El entrenador del Jesús trata de construir una plantilla de garantías para la Liga Nacional juvenil.
El entrenador del Jesús trata de construir una plantilla de garantías para la Liga Nacional juvenil.

David Alba Todos los viernes el Jesús juvenil organiza un partido de fútbol. El objetivo es formar piña para afrontar el difícil reto que se les viene encima. Hacer un gran papel en la Liga Nacional juvenil. Tras una gran temporada que les ha valido el ascenso, los rojiblancos deben afrontar muchas bajas y trabajan a destajo para hacer un equipo competitivo que de guerra a los conjuntos más poderosos de las islas.

“Hay un bloque de 10 u 11 jugadores que se mantienen con respecto al año pasado”, explica Mariano Díez, uno de los técnicos de este nuevo proyecto junto a Giacomo Gradara. En este sentido, Díez cree que la base del éxito, al igual que otros entrenadores de la categoría, radica en el trabajo. “Solo por calidad gana el Madrid, el Barça y poco más”, asegura el técnico, que ya tiene apalabrados a Marc Tur y Javi Vinyals, entre otros, para la aventura del torneo autonómico.

Sin embargo, es fundamental mantener una plantilla cohesionada: algo que resulta extremadamente difícil cuando debe luchar con otros tres clubes de la isla por un número limitado de jugadores capaces de rendir al máximo en el campeonato balear. “Somos un equipo humilde”, destaca el entrenador, que solo tiene palabras de gratitud para el Hotel Garbi -su patrocinador- y para el buen hacer de Víctor Sánchez, cuyo trabajo ha contribuido, en gran manera, a financiar los gastos en los que pudiera incurrir el club en su nueva aventura.

Por eso, otra de las claves para el joven míster, que cuenta con tan solo 29 años, es la humildad y añade que en el cuerpo técnico no existen jerarquías, sino un grupo de personas que trabajan juntos para un objetivo mayor. De esta forma, recuerda y alaba la gran labor de su compañero Giacomo el año pasado cuando tuvo que gestionar un vestuario que podía ser muy problemático ya que al bloque del Jesús se le sumaron muchos jugadores de la Penya Blanc i Blava. Y es que para Díez, un equipo de fútbol es como una gran cocina. “Los entrenadores ponemos los ingredientes para que cuaje el plato”, opina.

Mariano Díez cocina con fundamento un Jesús rico, rico

El entrenador del Jesús trata de construir una plantilla de garantías para la Liga Nacional juvenil.
El entrenador del Jesús trata de construir una plantilla de garantías para la Liga Nacional juvenil.
David Alba Todos los viernes el Jesús juvenil organiza un partido de fútbol. El objetivo es formar piña para afrontar el difícil reto que se les viene encima. Hacer un gran papel en la Liga Nacional juvenil. Tras una gran temporada que les ha valido el ascenso, los rojiblancos deben afrontar muchas bajas y trabajan a destajo para hacer un equipo competitivo que de guerra a los conjuntos más poderosos de las islas."Hay un bloque de 10 u 11 jugadores que se mantienen con respecto al año pasado", explica Mariano Díez, uno de los técnicos de este nuevo proyecto junto a Giacomo Gradara. En este sentido, Díez cree que la base del éxito, al igual que otros entrenadores de la categoría, radica en el trabajo. "Solo por calidad gana el Madrid, el Barça y poco más", asegura el técnico, que ya tiene apalabrados a Marc Tur y Javi Vinyals, entre otros, para la aventura del torneo autonómico.Sin embargo, es fundamental mantener una plantilla cohesionada: algo que resulta extremadamente difícil cuando debe luchar con otros tres clubes de la isla por un número limitado de jugadores capaces de rendir al máximo en el campeonato balear. "Somos un equipo humilde", destaca el entrenador, que solo tiene palabras de gratitud para el Hotel Garbi -su patrocinador- y para el buen hacer de Víctor Sánchez, cuyo trabajo ha contribuido, en gran manera, a financiar los gastos en los que pudiera incurrir el club en su nueva aventura.Por eso, otra de las claves para el joven míster, que cuenta con tan solo 29 años, es la humildad y añade que en el cuerpo técnico no existen jerarquías, sino un grupo de personas que trabajan juntos para un objetivo mayor. De esta forma, recuerda y alaba la gran labor de su compañero Giacomo el año pasado cuando tuvo que gestionar un vestuario que podía ser muy problemático ya que al bloque del Jesús se le sumaron muchos jugadores de la Penya Blanc i Blava. Y es que para Díez, un equipo de fútbol es como una gran cocina. "Los entrenadores ponemos los ingredientes para que cuaje el plato", opina.

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