De los Brooklyn Nets a Sa Pedrera: la increíble historia de Boris Balibrea, el hombre elegido por el Class

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Salió de Barcelona con apenas 18 años y ha construido buena parte de su carrera lejos de España. Ascendió en Suecia, fue elegido dos veces mejor entrenador de su Liga, trabajó con la selección sueca, llevó al Umeå hasta unas semifinales históricas, conquistó un título internacional en Polonia y este verano se metió durante diez días en las entrañas de los Brooklyn Nets. Ahora Boris Balibrea aterriza en Sant Antoni con otro desafío: intentar llevar al Class hasta donde lleva tres temporadas quedándose a las puertas.

Cuando le piden a Boris Balibrea que se presente, el nuevo entrenador del Class Bàsquet Sant Antoni no empieza hablando de sistemas, títulos, victorias o clubes.

Empieza por su familia.

«Soy padre de Maxwell y Giselle, marido de Abi y, después, un amante del baloncesto que empezó desde muy, muy pequeñito. Soy un afortunado por poder vivir de mi pasión y de lo que más me gusta en este mundo, que es entrenar a baloncesto».

El orden probablemente explica bastante más de Boris Balibrea de lo que parece.

Porque detrás del entrenador que acaba de aterrizar en Sa Pedrera hay casi dos décadas de viajes, mudanzas, ascensos, premios, títulos, derrotas, despidos y kilómetros. Una vida profesional desarrollada durante muchos años lejos de España y que lo ha llevado desde un pequeño pueblo de Almería hasta Suecia, Polonia, una selección nacional y, hace apenas unas semanas, Las Vegas.

Ahora el viaje continúa en Sant Antoni.

Y probablemente nunca había regresado a España con tanto baloncesto acumulado en la maleta.

Todo empezó con 18 años

Balibrea nació en Barcelona en 1988 y empezó muy joven en los banquillos. Con apenas 18 años apareció una decisión que terminaría anticipando buena parte de su carrera: marcharse de casa.

Su destino fue Tíjola, un pequeño municipio de Almería.

Allí comenzó una relación que terminaría siendo decisiva en su vida profesional. Antonio Herrera aterrizó para dirigir al equipo local y se encontró con aquel jovencísimo Balibrea, al que convirtió en su ayudante.

Muchos años después, el propio Boris reconocería en una entrevista con Zona de Básquet hasta qué punto aquello cambió su vida: trabajar junto a Herrera supuso un antes y un después en su formación y todavía hoy lo considera una de las personas fundamentales de su carrera.

No aprendió únicamente baloncesto.

Habla de profesionalidad, autoexigencia, autocrítica, responsabilidad o resiliencia como algunos de los valores que descubrió junto a él.

El alumno terminó haciendo su propio camino.

Y el baloncesto acabaría preparando un reencuentro difícil de imaginar entonces.

El alumno terminó jugando contra el maestro

Diecisiete años después de compartir banquillo en Tíjola, Boris Balibrea y Antonio Herrera volvieron a encontrarse.

Pero ya no estaban en el mismo lado.

Herrera dirigía al Kapfenberg Bulls austriaco. Balibrea, al MKS Dąbrowa Górnicza polaco. Sus equipos coincidieron en la Alpe Adria Cup, una competición internacional en la que participan clubes de diferentes países de Europa Central.

Dos entrenadores españoles.

Maestro y alumno.

Y los dos persiguiendo el mismo título.

Era una imagen perfecta para entender cuánto camino había recorrido aquel muchacho que salió de Barcelona con 18 años.

Pero para llegar hasta allí primero tuvo que construir prácticamente toda una carrera.

Suecia cambió su vida

Después de diferentes experiencias en el baloncesto español, Balibrea tomó en 2017 una de las decisiones más importantes de su trayectoria.

Se marchó a Suecia.

Wetterbygden Stars todavía no competía en la máxima categoría cuando llegó el entrenador español. Balibrea participó en el ascenso desde la Superettan hasta la SBL y, en la primera temporada del club entre los mejores del país, Wetterbygden terminó séptimo y se clasificó directamente para el playoff.

Entonces llegó el primer gran reconocimiento individual.

La Federación Sueca y la propia SBL eligieron a Boris Balibrea Entrenador del Año de la temporada 2018/19.

La explicación que acompañó el premio resulta especialmente reveladora años después. La Federación resumía su trabajo con tres conceptos: precisión, energía e innovación. Destacaba también que Wetterbygden practicaba un baloncesto moderno capaz de plantear problemas a cualquier adversario.

Balibrea había llegado a Suecia prácticamente como un desconocido.

En poco tiempo era el mejor entrenador de su Liga.

Y todavía lo repetiría.

Seis victorias, diez, dieciocho… y unas semifinales

En 2020 cambió Wetterbygden por Umeå BSKT.

Su evolución allí puede explicarse con tres números.

6. 10. 18.

Seis victorias en su primera temporada.

Diez en la segunda.

Dieciocho en la tercera.

Umeå pasó de ocupar la octava posición a terminar cuarto en la fase regular 2022/23 y alcanzar las semifinales de la competición.

Entonces ocurrió de nuevo.

Boris Balibrea fue elegido Entrenador del Año de la SBL por segunda vez, ahora al frente de un club diferente.

La propia competición destacó al concederle el premio su capacidad para conseguir que los grupos rindieran cerca de su máximo nivel e incluso por encima de lo esperado.

No parece un detalle menor ahora que llega a Sant Antoni.

El Class lleva tres temporadas comprobando que entre ser uno de los mejores equipos de Segunda FEB y ascender existe una distancia diminuta.

Y ha elegido a un entrenador cuya reputación empezó a construirse precisamente reduciendo distancias.

Hasta Suecia terminó haciéndolo suyo

El impacto de Balibrea en aquel país trascendió los clubes.

La Federación Sueca lo incorporó a su estructura y en octubre de 2021 anunció su entrada en el cuerpo técnico de la selección absoluta masculina de Suecia.

La organización era peculiar.

Balibrea no aparecía simplemente como el típico ayudante de un seleccionador. La Federación configuró un equipo de cuatro técnicos situados al mismo nivel, con una distribución de responsabilidades mucho más horizontal.

La propia Federación Sueca destacó entonces algunas de las cualidades que había encontrado en el entrenador español: su energía, su preparación de los partidos y su conocimiento del baloncesto internacional.

Aquella experiencia reforzó una filosofía que Balibrea continúa defendiendo.

Cree en cuerpos técnicos donde existan especialistas en ataque, defensa, scouting, desarrollo individual o estadística y donde el entrenador principal coordine todo ese conocimiento en lugar de monopolizarlo.

Ahora esa forma de trabajar llega también a Sa Pedrera.

La familia como sistema de juego

Hay otra palabra que aparece constantemente cuando Boris Balibrea habla de baloncesto.

Familia.

Y en su caso no parece simplemente uno de esos conceptos que los entrenadores utilizan cuando empieza una temporada.

Gabo Loaiza puede dar fe de ello.

El técnico gaditano trabajó como ayudante suyo en Wetterbygden y, en una entrevista publicada por Zona de Básquet en febrero de 2026, recordó la enorme libertad que Balibrea le concedió pese a no conocerlo previamente y cómo consiguió hacerlo sentir importante desde el principio.

Loaiza fue todavía más allá al hablar del aspecto humano: aseguró que quienes han compartido experiencias con Boris saben que es una persona que no les va a fallar.

Es prácticamente la misma idea que Balibrea quiere trasladar ahora al Class.

«Trabajo, sacrificio, pasión, compañerismo, no rendirse… Esto es lo que define mi baloncesto. Intentamos hacer una pequeña familia, pasárnoslo bien, ser felices, disfrutar, ser sinceros y trasladar todos estos valores a la pista, con muchísimo trabajo, muchísimo sacrificio y muchísimo respeto. Y con una cosa que es fundamental: pasárnoslo bien».

No parece un discurso fabricado para su presentación en Ibiza.

Lleva años intentando construir equipos así.

Polonia: cuando ganar deja de ser suficiente

Después de seis temporadas en Suecia, Balibrea sintió que necesitaba volver a empezar.

Él mismo explicó en una entrevista concedida a Zona de Básquet en junio de 2026 que consideraba haber alcanzado su techo allí y necesitaba abandonar nuevamente su zona de confort. Quería comprobar si podía trasladar todo lo aprendido a una competición más exigente.

Eligió Polonia.

La diferencia era considerable.

Una Liga mucho más física, clubes con mayores presupuestos, equipos participantes en competiciones europeas y una presión por el resultado donde, como él mismo ha explicado, prácticamente no existe margen para equivocarse.

Firmó por el MKS Dąbrowa Górnicza.

Y su primera temporada terminó dejando dos resultados importantes.

El equipo se clasificó para el playoff de la máxima categoría polaca y conquistó la Alpe Adria Cup, una competición internacional en la que participan equipos de distintos países de Europa Central.

El propio MKS destacó posteriormente que el equipo de Balibrea no solo levantó el título, sino que consiguió alcanzar el playoff de la Orlen Basket Liga y competir contra el que terminaría proclamándose campeón de Polonia.

La aventura internacional seguía creciendo.

También conoció la otra cara

La carrera de un entrenador no se construye únicamente levantando trofeos.

Balibrea también sabe perfectamente qué ocurre cuando las cosas salen mal.

En Polonia atravesó temporadas mucho más complicadas. Entrenó también al GTK Gliwice y vivió proyectos marcados por presupuestos reducidos, lesiones, decisiones arriesgadas en la confección de las plantillas y resultados que terminaron provocando su salida.

Él mismo lo contó sin esconderse en junio.

En su última experiencia partió con uno de los presupuestos más bajos de la competición, asumió riesgos en el mercado y sufrió una pretemporada marcada por lesiones y bajas. El comienzo de curso terminó convirtiéndose en una sucesión de soluciones de emergencia hasta que perdió el puesto.

Y ahí aparece otra parte interesante del personaje.

Balibrea asegura que al terminar cada temporada realiza una evaluación de su propio trabajo.

Qué hizo bien.

Qué salió mal.

Por qué.

Qué habría hecho diferente.

Y qué no volvería a hacer.

Durante sus meses sin equipo siguió visitando entrenamientos —principalmente de clubes ACB—, recopilando vídeos, ordenando conceptos ofensivos y defensivos y preparando charlas.

Porque hay algo de lo que todavía no ha conseguido desconectar.

El baloncesto.

Abi, Maxwell y Giselle

La carrera internacional de Boris Balibrea tampoco puede entenderse completamente sin su familia.

Y aquí no hace falta interpretar nada.

Lo ha contado él mismo.

En una extensa entrevista concedida a Zona de Básquet el 10 de junio de 2026, Balibrea explicó que su mujer, Abi, había sido jugadora profesional de baloncesto y destacó la importancia que ha tenido en una carrera marcada por mudanzas, países diferentes y la incertidumbre que acompaña al trabajo de un entrenador.

Según relató, su pasado como jugadora le permite comprender perfectamente lo que sucede alrededor de un equipo y las consecuencias profesionales que pueden provocar los resultados.

Balibrea llega incluso a explicar que su mujer terminó convirtiendo el sueño profesional de él en un proyecto compartido por ambos.

Después llegaron los hijos.

El entrenador explicó en esa misma entrevista que convertirse en padre por primera vez le proporcionó un equilibrio que anteriormente no conocía y que aquello terminó ayudándole a ser, según sus propias palabras, mejor persona y mejor entrenador.

La historia de su segunda hija resulta todavía más significativa.

Balibrea contó a Zona de Básquet que encontrarse temporalmente sin equipo permitió a la familia regresar a Suecia, donde deseaban que naciera. Estuvo presente durante el parto y pudo ocuparse de su hijo mayor mientras su mujer se recuperaba y atendía a la recién nacida.

El propio entrenador resumió aquella etapa como la oportunidad de ejercer de «padre y marido al 100%».

Por eso adquiere otra dimensión la forma en la que se ha presentado ahora ante los aficionados del Class:

«Soy padre de Maxwell y Giselle, marido de Abi y, después, un amante del baloncesto».

Los nombres de su mujer y sus hijos proceden de estas nuevas declaraciones del propio Balibrea. El contexto familiar que rodea esas palabras ya había sido explicado públicamente por él meses atrás.

Y existe además una confirmación externa de hasta qué punto la familia ha condicionado algunas de sus decisiones profesionales.

Dejó la selección sueca para priorizar a su familia

El 1 de octubre de 2024, la Federación Sueca de Baloncesto anunció oficialmente que Boris Balibrea abandonaba anticipadamente el cuerpo técnico de su selección absoluta.

Su contrato alcanzaba hasta el EuroBasket de 2025.

No lo terminó.

La propia Federación explicó que el entrenador español había decidido dar un paso al lado por motivos personales para centrarse en su familia.

Después de varios años formando parte de aquel cuerpo técnico, Balibrea consideró que había llegado el momento de cambiar las prioridades.

El dato permite entender mejor algo que ahora repite en Sant Antoni.

Para Boris, construir una familia no parece una metáfora de vestuario.

Y entonces apareció la NBA

Cuando todavía estaba buscando su siguiente proyecto apareció una oportunidad que difícilmente podía rechazar.

Brooklyn Nets.

Balibrea participó entre el 9 y el 19 de julio en la NBA Summer League de Las Vegas como entrenador invitado dentro del cuerpo técnico de los Nets.

La precisión es importante.

No fue entrenador de los Brooklyn Nets durante la temporada NBA ni formó parte de su cuerpo técnico permanente. Fue uno de los técnicos invitados que las franquicias incorporan durante la Summer League para intercambiar conocimientos y metodologías.

La oportunidad llegó a través de Jordi Fernández, entrenador principal de Brooklyn.

Y tampoco fue una visita para hacerse fotografías.

Según explicó el propio Balibrea posteriormente al Class, estuvo presente en entrenamientos, sesiones de vídeo, preparación de partidos, reuniones y diferentes dinámicas internas del equipo.

«Ha sido una experiencia brutal. Es otro rollo».

Así lo resumió.

Diez días dentro de una organización NBA observando cómo trabaja uno de los staffs del baloncesto más poderoso del mundo.

Y unas semanas después, otro avión.

Destino: Ibiza.

De Las Vegas a Sa Pedrera

El contraste resulta difícil de superar.

Hace unas semanas Boris Balibrea estaba en Las Vegas trabajando durante la Summer League alrededor de una franquicia NBA.

Ahora está en el pabellón Siroko Sa Pedrera preparando una temporada de Segunda FEB.

Pero seguramente ahí reside buena parte de la historia.

Balibrea nunca ha construido su carrera siguiendo una línea convencional.

Salió de España muy joven. Creció en Suecia. Fue dos veces entrenador del año. Entró en la selección de aquel país. Dio el salto a Polonia. Ganó una competición internacional. Perdió trabajos. Volvió a empezar. Visitó entrenamientos. Estudió. Llegó durante diez días hasta el universo NBA.

Y ahora ha elegido Sant Antoni.

No para continuar aprendiendo únicamente.

También para intentar ganar.

La puerta que lleva tres años sin abrirse

Porque Balibrea no aterriza en cualquier proyecto.

Llega a un club que lleva tres temporadas viendo exactamente el mismo lugar.

La puerta de Primera FEB.

El Class ha alcanzado durante tres campañas consecutivas la eliminatoria definitiva por el ascenso.

Y las tres veces se ha quedado fuera.

La última resultó especialmente cruel. Después de perder por 19 puntos en Sevilla ante Caja 87, Sa Pedrera creyó durante muchos minutos en una remontada extraordinaria. El Class ganó la vuelta por 71-56 delante de unas 2.200 personas.

Faltaron cuatro puntos.

Otra vez la puerta.

Por eso resulta especialmente interesante escuchar ahora cómo habla Balibrea sobre lo que espera de su primera temporada en Ibiza.

«Espero disfrutar mucho, que compitamos mucho, que ganemos muchos partidos y que hagamos disfrutar mucho a nuestra gente. Y qué decir de nuestro objetivo, del sueño que todo seguidor del Class Bàsquet Sant Antoni espera esta temporada…».

No terminó la frase.

No hacía falta.

En Sant Antoni todos saben cuál es.

Antes de ganar, construir

El nuevo Class tendrá únicamente cinco jugadores que continúan de la pasada temporada y ocho caras nuevas.

Eso significa que Balibrea tendrá que empezar prácticamente por el principio.

Crear relaciones.

Repartir responsabilidades.

Introducir conceptos.

Conseguir que jugadores procedentes de países, clubes y estilos diferentes empiecen a reconocerse como un equipo.

Curiosamente, es algo muy parecido a lo que lleva haciendo durante buena parte de su carrera.

Construir.

Wetterbygden no estaba en la máxima categoría cuando llegó.

Umeå pasó de seis victorias a dieciocho y unas semifinales.

En Polonia consiguió competir y ganar con proyectos que no estaban entre los mayores presupuestos.

Ahora tiene otro grupo delante.

Y una afición que lleva demasiado tiempo esperando.

Primero padre. Después marido. Luego entrenador

Boris Balibrea tiene 38 años y lleva prácticamente media vida sentado en un banquillo.

Barcelona, Tíjola, diferentes proyectos españoles, Suecia, Polonia, una selección absoluta, una competición internacional y hasta una pequeña inmersión en la NBA.

Ahora, Ibiza.

Pero cuando tuvo que explicar quién era a sus nuevos aficionados no empezó contando nada de eso.

«Soy padre de Maxwell y Giselle, marido de Abi…».

Después apareció el entrenador.

Trabajo.

Sacrificio.

Pasión.

Compañerismo.

No rendirse.

Familia.

Diversión.

Respeto.

Y finalmente dejó flotando aquello que nadie necesita pronunciar en Sa Pedrera.

«Treballarem de valent, lluitarem fins al final i intentarem fer gaudir a la nostra afició».

Hace casi veinte años, Boris Balibrea salió de casa siendo prácticamente un adolescente para intentar encontrar su sitio en un banquillo.

Ha recorrido media Europa, ha ascendido, ha sido dos veces entrenador del año en Suecia, ha dirigido en una de las ligas más exigentes del continente, ha levantado un título internacional y este verano llegó hasta Las Vegas.

Ahora su mapa señala Sant Antoni.

Y delante tiene una puerta que este club conoce demasiado bien.

Tres veces el Class llegó hasta ella. A Boris Balibrea le toca intentar abrirla.

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