La Peña Deportiva vuelve a Segunda Federación después de un ascenso inolvidable, pero el verdadero desafío empieza ahora. Con un presupuesto limitado, el problema añadido de la vivienda en Ibiza y rivales con mayores recursos, Ramiro González ha construido una plantilla con una idea reconocible: conservar lo que funcionó, recuperar viejos conocidos y reducir al máximo el margen de error.
Hay clubes que pueden permitirse equivocarse con un fichaje. La Peña Deportiva, probablemente, no.
El ascenso devolvió la alegría al Municipal de Santa Eulària y cerró una temporada larguísima de la mejor manera posible. Pero mientras todavía quedaban celebraciones pendientes, la Peña ya se encontraba ante un problema bastante menos atractivo: construir en pocas semanas un equipo capaz de sobrevivir en Segunda Federación.
Y hacerlo desde Ibiza.
Ramiro González lo explicó después del ascenso en una entrevista en Onda Cero Ibiza. El técnico habló abiertamente de dos condicionantes que acompañarían al club durante el verano: el presupuesto y la vivienda. La Peña tendría que competir en el mercado contra proyectos con mayor capacidad económica y, además, convencer a futbolistas de que venir a la isla también era viable fuera del campo.
Había otra dificultad. El playoff terminó tan tarde que muchos rivales llevaban semanas trabajando en sus plantillas cuando en Santa Eulària todavía estaban saboreando el ascenso.
Dos meses después, la Peña está prácticamente construida.
Y cuando se observa cómo se ha hecho, aparece una idea bastante clara.
Nueve jugadores para no empezar de cero
La primera decisión fue conservar una parte importante del equipo que consiguió subir.
Mubarak Alhassan, Ander Montori, Ale Vera, Salinas, Marc Fraile, Carlos Moreno, Samu Pinto, Lautaro y Nico Ortiz continuaron en el proyecto. Nueve futbolistas que conocen al entrenador, el vestuario y una manera de competir que terminó llevando a la Peña hasta Segunda Federación.
No todos tienen el mismo peso, pero algunos explican perfectamente la apuesta por la continuidad.
Montori llega después de una temporada en la que sus goles resultaron fundamentales. Marc Fraile representa algo todavía más difícil de encontrar en el mercado: identidad. Afronta su quinta temporada consecutiva y la octava en total como jugador peñista.
Cuando un equipo asciende existe la tentación de pensar que todo lo nuevo será necesariamente mejor.
La Peña ha preferido conservar buena parte de aquello que la trajo hasta aquí.
Fichar a alguien que ya sabe dónde está la puerta
El mercado también deja pistas.
Edu Frías aparece oficialmente como una incorporación, aunque en Santa Eulària necesita pocas presentaciones. El guardameta regresa después de dos temporadas en la SD Ibiza y ya defendió anteriormente la portería de la Peña, con la que llegó a disputar un playoff de ascenso a Primera Federación.
Además, acumula más de un centenar de encuentros en Segunda Federación y experiencia en categorías superiores.
La operación reúne prácticamente todo lo que podía buscar la Peña: rendimiento conocido, experiencia en la categoría y adaptación inmediata a Ibiza.
Otros movimientos responden a una lógica parecida.
Juanmi Heredero conoce la isla por su etapa en la Penya Independent y lleva años recorriendo las categorías nacionales. Carlos Moreno ya había jugado en Ibiza antes de convertirse en una pieza importante del último ascenso. Samu Pinto tampoco necesita descubrir la exigencia de Segunda Federación.
Son jugadores diferentes, pero tienen algo en común.
Reducen incógnitas.
Y cuando el margen económico es pequeño, cada incógnita importa.
De Rumanía a Santa Eulària
Eso no significa que la Peña haya construido una plantilla únicamente con viejos conocidos.
Fran Callejón representa otro tipo de mercado. Formado en la UD Almería y con experiencia incluso en Segunda División, su carrera ha pasado por numerosos equipos del fútbol español antes de llevarle la pasada temporada hasta el CS Tunari de la segunda categoría rumana.
Ahora cambia Rumanía por Santa Eulària.
Más allá de lo llamativo del recorrido, su fichaje aporta algo especialmente valioso para un equipo con recursos limitados: polivalencia. Puede actuar en el centro del campo y también ofrecer soluciones defensivas.
Dani Sancho representa una apuesta diferente. A sus 24 años llega después de formarse en el entorno de Osasuna y haber pasado por Primera y Segunda Federación. Tiene juventud y margen de crecimiento, pero no necesita aprender desde cero cómo funciona este fútbol.
La Peña ha buscado experiencia sin convertir el vestuario en un equipo veterano.
El chico que tuvo que ganarse el contrato
Y después está Jules Nde Foutey.
Tiene 20 años, procede del Etzella Ettelbruck de Luxemburgo y afrontará su primera experiencia en España. Sobre el papel es probablemente una de las mayores incógnitas de la nueva plantilla.
Pero incluso aquí la Peña ha intentado reducir el riesgo.
El joven centrocampista comenzó la pretemporada trabajando con el equipo sin tener asegurada su incorporación. Ramiro y su cuerpo técnico pudieron observarlo durante semanas antes de que el club decidiera finalmente hacerle ficha.
Primero entrenó.
Después convenció.
Y finalmente se quedó.
En un verano condicionado por el dinero y por las dificultades para acceder a determinados futbolistas, encontrar una oportunidad de mercado también significa saber detectar algo que otros todavía no han visto.
El rival que no aparece en el calendario
Hay una razón que ayuda a entender todas estas decisiones.
La Peña juega contra 17 equipos en Segunda Federación, pero durante el verano ha tenido otro adversario que no aparecerá en ninguna clasificación.
La vivienda.
Ramiro reconoció en Onda Cero Ibiza que encontrar alojamiento condiciona la llegada de futbolistas. Una operación asumible para un club peninsular puede convertirse en otra cosa cuando al salario hay que añadir las dificultades y el coste de instalarse en Ibiza.
No es una excusa. Es una particularidad del mercado peñista.
Y probablemente explique por qué conocer la isla tiene valor, por qué mantener el bloque resulta importante y por qué cada oportunidad debe medirse especialmente bien.
La Peña no puede acudir al mercado con la misma capacidad que algunos de sus rivales.
Tiene que encontrar otras ventajas.
De construir a competir
Dos meses después de aquella entrevista posterior al ascenso, el discurso de Ramiro González ya ha cambiado.
El entrenador volvió esta semana a los micrófonos de Onda Cero Ibiza y dejó una frase que define bastante bien el escenario que imagina:
«Cada partido va a ser una final semanal para nosotros».
La permanencia es el objetivo. Ramiro no vende otra cosa.
Asume que probablemente habrá que sufrir y quiere que el equipo entienda desde el principio que no existirán jornadas menores. También espera recuperar durante la temporada algo que apareció con mucha fuerza durante el playoff: la conexión entre la grada y los jugadores.
El Municipal terminó siendo una de las armas del ascenso. Ahora el técnico quiere que la afición vuelva a reconocerse en un equipo sacrificado, honrado y competitivo, independientemente del tamaño del rival que tenga enfrente.
En junio tocaba construir.
Ahora toca competir.
Y entre ambos momentos aparece una plantilla que explica bastante bien cómo pretende hacerlo la Peña.
No hay una revolución de grandes nombres. Hay nueve supervivientes del ascenso, futbolistas que conocen la categoría, jugadores que ya saben lo que significa vivir en Ibiza, experiencia llegada incluso desde Rumanía y un joven luxemburgués que tuvo que demostrar durante semanas que merecía quedarse.
Una mezcla diseñada, sobre todo, para llegar preparada al primer golpe.
Ahora vienen las finales
Cuando comience la Liga desaparecerá todo lo demás.
Dará igual quién regresó, quién jugó en Rumanía, quién conoce cada rincón del Municipal o quién llegó desde Luxemburgo.
Habrá puntos.
Y ahí tendrá que demostrar la Peña si su plan funciona.
Ramiro ya ha advertido de que espera una temporada de sufrimiento. Seguramente habrá rivales con mejores presupuestos, plantillas más profundas y mayores posibilidades para acudir al mercado cuando aparezcan problemas.
La Peña tendrá otras armas.
Conservar a quienes saben lo que costó subir. Recuperar a quienes conocen la casa. Añadir experiencia. Buscar jugadores capaces de ocupar varias posiciones. Y apostar cuando aparece una oportunidad.
No garantiza absolutamente nada.
Pero sí revela una forma de afrontar el regreso a Segunda Federación.
Porque si realmente cada fin de semana será una final, como dice Ramiro González, Santa Eulària necesitará un equipo acostumbrado a vivir al límite.
Y en una temporada así hay algo que la Peña no puede permitirse demasiado:
equivocarse.








































