esta Liga te encuentras a futbolistas que en el pasado estuvieron en equipos de superior categoría. Sin ir más lejos y por nombrarte el caso más ilustre: cuando jugamos contra el Sanluqueño teníamos enfrente a un tal Dani Güiza. –¿Cuándo os distéis cuenta de que podíais estar en la parte alta de la tabla y disputar el título? –La clave fue empezar ganándole al Ceuta, que es un equipo muy potente, de los que están diseñados para pelear por el ascenso. Allí juegan Dani Gallardo, el hermano de Javi, el lateral izquierdo de la Peña, y Willy, que el año pasado subió con el Formentera a Segunda B. Derrotarles en la primera jornada fue inesperado. Luego empatamos varios partidos, volvimos a ganar y nos situamos en la parte alta. Tardamos mucho en perder [la primera derrota llegó en la jornada 13, contra el Gerena] y en los duelos directos hemos respondido muy bien. Fue impresionante ganarle al Algeciras en su campo. Ellos van segundos y tienen la obligación de subir por historia y porque su máximo rival, la Balompédica Linense, está ahora en Segunda B. –¿Cuál es la media de edad en el filial del Cádiz? –Muy baja. Es un equipo hecho con futbolistas sub’23. No se volvieron locos a la hora de contratar caras nuevas tras el ascenso a Tercera. No han fichado a ningún veterano para sumar experiencia. Eso le da mucho más mérito a lo que estamos consiguiendo. El objetivo del club es formar jugadores que algún día puedan debutar en el primer equipo. Siempre hay gente de la dirección deportiva siguiendo nuestros entrenamientos y partidos. Se nota que están encima del filial. –¿Te costó entrar en el once? –Fui suplente en la primera jornada y luego me fui colando hasta hacerme mi sitio. Al míster [Baldomero Hermoso, Mere] le gusta mi manera de entender el fútbol y me está dando minutos. Estoy muy a gusto tanto en la ciudad como en el club.
–¿Cómo definirías Cádiz en pocas palabras? –Hospitalaria. La sensación que he tenido desde que llegué es la de estar en casa. Tanto en la ciudad como en el club. Me he alquilado una casa en San Fernando donde vivo solo y hay espacio de sobra para la familia cuando viene a visitarme. Salir de un club tan grande como el Barcelona, donde hay muchos protocolos y todo está tan estructurado, podía ser difícil para mí. Yo llevaba en el Barça desde los 16 y estaba acostumbrado a una manera de funcionar muy concreta. En el Cádiz me he encontrado gente tan profesional como cercana. Desde José Carlos Cordero, el director deportivo, que fue quien apostó por mí este verano cuando supo que no iba a renovar por el Barça C, hasta el último empleado del club, todos han conseguido que me encuentre bien aquí. Por ejemplo, los padres de mis compañeros, con los que me llevo genial, me han preguntado más de una vez si estoy bien o si necesito ayuda de algún tipo. Noto y agradezco esa preocupación porque es como si no me hubiera marchado de Barcelona o de Ibiza. –El primer equipo está haciendo en Segunda A una temporada tan buena como la que estáis protagonizando los jugadores del filial. El Cádiz lucha por volver a Primera casi trece años después. –La ciudad está volcada con el equipo más que nunca y eso que el Cádiz tiene una afición que apoya en las buenas o en las malas. La Segunda A es muy traicionera, pero el primer equipo está trabajando muy bien y los resultados son muy positivos. Que subieran a Primera sería precioso. –¿El ascenso del Cádiz B al fútbol de bronce también ilusiona? –Mucho, aunque a otro nivel, evidentemente. Pero te sorprendería el ambiente que hay en los partidos que disputamos como locales. La ciudad deportiva está fuera de Cádiz y, para hacer más fácil a los aficionados el desplazamiento, el club fleta autobuses gratuitos que salen del Carranza. Podemos meter a más de mil personas los domingos normales y si hay un partido especial, llenamos la grada. Contra el Sevilla C había más de dos mil personas animándonos. La ciudad deportiva se llenó de pancartas, banderas y bocinas. Los cadistas hacen mucho ruido. –¿Impresiona ver un partido en el Ramón de Carranza? –Es una sensación mágica. Cuando voy a ver al primer equipo intento concentrarme en el partido, seguir cada detalle del juego y aprender mucho. Lo que ocurre es que es imposible escaparte de lo que ocurre a tu alrededor. La afición es tan entregada y aprieta tanto que los rivales saben que el Cádiz tiene ventaja cuando juega en casa [solamente ha perdido un partido en el Carranza en toda la temporada; el filial, por su parte, está invicto en la ciudad deportiva]. Y, encima, te ríes porque esta gente tiene mucha guasa y siempre está gritando o cantando cosas muy graciosas.
–La guasa no es un mito. –Para nada. En el filial hay muchos gaditanos y, al principio, como yo no los conocía demasiado y me cortaba un poco, se pensaban que era muy tímido y no me gustaba hablar. Lo que ocurre es que ellos tienen mucho ingenio y cada dos por tres te están haciendo bromas. Así es sencillísimo integrarte en un vestuario que se conoce de antes. –Se acerca el Carnaval. No sé si el club impone alguna prohibición para que el primer equipo y los chicos del filial y la cantera no os desmadréis. –[Ríe] ¡No que yo sepa! –¿Te empaparás un poco del ambiente carnavalero, entonces? –Hombre, ya que hemos venido a vivir a Cádiz, habrá que conocer un poco el Carnaval sin perder de vista el trabajo diario. Ya están montando cositas en la ciudad y escuchas a la gente hablar de Carnaval por la calle. Seguro que vivir esta experiencia será algo muy bonito. –¿Te ves mucho tiempo en el club? –He firmado tres años de contrato y me gustaría aprovecharlos para crecer como futbolista y acabar de formarme. Tengo aún 19 años y mucho recorrido por delante. Si vine aquí fue porque me atrajo el proyecto que tenía la entidad. Creo que están haciendo las cosas bien de arriba abajo y las trayectorias del primer equipo y el filial son la muestra. Entrenar con la plantilla de Segunda A, ir convocado en una eliminatoria de la Copa del Rey y, ojalá, debutar en la Liga de Fútbol Profesional son como premios extra, una motivación que te empuja a entregarte más en los entrenamientos y en los partidos de Tercera con el Cádiz B. –Precisamente, los que te conocen bien destacan de ti que eres un futbolista que se deja la piel en el campo. ¿Qué más puede aportar Jordi Tur a su equipo además del trabajo? –Es cierto que soy un futbolista que cree mucho en la disciplina y en el trabajo. Siempre es bueno para un equipo que los centrocampistas sean currantes, tengan largo recorrido y se desvivan a favor del colectivo. Además de eso, creo que sé jugar fácil. Ya admiraba el juego y la filosofía del Barça antes de entrar en La Masia, pero allí acabaron de meterme en la cabeza de que hay que jugar al fútbol con uno o dos toques como máximo. Elegir en el medio del campo la opción más sencilla o lógica. Los años que he estado en Barcelona me han servido para mejorar en ese aspecto y es una de las facetas que Mere, mi entrenador actual, más valora de mi juego.
–Tienes muchos años de fútbol por delante y los estás compaginando con los estudios de Administración y Dirección de Empresas. ¿Has tenido que cambiar de universidad al trasladarte de Barcelona a Cádiz? –Sí. Tuve que matricularme en la Universitat Oberta de Catalunya y estudiar a distancia. Por suerte, la UOC tiene sede en Sevilla y voy allí para hacer los exámenes cada cuatrimestre. Estudio desde casa y espero ir sacándome todas las asignaturas que pueda. Mis padres me han inculcado desde siempre que para poder ser futbolista hay que estudiar algo complementario. No te puedes cerrar puertas porque este deporte es muy impredecible. ADE es un grado que me gusta y que pienso que en el futuro me puede mantener vinculado al fútbol de alguna manera. Sería uno de mis sueños para el día que cuelgue las botas.

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