El jugador ibicenco controla un balón durante un partido.
El jugador ibicenco controla un balón durante un partido.
David Alba El sueño de jugar en Primera es una dura carrera de fondo que nace cuando golpeas, por primera vez, una pelota de fútbol. El sacrificio de levantarse cada mañana con un objetivo claro entre ceja y ceja requiere una mentalidad a prueba de fuego. Juan Fernández se marchó de Ibiza muy joven con destino Castellón porque el Villarreal se había enamorado de aquel jugador menudo del Portmany que poseía un gran dominio del cuero. Tenía sólo 11 años y un futuro prometedor pero, también, incierto. De cierta manera, marcharse de casa para engrosar una de las mejores canteras de España es una forma de independizarse. Y no siempre sale bien. Se requiere un nivel de madurez especial. “Personalmente, no lo pasé mal porque tenía mucha ilusión y porque mis padres hacían el esfuerzo de venir los fines de semana -recuerda el jugador que el próximo mes de agosto cumplirá 20 años-. Ellos me han apoyado mucho”.

De aquella primera camada, que quedó campeona de España, sólo quedan cuatro futbolistas. “Los que se fueron son excelentísimos jugadores: la vida del futbolista no acaba por tener poca fortuna en una cantera”, señala. Juan explica este hecho diciendo que “no todo es color de rosa” cuando uno se propone ser jugador profesional y que hay que ser “muy duro de cabeza” para soportar los momentos difíciles. “Todos los años hay situaciones complicadas -asegura-. Recuerdo que en cadetes dejé de jugar de titular, pero me armé de valor y acabé revertiendo la situación a final de temporada”.

Sin embargo, además de los obstáculos mentales, el futbolista ibicenco tuvo que hacer frente a su propia constitución. De la noche a la mañana pasó de ser Juanito a ser Juan. “Crecí 13 centímetros en un año y ya no podía jugar más de extremo, así que retrasaron mi posición a la de media punta”, relata. Poco a poco Juan, que ya superaba con creces el metro ochenta de estatura, fue especializándose en el centro del campo hasta que un buen día faltaron centrales para disputar un partido. El ibicenco ya había demostrado su solvencia en esa posición durante un encuentro de pretemporada, así que como a él lo que le importa es jugar aceptó el guante y, a día de hoy, sigue desempeñándose en esa zona del campo. Un defensa con la mentalidad de delantero puede ser una auténtica pesadilla para el ataque rival porque es capaz de prever los movimientos ofensivos.

La ironía es que pocos imaginaban que aquel pequeño extremo ibicenco llegaría a ser central. Ni siquiera Gonzalo -actual defensa de la Fiorentina-, ni el internacional por Uruguay Godín, que formaban el centro de la defensa del Submarino Amarillo aquella temporada, y que curtieron amistad con la familia de Juan, habrían imaginado un desenlace semejante. A día de hoy, cuando sube a entrenar con el primer equipo, tiene un trato más cercano con el central argentino Mateo Musacchio de quien aprende los secretos del oficio mientras se prepara en el equipo de Tercera en el que debutó con 18 años. “Somos el equipo más joven de la categoría -explica el jugador que destaca el gran salto que hay entre jugar en juveniles y hacerlo contra personas que llevan más rodaje vital en el juego-. El año pasado, a pesar de que empezamos algo dubitativos, terminamos peleando por los playoffs”.

No obstante, la cabeza de Juan está en jugar en Primera. “Yo me voy a matar por conseguirlo”, asevera con confianza el central que sigue al pie de la letra los consejos que le dan los jugadores del primer equipo cuando comparte vestuario con ellos. “Me dicen, básicamente, que tenga paciencia”, indica, convencido -también- que esa es la actitud que le llevará al éxito. Y es que, a pesar de que el ibicenco llega fresco al último kilómetro, a pesar de que el grueso del camino está hecho, hay que cruzar la meta. Por eso, Juan sabe que es hora de apretar los dientes. 

Juan Fernández, un central con mentalidad de delantero

El jugador ibicenco controla un balón durante un partido.
El jugador ibicenco controla un balón durante un partido.
David Alba El sueño de jugar en Primera es una dura carrera de fondo que nace cuando golpeas, por primera vez, una pelota de fútbol. El sacrificio de levantarse cada mañana con un objetivo claro entre ceja y ceja requiere una mentalidad a prueba de fuego. Juan Fernández se marchó de Ibiza muy joven con destino Castellón porque el Villarreal se había enamorado de aquel jugador menudo del Portmany que poseía un gran dominio del cuero. Tenía sólo 11 años y un futuro prometedor pero, también, incierto. De cierta manera, marcharse de casa para engrosar una de las mejores canteras de España es una forma de independizarse. Y no siempre sale bien. Se requiere un nivel de madurez especial. "Personalmente, no lo pasé mal porque tenía mucha ilusión y porque mis padres hacían el esfuerzo de venir los fines de semana -recuerda el jugador que el próximo mes de agosto cumplirá 20 años-. Ellos me han apoyado mucho".De aquella primera camada, que quedó campeona de España, sólo quedan cuatro futbolistas. "Los que se fueron son excelentísimos jugadores: la vida del futbolista no acaba por tener poca fortuna en una cantera", señala. Juan explica este hecho diciendo que "no todo es color de rosa" cuando uno se propone ser jugador profesional y que hay que ser "muy duro de cabeza" para soportar los momentos difíciles. "Todos los años hay situaciones complicadas -asegura-. Recuerdo que en cadetes dejé de jugar de titular, pero me armé de valor y acabé revertiendo la situación a final de temporada".Sin embargo, además de los obstáculos mentales, el futbolista ibicenco tuvo que hacer frente a su propia constitución. De la noche a la mañana pasó de ser Juanito a ser Juan. "Crecí 13 centímetros en un año y ya no podía jugar más de extremo, así que retrasaron mi posición a la de media punta", relata. Poco a poco Juan, que ya superaba con creces el metro ochenta de estatura, fue especializándose en el centro del campo hasta que un buen día faltaron centrales para disputar un partido. El ibicenco ya había demostrado su solvencia en esa posición durante un encuentro de pretemporada, así que como a él lo que le importa es jugar aceptó el guante y, a día de hoy, sigue desempeñándose en esa zona del campo. Un defensa con la mentalidad de delantero puede ser una auténtica pesadilla para el ataque rival porque es capaz de prever los movimientos ofensivos.La ironía es que pocos imaginaban que aquel pequeño extremo ibicenco llegaría a ser central. Ni siquiera Gonzalo -actual defensa de la Fiorentina-, ni el internacional por Uruguay Godín, que formaban el centro de la defensa del Submarino Amarillo aquella temporada, y que curtieron amistad con la familia de Juan, habrían imaginado un desenlace semejante. A día de hoy, cuando sube a entrenar con el primer equipo, tiene un trato más cercano con el central argentino Mateo Musacchio de quien aprende los secretos del oficio mientras se prepara en el equipo de Tercera en el que debutó con 18 años. "Somos el equipo más joven de la categoría -explica el jugador que destaca el gran salto que hay entre jugar en juveniles y hacerlo contra personas que llevan más rodaje vital en el juego-. El año pasado, a pesar de que empezamos algo dubitativos, terminamos peleando por los playoffs".No obstante, la cabeza de Juan está en jugar en Primera. "Yo me voy a matar por conseguirlo", asevera con confianza el central que sigue al pie de la letra los consejos que le dan los jugadores del primer equipo cuando comparte vestuario con ellos. "Me dicen, básicamente, que tenga paciencia", indica, convencido -también- que esa es la actitud que le llevará al éxito. Y es que, a pesar de que el ibicenco llega fresco al último kilómetro, a pesar de que el grueso del camino está hecho, hay que cruzar la meta. Por eso, Juan sabe que es hora de apretar los dientes. 

3 Comentarios

  1. a Juan se lo conoce desde pequeño, a uno le gusta tanto el fútbol que enseguida empieza a buscar parecidos y por la forma de jugar, controlar y descargar y por su nacionalidad, particularmente lo comparaba con Raul, Juan es zurdo sin duda en defensa prometerá algo más. Y sin miedo a equivocarme quien dice que no lo veamos por la selección

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