El Ibiza ya no necesita creérselo

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Durante semanas, Raúl Llona ha insistido en el equipo que quiere construir. Había una idea, una plantilla y unas expectativas, pero faltaba una demostración completa. El 0-1 ante el Villarreal B puede haber cambiado algo más profundo que la clasificación: el Ibiza ya sabe que es capaz de parecerse durante 90 minutos al equipo que pretende ser. Y una frase del técnico después de tumbar al líder resume perfectamente el salto entre creer y comprobar.

El Ibiza volvió de Villarreal con tres puntos. Eso es lo que aparecerá en la clasificación.

Pero quizá no sea lo más importante que se trajo de allí.

Hay una frase de Raúl Llona después del 0-1 que permite mirar la victoria desde un lugar diferente. No habla del gol de Pedro Ortiz, ni de la primera victoria fuera de casa, ni siquiera de haber terminado con la condición de invicto del líder.

Habla de demostrarse algo.

«Si hemos demostrado hoy que somos capaces de hacerlo, pues ahora, una vez que tenemos el camino claro, debemos de continuar por él y aspirar a mejorar».

Ahí puede estar el verdadero valor de lo sucedido en Villarreal.

Porque hasta ahora el Ibiza tenía que creer.

Desde el verano existe un modelo, una idea de juego y una plantilla construida con unas expectativas elevadas. Llona lleva tiempo intentando convencer a sus jugadores de qué equipo quiere que sean. El problema es que la competición había empezado a introducir una incómoda distancia entre esa idea y la realidad.

El propio entrenador la reconoció después de ganar.

«Estamos insistiendo mucho en cuál es nuestro modelo, en qué tipo de equipo queremos ser y hasta ahora nos había costado bastante».

No dijo que el Ibiza no hubiese mostrado nada.

Dijo algo probablemente más revelador.

«Habíamos jugado ráfagas y de ahí seguramente los resultados obtenidos».

Ráfagas.

Quizá esa palabra explique buena parte de las primeras semanas de campeonato.

De creer que puedes a comprobar que puedes

Un equipo puede escuchar muchas veces que tiene potencial.

Puede tener futbolistas con experiencia, una plantilla confeccionada para aspirar a objetivos importantes y un entrenador convencido de su modelo.

Pero el fútbol acaba exigiendo pruebas.

Y el Ibiza necesitaba una.

Las dos derrotas consecutivas habían empezado a alimentar las primeras dudas. El equipo venía de caer en Jaén y contra el Zaragoza y llegaba a Villarreal después de una semana en la que Llona había reconocido que el rendimiento estaba lejos de lo esperado.

El escenario tampoco parecía diseñado para recuperar certezas.

Enfrente estaba un Villarreal B invicto y en una dinámica extraordinaria. Llona incluso recordó después del encuentro la enorme dificultad que entrañaba ganar allí.

«No sé si eran diez meses sin perder en casa, contando la temporada pasada. Tiene una racha espectacular y jugadores diferenciales».

Precisamente por eso el 0-1 adquiere otra dimensión.

No se trata únicamente de haber ganado.

Se trata de dónde y cómo.

Llona tenía claro que una buena versión durante determinados momentos no sería suficiente.

«Necesitábamos tener una muy buena versión, pero sobre todo durante 90 minutos, todo el partido, porque si no, en cualquier descuido nos podían castigar».

Y esta vez la encontró.

La frase que cambia la lectura

Después de una victoria así habría sido sencillo hablar de reivindicación.

Llona eligió otra palabra implícita: proximidad.

El Ibiza todavía no es exactamente el equipo que pretende construir, pero por primera vez durante un partido completo estuvo mucho más cerca.

«Hoy el equipo ha estado más cerca de lo que se supone que somos, de lo que se espera de nosotros».

La frase tiene mucho más fondo del que parece.

Porque no afirma que el proceso haya terminado.

Ni siquiera que este sea definitivamente el Ibiza de Llona.

Dice que se ha acercado.

Y ahí aparece una diferencia importante respecto a lo sucedido hasta ahora. Antes había momentos que permitían imaginarlo. Villarreal ofrece una referencia mucho más tangible de hacia dónde quiere ir el entrenador.

«Creo que hemos hecho un partido muy completo, tanto con balón como sin balón».

Después está el resultado.

Y Llona también separa ambas cosas.

Puedes jugar bien y perder. Puedes jugar peor y ganar. Hay factores que un entrenador nunca controla completamente.

Lo que sí puede intentar reproducir es aquello que depende de su equipo.

Por eso Villarreal puede convertirse en una especie de referencia interna: esto es lo que buscamos.

El peligro de una victoria así

Y entonces Llona hizo algo interesante.

Cuando tenía todos los motivos para alimentar la euforia, pisó el freno.

«No, no, nos falta todo».

Tres palabras que funcionan casi como contrapeso de todo lo anterior.

El Ibiza necesitaba confianza, pero no complacencia.

Necesitaba comprobar que podía hacerlo, pero no interpretar esa demostración como una llegada.

Ese equilibrio probablemente sea uno de los desafíos que deja la victoria.

Porque ganar al líder puede liberar a un equipo que empezaba a jugar con el peso de las expectativas, pero también puede generar la sensación equivocada de que los problemas han desaparecido de repente.

Llona no parece dispuesto a permitirlo.

Su mensaje después de Villarreal contiene las dos cosas: refuerzo y exigencia.

Por un lado, el equipo ha demostrado que puede.

Por otro, todavía queda prácticamente todo por construir.

También supo hacer algo que antes había costado

Hay otra parte de las declaraciones del entrenador que ayuda a entender por qué valoró tanto el triunfo.

No habla de atacar.

Habla de sufrir.

«El equipo ha sabido sufrir, ha sabido encerrarse para quitar las opciones del rival y le doy sobre todo mucho mérito a la forma de cómo hemos ganado».

También ahí hay crecimiento.

Porque un equipo que aspira a estar arriba no siempre podrá imponer el partido que desea. Habrá días en los que tenga que dominar, otros en los que deba esperar y momentos en los que simplemente tenga que proteger lo conseguido.

En Villarreal aparecieron varias de esas versiones dentro de un mismo encuentro.

El Ibiza fue capaz de competir, buscar su momento y, después del gol de Pedro Ortiz en el minuto 80, defender una ventaja que valía mucho.

Por eso Llona estaba contento.

Pero utilizó otra palabra antes incluso de desarrollar su análisis.

«Muy contento, pero sobre todo satisfecho por el partido que hemos realizado».

Satisfecho.

No únicamente por ganar.

Por reconocerse.

Las 50 o 60 personas que Llona no quiso olvidar

Hubo todavía un momento especialmente significativo al final de su comparecencia.

Llona interrumpió prácticamente el análisis deportivo porque quería mencionar a quienes habían viajado.

«Quería mencionar ahí a los aficionados».

El entrenador calculó que unas 50 o 60 personas habían acompañado al equipo pese a la dinámica de las últimas jornadas.

«Que hoy haya habido, pues no sé, 50 o 60 personas que hayan podido venir a animarnos y a estar con el equipo, a pesar de la dinámica que teníamos, pues me da una gran satisfacción, a nivel casi de la victoria».

No parece una frase de compromiso.

Sobre todo por esa última comparación.

Casi al nivel de la victoria.

El Ibiza necesitaba sentir que todavía había gente detrás cuando empezaban a aparecer las dudas. Y Llona quiso devolver públicamente ese respaldo.

Ahora viene lo difícil

Una victoria puede cambiar una clasificación.

Otra cosa es que consiga cambiar un equipo.

Eso solo lo determinarán las próximas jornadas.

Porque el gran desafío después de Villarreal no será demostrar nuevamente que el Ibiza puede jugar así. Eso ya lo ha hecho.

Será demostrar que puede hacerlo con continuidad.

Ahí está probablemente la frontera entre un buen partido y un equipo verdaderamente competitivo.

Llona lo resumió casi sin proponérselo:

«Una vez que tenemos el camino claro, debemos de continuar por él».

Esa es la historia que deja Villarreal.

El Ibiza necesitaba puntos y consiguió tres.

Necesitaba cortar una mala dinámica y lo hizo.

Necesitaba ganar fuera y ya lo ha conseguido.

Pero quizá necesitaba todavía más una cosa que no aparece en ninguna clasificación: una evidencia.

La evidencia de que el equipo que Llona lleva semanas intentando construir no existe únicamente en su cabeza.

Durante 90 minutos apareció.

Por eso el Ibiza ya no necesita creérselo.

Ahora necesita repetirlo.

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