El Class Sant Antoni incorpora a Lamin Dibba, el gigante que frustró el ascenso y ahora quiere llevar a los ibicencos a Primera FEB

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Hace apenas unas semanas defendía los colores del equipo que rompió el sueño del Class Sant Antoni. Hoy, ese mismo jugador vestirá de rojo y negro con un objetivo muy diferente: ayudar a que el ascenso no vuelva a escaparse.

Hay fichajes que se explican por sus números.

Y otros que se entienden simplemente recordando una eliminatoria.

El Class Bàsquet Sant Antoni ha encontrado músculo, centímetros y experiencia para su pintura con la incorporación de Lamin Dibba (Banjul, Gambia, 17 de julio de 1997), un pívot de 2,08 metros que llega procedente del Insolac Caja 87, precisamente el conjunto que dejó a los ibicencos sin el ansiado ascenso a Primera FEB el pasado curso.

La vida tiene estas curiosidades.

Quien hace apenas unas semanas defendía el aro sevillano será ahora uno de los encargados de proteger el de Sa Pedrera.

Y en Sant Antoni esperan que esa experiencia sirva precisamente para dar el último paso que la pasada temporada se resistió.

Del verdugo al aliado

La eliminatoria frente al Caja 87 todavía permanece muy presente entre la afición portmanyina.

Fue una serie intensa, física y tremendamente exigente, en la que cada rebote, cada bloqueo y cada balón dividido acabó teniendo un enorme valor.

En ese contexto apareció Lamin Dibba.

Quizá no fuera el jugador que más puntos anotó, pero sí uno de esos pívots que condicionan partidos sin necesidad de monopolizar el balón.

Su trabajo silencioso permitió al conjunto sevillano dominar muchos pequeños detalles que terminan inclinando las eliminatorias.

Ahora, el destino le sitúa en el otro lado.

Y eso no deja de ser un mensaje de ambición por parte del Class: reforzarse con jugadores que ya saben lo que significa competir —y ganar— en escenarios de máxima presión.

¿Quién es Lamin Dibba?

Nacido en Banjul (Gambia) y con nacionalidad deportiva también danesa, Dibba es un jugador que ha ido construyendo su carrera lejos de los focos, creciendo temporada tras temporada hasta convertirse en uno de los interiores más fiables de la categoría.

Su trayectoria en el baloncesto español comenzó en Girona, donde pasó por el CB Sant Narcís antes de incorporarse a la estructura del Bàsquet Girona, el club impulsado por Marc Gasol. Allí llegó incluso a debutar en la entonces LEB Oro (actual Primera FEB), una experiencia que le permitió convivir con un nivel competitivo superior y acelerar su crecimiento.

Posteriormente encontró continuidad en el Sol Gironès Bisbal Bàsquet, donde explotó definitivamente. En la temporada 2024-25 firmó unos números que llamaron la atención de media categoría: 9,2 puntos, 9,1 rebotes y 1,9 tapones de media, convirtiéndose en uno de los interiores más dominantes de Segunda FEB.

Ese rendimiento le abrió las puertas del ambicioso Caja 87 de Sevilla, proyecto diseñado para pelear por el ascenso.

Y allí volvió a demostrar que sabe aceptar un rol diferente.

Aunque sus minutos descendieron, siguió siendo un jugador tremendamente eficiente: disputó 32 encuentros, promediando 5,1 puntos, 4,2 rebotes y 1,1 tapones, con un excelente 62% de acierto en tiros de campo.

Un perfil que Boris Balibrea conoce perfectamente

El entrenador del Class no necesitaba vídeos para saber quién era Lamin Dibba.

Lo sufrió enfrente.

Y probablemente eso haya pesado mucho a la hora de dar el visto bueno a su incorporación.

Porque Dibba no es un jugador espectacular.

Es un jugador tremendamente útil.

Uno de esos pívots que mejoran a todo el equipo.

Corre la pista con facilidad pese a sus 2,08 metros, protege el aro, cambia muchos lanzamientos rivales simplemente con su presencia y convierte cada rebote en una pequeña batalla.

No necesita quince tiros para sentirse importante.

Su influencia aparece en acciones que muchas veces ni siquiera terminan en las estadísticas.

Un bloqueo bien puesto.

Una ayuda defensiva.

Un rebote ofensivo que concede una segunda posesión.

Un tapón que cambia la dinámica de un partido.

Ese tipo de baloncesto también gana campeonatos.

¿Cómo juega Lamin Dibba?

Quien espere un pívot moderno que viva abierto en la línea de tres se equivocará.

Su territorio está mucho más cerca del aro.

Dibba es un cinco de los de toda la vida.

Potente físicamente.

Muy largo de brazos.

Intimidador.

Capaz de finalizar con solvencia cerca del tablero gracias a su enorme porcentaje de acierto, siempre por encima del 60% en las dos últimas temporadas.

Su principal virtud aparece en defensa.

Es un jugador que ocupa muchísimo espacio.

Obliga a modificar tiros.

Protege la pintura.

Y ofrece una seguridad enorme en el rebote defensivo.

Además, posee una movilidad superior a la habitual en jugadores de su estatura, algo que le permite defender situaciones de bloqueo directo sin quedar expuesto.

No es casualidad que, en la última campaña, promediara más de un tapón por encuentro, una cifra que refleja perfectamente su capacidad intimidatoria.

Lo que puede esperar la afición del Class

Quizá Lamin Dibba no sea el jugador que aparezca cada jornada en los resúmenes con 25 puntos.

Pero sí puede convertirse en uno de esos fichajes que todo entrenador desea tener.

Porque aporta equilibrio.

Porque hace mejores a los compañeros.

Porque ofrece presencia física en una categoría donde dominar las zonas sigue siendo fundamental.

Y porque llega después de haber vivido una temporada de máxima exigencia en un equipo construido para ascender.

El Class llevaba tiempo buscando centímetros, fortaleza y experiencia para reforzar su juego interior.

Con Dibba incorpora exactamente eso.

Un jugador acostumbrado al contacto.

Al trabajo sucio.

A competir.

Y a ganar.

Un mensaje claro del nuevo proyecto

Con este movimiento, el Class Sant Antoni vuelve a enviar un mensaje al resto de aspirantes.

El objetivo continúa siendo el mismo.

Pelear por regresar a la Primera FEB.

Y hacerlo aprendiendo de lo sucedido hace apenas unos meses.

Resulta curioso que uno de los jugadores que contribuyó a cerrar la puerta del ascenso sea ahora uno de los encargados de intentar abrirla.

En el deporte, pocas historias tienen tanta fuerza como las segundas oportunidades.

Y la de Lamin Dibba y el Class Bàsquet Sant Antoni acaba de comenzar.

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