El Class Bàsquet Sant Antoni ya está donde quería estar: en la gran final por el ascenso a Primera FEB. El conjunto ibicenco volvió a derrotar al CB Morón en Sa Pedrera (75-68) y cerró una eliminatoria que terminó convertida en una batalla emocional, física y también caliente por momentos.
Pero el Class volvió a responder como lo hacen los equipos grandes: compitiendo, resistiendo y golpeando cuando tocaba.
El conjunto dirigido por Josep Maria Berrocal defendía en Ibiza el enorme golpe que había dado una semana antes en Andalucía, pero desde el salto inicial quedó claro que el Morón no pensaba regalar absolutamente nada. Los sevillanos salieron al límite, jugando cada balón como si fuese el último y tratando de llevar el partido a un terreno incómodo.
Y durante muchos minutos lo consiguieron.
El encuentro tuvo más tensión que brillo. Más contactos que ritmo. Más protestas que baloncesto. Pero incluso dentro de ese escenario bronco apareció una vez más la personalidad competitiva de este Class que lleva semanas transmitiendo sensación de equipo preparado para algo grande.
Nikola Zizic volvió a dominar la pintura como un auténtico gigante. El pívot montenegrino firmó otra actuación descomunal, imponiéndose en ambos aros y dejando claro que atraviesa el mejor momento de toda la temporada. A su lado apareció un Dani de la Rúa imperial, eléctrico y competitivo, castigando continuamente al Morón con su talento ofensivo y manejando el partido con personalidad de líder.
El ambiente terminó explotando en el segundo cuarto. Un encontronazo duro sobre De la Rúa provocó una tangana tremenda sobre el parquet y encendió todavía más a un Sa Pedrera que no olvida lo ocurrido hace dos temporadas frente al propio Morón. El pabellón rugió como en las grandes noches y el partido entró definitivamente en un clima de máxima tensión.
Pero incluso ahí el Class mantuvo la cabeza fría.
Los ibicencos siguieron controlando el marcador y gestionando perfectamente la eliminatoria, aprovechando además la enorme renta conseguida en el encuentro de ida. El Morón empujaba más con orgullo que con baloncesto mientras el equipo de Berrocal respondía desde la madurez competitiva.
En la segunda mitad, el conjunto pitiuso terminó de manejar el partido con oficio. Sin necesidad de exhibiciones. Sin acelerarse. Entendiendo perfectamente qué necesitaba el encuentro en cada momento. El Class nunca perdió realmente el control y fue dejando pasar los minutos hasta certificar una clasificación histórica.
Sa Pedrera acabó celebrando otra noche enorme.
Porque el Class Sant Antoni ya está otra vez en la final. La tercera consecutiva. Y esta vez la sensación es distinta. Este equipo transmite hambre, solidez y la convicción de que el ascenso ya no es solo un sueño lejano.
Ahora espera el Caja 87.
Y el baloncesto ibicenco vuelve a mirar de frente a la Primera FEB.



















































































