El Ibiza ya tiene discurso: hambre, regularidad y una palabra que nadie quiere esconder

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Genaro Rodríguez y Josep Calavera han puesto voz a una UD Ibiza prácticamente reconstruida desde cero. A cuatro días del estreno liguero ante el Antequera, sus palabras dejan tres conceptos que explican bastante bien el momento del nuevo proyecto: hambre, regularidad y ascenso. Míchel Sanz pidió lo primero cuando llegó, Calavera señala lo segundo como una de las claves y lo tercero ya nadie lo esconde.

Hasta ahora conocíamos al nuevo Ibiza por lo que hacía.

Presionar arriba. Buscar campo contrario. Marcar. Ganar cinco partidos de pretemporada. Empatar el último. Probar futbolistas. Repartir minutos.

Este miércoles hemos conocido algo diferente.

Cómo empieza a pensar.

Genaro Rodríguez y Josep Calavera han puesto voz a un vestuario prácticamente nuevo y, escuchándolos, aparecen tres conceptos que seguramente expliquen bastante mejor este proyecto que cualquier resultado conseguido durante agosto.

Hambre. Regularidad. Ascenso.

Las tres palabras están relacionadas.

Pero el orden importa.

El hambre que pidió Míchel

Para entender la primera hay que regresar a junio.

Míchel Sanz acababa de aterrizar en Ibiza y prácticamente tenía que construir una plantilla desde cero. Entonces dejó una declaración que servía para entender qué tipo de futbolista pretendía incorporar.

No quería jugadores que llegasen de vuelta.

Quería gente con hambre.

Dos meses después, resulta significativo escuchar un concepto muy parecido desde dentro del vestuario.

Genaro habla de un grupo prácticamente nuevo, de futbolistas que han aterrizado en la isla con ilusiones renovadas y de un equipo en el que percibe precisamente eso: hambre.

Puede parecer una palabra más dentro del habitual lenguaje futbolístico.

Quizá no lo sea tanto.

Porque una cosa es que un director deportivo describa en junio el vestuario que pretende construir y otra que, terminado agosto, uno de sus jugadores utilice ese mismo concepto para explicar lo que se ha encontrado dentro.

Entre ambas declaraciones han ocurrido muchas cosas.

Y una reconstrucción enorme.

Casi todos empiezan desde cero

Ahí puede estar una de las peculiaridades de esta UD Ibiza.

No hay demasiada herencia.

Han llegado futbolistas de Primera y Segunda División, otros procedentes de Primera Federación, jugadores jóvenes con recorrido por delante y perfiles que ya saben perfectamente lo que significa pelear por ascender.

Pero casi todos tienen algo en común.

Acaban de llegar.

Eso tiene inconvenientes evidentes. Construir automatismos necesita tiempo. También crear jerarquías, conocer comportamientos y conseguir que un vestuario deje de ser una suma de futbolistas para convertirse en un equipo.

Pero Genaro encuentra también una ventaja.

Aquí casi nadie puede vivir de lo ocurrido anteriormente.

Las cartas se han vuelto a repartir.

Y cuando prácticamente todos necesitan demostrar algo, la competencia aumenta.

La pretemporada ha empezado a enseñar precisamente eso: Sanz no parece haber construido un once, sino una plantilla pensada para ofrecerle soluciones diferentes a Llona.

Ahora habrá que ver cómo responde cuando empiecen a existir titulares y suplentes.

Calavera pone otra palabra sobre la mesa

Josep Calavera mira hacia otro sitio.

Regularidad.

Probablemente sea una palabra mucho menos espectacular que ascenso.

Y posiblemente sea bastante más importante.

Porque Primera Federación es una categoría capaz de convertir una mala semana en tres, una derrota en dudas y un mes mediocre en una distancia difícil de recuperar.

Calavera sabe que el Ibiza tiene un objetivo ambicioso.

No lo esconde.

Pero coloca el foco en la necesidad de evitar altibajos.

Y ahí aparece una de las primeras grandes pruebas para el nuevo proyecto.

Este Ibiza ha sido capaz durante agosto de ganar de diferentes maneras.

Ha goleado.

Ha resuelto partidos cerrados.

Ha tenido que sufrir.

Ha jugado con diez.

Y también ha encontrado dificultades para hacer daño a un Mallorca B replegado en el último ensayo del verano.

Todo eso forma parte de la preparación.

Ahora deberá hacerlo durante meses.

Porque un equipo que quiere ascender no necesita ser extraordinario durante cinco jornadas. Necesita ser fiable durante 38.

Hay una palabra que nadie puede esconder

Y entonces llegamos a la tercera.

Ascenso.

Aquí el Ibiza tiene una particularidad.

No puede jugar a esconderse.

Míchel Sanz fue extraordinariamente claro cuando llegó al club. Quería construir un equipo preparado para subir a Segunda División.

No habló de permanencia.

Ni de temporada tranquila.

Ni siquiera se refugió en aquello de intentar estar arriba.

Marcó el destino.

Genaro y Calavera conocen perfectamente esa exigencia.

Los dos admiten que saben cuáles son las expectativas que existen alrededor del equipo.

Y es lógico.

Basta mirar algunos de los futbolistas incorporados durante el verano para comprender que el Ibiza no se ha reconstruido pensando simplemente en mejorar la temporada anterior.

Curbelo.

Lazo.

Manu Justo.

Genaro.

Calavera.

Víctor García.

Jugadores con experiencia en categorías superiores y, en varios casos, con ascensos en su currículum.

A ellos se han unido apuestas más jóvenes como Pablo Busto y otros futbolistas que buscan dar un salto en su carrera.

No hace falta que nadie coloque un cartel en el vestuario.

Todos saben para qué se ha construido este equipo.

El verdadero reto quizá esté en la cabeza

Y aquí empieza la parte complicada.

Porque tener como objetivo el ascenso es sencillo en agosto.

Soportarlo durante diez meses es otra cosa.

Habrá una primera derrota.

Quizá lleguen dos seguidas.

Habrá algún partido horrible.

Fichajes importantes que no jugarán.

Futbolistas que atravesarán malos momentos.

Un domingo Can Misses puede aplaudir y siete días después puede aparecer el murmullo.

Eso también forma parte de una temporada construida alrededor de una expectativa alta.

Por eso las palabras de Calavera sobre la regularidad adquieren sentido.

El Ibiza no solamente tendrá que competir contra los otros equipos de su grupo.

Tendrá que competir contra su propia obligación de estar arriba.

Y ahí quizá esté uno de los trabajos más importantes de Llona.

Conseguir que el objetivo esté siempre presente sin permitir que se convierta en una mochila.

Primero Antequera

La primera oportunidad para comprobarlo llegará este domingo.

Antequera.

El Maulí.

Primera jornada.

Tres puntos.

Nada más.

Y seguramente esa última frase sea importante.

Porque el domingo el Ibiza no puede ascender.

Tampoco puede perder el ascenso.

Puede ganar.

Empatar.

O perder.

Después quedarán otras 37 jornadas.

Ese equilibrio entre ambición y paciencia será fundamental para un proyecto construido con una exigencia evidente.

Saber dónde quieres llegar sin intentar llegar allí en septiembre.

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Genaro y Calavera ya conocen este fútbol

También ayuda que quienes verbalizan ese discurso no sean precisamente recién llegados al fútbol sénior.

Genaro Rodríguez acumula una larga trayectoria en el fútbol profesional. Ha pasado por clubes como Sevilla Atlético, Albacete, Málaga o Deportivo de La Coruña antes de incorporarse al proyecto celeste.

Calavera también conoce bien la categoría y diferentes contextos competitivos después de una carrera que le ha llevado por estructuras como las del Nàstic, Atlético de Madrid, Castellón, Deportivo o Lugo.

No hablan desde la teoría.

Saben cómo cambia una temporada.

Y saben que las plantillas que parecen extraordinarias en agosto pueden no parecerlo tanto en diciembre.

Quizá por eso ninguno convierte públicamente el ascenso en una carrera de cien metros.

El objetivo está allí.

Pero primero hay que construir el camino.

Y el equipo todavía puede cambiar

Mientras Llona prepara Antequera, además, Míchel Sanz sigue jugando su último partido del verano.

El mercado permanece abierto.

Y el director deportivo ha confirmado este miércoles que todavía habrá más incorporaciones, aunque no ha querido concretar públicamente las posiciones que pretende reforzar.

Es un detalle importante.

Porque significa que el Ibiza que hemos visto durante la pretemporada todavía no es necesariamente el definitivo.

Víctor García ha sido el último en incorporarse. El lateral izquierdo era una opción que la dirección deportiva venía trabajando y finalmente ha terminado aterrizando en la isla después de esperar sus posibilidades en el fútbol profesional.

Puede no ser el último.

Y en los últimos días de mercado todo cambia muy rápido.

Aparecen cesiones.

Jugadores que descubren que no tendrán sitio en Segunda.

Clubes que necesitan liberar fichas.

Operaciones que durante julio eran imposibles empiezan a ser negociables.

El Ibiza ya tiene prácticamente construido el edificio.

Ahora Sanz busca los últimos detalles.

Después solo quedará el fútbol

Cuando cierre el mercado desaparecerá una de las grandes distracciones del verano.

No habrá más posibles fichajes.

Ni rumores.

Ni reconstrucción.

Ni pretemporada.

Quedará lo único que termina decidiendo todos los proyectos.

El balón.

Y entonces podremos empezar a comprobar si las tres palabras pronunciadas alrededor del Ibiza durante estos días realmente están conectadas.

Hambre para competir.

Regularidad para mantenerse.

Ascenso como destino.

El orden importa.

Mucho.

Porque intentar saltarse las dos primeras para llegar directamente a la tercera suele terminar bastante mal.

El Ibiza ya tiene discurso

Durante todo el verano hemos intentado descubrir qué equipo estaba construyendo Raúl Llona.

Ahora empezamos a conocer algo más.

Qué piensa el vestuario.

Genaro habla de hambre.

Calavera pide regularidad.

Míchel Sanz no esconde desde hace meses hacia dónde quiere llevar al club.

Y el mercado todavía puede añadir alguna pieza más.

El domingo desaparecerán las declaraciones.

Ya no habrá que explicar qué Ibiza quiere construir Llona ni qué plantilla imaginó Sanz.

Habrá un balón.

Antequera enfrente.

Y tres puntos.

El nuevo Ibiza ya sabe perfectamente lo que quiere.

Ahora empieza algo bastante más difícil.

Aprender a soportar durante 38 jornadas la presión de tener que conseguirlo.

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