El Inter Ibiza ha dado un golpe de autoridad en el mercado con la incorporación de Dani Ramírez, un defensa central de esos que imponen respeto nada más pisar el césped. Con sus más de 1,90 metros, llega para blindar la zaga de los Guerreros y aportar la serenidad que tanto necesita un equipo con ambiciones renovadas.
El zaguero, curtido en diferentes escenarios del fútbol europeo, aterriza en la isla procedente del Raków Czestochowa, actual referente de la Ekstraklasa y campeón polaco hace apenas un par de temporadas. Una experiencia de peso en un club que conoce lo que significa pelear títulos, y que ahora Ramírez trasladará a un proyecto que busca dar un salto de competitividad.
Aunque sus raíces futbolísticas se hunden en España, con pasos destacados por el Sabadell y la Pobla de Mafumet, ha sido en Polonia donde ha forjado carácter. Allí aprendió a convivir con la exigencia de estadios llenos y rivales de alto voltaje, un bagaje que lo convierte en mucho más que un fichaje prometedor: es un líder en construcción.
Para el Inter, su llegada significa reforzar una defensa que quiere dejar de ser un punto débil para convertirse en un sello de identidad. La altura, la contundencia en el juego aéreo y la capacidad de iniciar la salida de balón desde atrás convierten a Ramírez en una pieza estratégica para el engranaje de un equipo que no se conforma con ser comparsa.
El reto que se le abre es apasionante. Can Cantó espera de él algo más que despejes y marcajes férreos: la afición quiere ver en su nuevo central el símbolo de un conjunto que pretende crecer paso a paso, pero sin renunciar a la ambición. Ramírez, con juventud y experiencia en dosis equilibradas, parece hecho a medida para ese desafío.
El Inter Ibiza ya tiene su nuevo guardián. Ahora toca que el césped confirme lo que sobre el papel apunta a ser un acierto rotundo.