La obsesión de Raúl Llona: vivir donde otros tienen miedo

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Llona

El técnico riojano quiere construir en Can Misses un equipo dominador, agresivo y valiente, una manera de entender el fútbol que guarda ciertas similitudes con su propia carrera. Llona sabe lo que significa crecer desde abajo, soportar durante meses la presión de un ascenso, tocar el cielo y perder el banquillo apenas unos meses después. Ahora empieza de nuevo en Ibiza.

Raúl Llona no parece demasiado interesado en que sus equipos estén cómodos.

Quiere que jueguen arriba.

Que tengan el balón.

Que presionen.

Que vuelvan a presionar.

Que vayan al duelo.

Que acepten el riesgo de dejar metros detrás.

Y, sobre todo, que no tengan miedo.

Quizá para entender al nuevo entrenador de la UD Ibiza haya que empezar precisamente ahí. No en un sistema táctico ni en un 4-2-3-1 dibujado sobre una pizarra. Hay que mirar algo más profundo: la manera en la que Llona entiende la competición.

Porque detrás del técnico que ahora pide valentía a sus futbolistas hay una carrera construida prácticamente de la misma manera.

Sin atajos.

Con golpes.

Con paciencia.

Y volviendo siempre a empezar.

«No me vale con lo que tengo»

Hay una frase pronunciada por Llona durante su presentación con la UD Ibiza que probablemente explica bastante bien al personaje.

«Quiero crecer. Quiero aspirar a seguir mejorando. No me vale con lo que tengo y sigo peleando por intentar mejorar».

No parece una frase escogida únicamente para quedar bien en una presentación.

Su trayectoria ayuda a entenderla.

Llona no llegó a los grandes banquillos empujado por una carrera brillante como futbolista internacional. Nacido en Logroño en 1976, pasó buena parte de sus años como jugador recorriendo ese fútbol que apenas aparece en los grandes focos: Logroñés, Manchego, Mensajero, Talavera, Real Unión o Calahorra.

Después ocurrió prácticamente lo mismo desde el banquillo.

UD Logroñés, SD Logroñés, Anguiano, la estructura del Alavés, San Ignacio, Alavés B, otra vez SD Logroñés…

Escalón a escalón.

Hasta llegar a la Cultural Leonesa.

Y allí cambió todo.

Su fútbol también habla de él

Llona ha explicado con bastante claridad qué quiere encontrar ahora en Ibiza.

Con balón pretende un equipo dominador, asociativo y capaz de asumir la iniciativa.

Sin él quiere otra cosa.

Agresividad.

Valentía.

Jugar en campo contrario.

Ir arriba.

Aceptar los duelos.

No tener miedo.

Las primeras semanas de pretemporada ya han dejado algunas pequeñas pistas de esa idea. Incluso el periodista Víctor Sancho, después de seguir desde Can Misses el amistoso ante la SD Ibiza, destacó la insistencia del técnico para que sus futbolistas no desconectaran de la presión y fueran capaces de repetir esfuerzos para impedir la salida del rival.

No basta con presionar una vez.

Hay que hacerlo otra.

Y otra.

Puede parecer únicamente una cuestión táctica, pero también existe un componente mental.

Presionar arriba significa aceptar que algo puede salir mal.

Si un futbolista abandona su posición para saltar sobre un adversario, deja algo detrás. Si pierde el duelo, alguien tendrá que corregirlo. Si el equipo llega tarde, aparecen espacios.

Llona parece preferir convivir con ese riesgo antes que esperar a que las cosas ocurran.

Quiere provocar el partido.

38 jornadas con alguien persiguiéndote

Pero para conocer realmente al entrenador de la UD Ibiza hay que regresar a León.

Temporada 2024/25.

La Cultural comenzó el campeonato en lo más alto y convirtió el liderato en su hábitat durante toda la temporada.

Ser primero en septiembre resulta agradable.

Serlo cuando llega el invierno empieza a ser diferente.

Y mantenerse arriba cuando aparece la primavera significa convivir diariamente con una presión enorme.

Cada jornada existe alguien esperando tu tropiezo.

Cada empate genera dudas.

Cada derrota parece abrir una crisis.

Y cuanto más cerca está el objetivo, más miedo aparece a perderlo.

La Cultural terminó proclamándose campeona del Grupo 1 de Primera Federación y consiguió el ascenso a Segunda.

Llona había alcanzado el fútbol profesional desde el banquillo.

Pero el camino no fue emocionalmente sencillo.

El día que solo pudo decir «por fin»

Cuando finalmente llegó el ascenso, después de meses soportando la presión, Llona dejó una reacción tremendamente humana.

«Por fin».

Dos palabras.

Nada de discursos grandilocuentes.

Nada de presentarse como el entrenador que sabía desde agosto que aquello terminaría ocurriendo.

Por fin.

Detrás había meses de trabajo, tensión, dudas y una clasificación que obligaba al equipo a convivir permanentemente con la responsabilidad de ser favorito.

El propio entrenador reconocería después que durante el encuentro definitivo también habían aparecido momentos de temor.

Porque los entrenadores tienen miedo.

Los jugadores también.

La diferencia está en qué hacen cuando aparece.

Y aquel equipo consiguió convivir con él hasta alcanzar el objetivo.

Cuatro meses después, todo había cambiado

El fútbol tiene una capacidad extraordinaria para reducir la distancia entre el cielo y el suelo.

Llona lo descubrió muy pronto.

El 24 de mayo de 2025 había conseguido devolver a la Cultural al fútbol profesional.

Cuatro meses después estaba fuera.

La aventura en Segunda comenzó mal. Después de seis jornadas, el equipo había conseguido cuatro puntos y ocupaba posiciones de descenso.

La Cultural decidió destituir al entrenador que unos meses antes había dirigido el ascenso.

Así funciona este deporte.

No existe demasiado tiempo para vivir del pasado.

Ni siquiera cuando el pasado ocurrió hace cuatro meses.

Las lágrimas también forman parte del entrenador

Su despedida ayuda a conocer otra parte del personaje.

Llona apareció ante los medios arropado por personas del club y terminó emocionándose al recordar a su familia y todo lo vivido durante sus más de dos temporadas en León.

No escondió que estaba atravesando un momento duro.

Pero tampoco transmitió arrepentimiento.

Se marchó asegurando que lo hacía con «la cabeza muy alta» y defendiendo algo especialmente significativo: seguía confiando en sus futbolistas, en su cuerpo técnico y en sí mismo.

Creía que todavía podía sacar adelante la situación.

No tuvo oportunidad de comprobarlo.

El fútbol había decidido otra cosa.

Y aquello, inevitablemente, pasó a formar parte de su mochila.

¿Qué aprende un entrenador cuando toca el cielo y después cae?

Aquí empieza quizá la parte más interesante de la historia.

No podemos saber exactamente qué ocurrió dentro de la cabeza de Raúl Llona después de su destitución.

Solo él lo sabe.

Pero sí conocemos lo que hizo después.

Volver.

Y elegir Ibiza.

No precisamente el lugar más tranquilo para reconstruir una carrera.

La UD Ibiza es un club con ambición, inversión y un objetivo reconocible: recuperar el fútbol profesional.

Además, el banquillo celeste ha demostrado históricamente ser un lugar de enorme exigencia.

Llona lo sabe.

De hecho, cuando en su presentación le preguntaron precisamente por la poca longevidad de los entrenadores en Ibiza, respondió de una manera bastante reveladora.

Lo veía como «una motivación».

Podría haber pedido paciencia.

Podría haber hablado de proyectos largos.

Podría haber esquivado la cuestión.

Eligió la palabra motivación.

Ibiza tampoco permite esconderse

Raúl Llona llega además a un vestuario profundamente renovado.

Eric Curbelo.

Pedro Ortiz.

Iker Varela.

Hugo San.

Manu Justo.

José Carlos Lazo.

Rareș Vlad.

Futbolistas jóvenes que quieren crecer mezclados con jugadores que saben perfectamente lo que significa competir en el fútbol profesional.

Y ahora todos tienen que convertirse en un equipo.

Ese probablemente será el gran desafío de Llona.

Porque fichar buenos jugadores no significa tener un buen equipo.

El entrenador tendrá que convencer a futbolistas con trayectorias, edades y situaciones completamente diferentes para que acepten una misma idea.

Y esa idea exige esfuerzo.

Especialmente sin balón.

La presión como declaración de intenciones

Los primeros amistosos no sirven para dictar sentencias.

Pero sí permiten encontrar detalles.

Llona corrige.

Habla.

Insiste.

Quiere al equipo arriba.

La pérdida del balón no parece significar el final de una jugada, sino el comienzo de otra: recuperarlo cuanto antes.

Ese tipo de fútbol necesita piernas.

Pero también convencimiento.

Porque resulta imposible realizar una presión agresiva si cinco futbolistas creen en ella y otros cinco dudan.

La presión es colectiva o no existe.

Y ahí aparecerá una de las grandes tareas psicológicas del entrenador.

Conseguir que todos crean.

Lazo puede ser una buena prueba

José Carlos Lazo representa un ejemplo interesante.

Llega después de una enorme trayectoria en el fútbol profesional, con experiencia en Primera y Segunda División y dos ascensos a la máxima categoría.

Su calidad está contrastada.

Pero Llona parece pedir algo más.

Repetición de esfuerzos.

Presión.

Implicación cuando el equipo no tiene el balón.

El encaje de jugadores de ese talento dentro de una estructura tan exigente permitirá descubrir hasta dónde está dispuesto a llevar Llona su idea.

Porque los principios futbolísticos resultan sencillos de explicar en una rueda de prensa.

Lo complicado es conseguir que once futbolistas los ejecuten cuando llevan 75 minutos corriendo.

El ascenso ya no es territorio desconocido

Existe, además, una diferencia importante respecto a muchos entrenadores que llegan a un proyecto como el de la UD Ibiza.

Llona ya sabe cómo se asciende desde Primera Federación.

Sabe lo que ocurre cuando faltan diez jornadas.

Cuando la clasificación empieza a consultarse después de cada partido.

Cuando un empate fuera de casa puede parecer bueno durante cinco minutos y malo cuando llegan los resultados de los rivales.

Cuando los futbolistas empiezan a escuchar hablar de finales.

Cuando la grada deja de mirar únicamente el partido y empieza a mirar el calendario.

Él ya estuvo ahí.

Y ganó.

Eso no garantiza absolutamente nada.

Pero proporciona experiencia.

El verdadero partido de Llona

La temporada de la UD Ibiza todavía no ha empezado.

Llegarán derrotas.

Habrá semanas en las que la presión no funcionará.

Fichajes que necesitarán tiempo.

Jugadores que reclamarán minutos.

Decisiones que nadie entenderá.

Y probablemente algún momento en el que el entorno vuelva a preguntar si este equipo está realmente preparado para ascender.

Ahí empezaremos a conocer al verdadero Raúl Llona.

No cuando gane tres partidos consecutivos.

Sino cuando pierda dos.

No cuando todos quieran jugar.

Sino cuando tenga que dejar fuera a alguien importante.

No cuando Can Misses aplauda.

Sino cuando aparezcan los primeros murmullos.

Porque gestionar un equipo construido para ganar significa también gestionar todo aquello que ocurre cuando no gana.

Jugar sin miedo

Quizá para entender a Raúl Llona haya que dejar de mirar durante unos segundos la pizarra.

Detrás del entrenador que pide presión alta, valentía y dominio existe un hombre que pasó años buscando su oportunidad.

Que recorrió campos alejados de los grandes focos.

Que fue creciendo desde abajo.

Que consiguió llegar a lo más alto de Primera Federación.

Que soportó durante meses la presión de ser el equipo perseguido.

Que terminó pronunciando un simple «por fin» cuando consiguió ascender.

Y que cuatro meses después tuvo que recoger sus cosas.

Ahora empieza otra vez.

En Ibiza.

Con una plantilla construida para mirar hacia arriba y con una afición que lleva demasiado tiempo esperando volver al fútbol profesional.

Llona quiere futbolistas que no tengan miedo a jugar lejos de su portería.

Que salten sobre el rival.

Que acepten equivocarse.

Y que cuando la primera presión falle estén preparados para intentarlo otra vez.

Quizá porque, salvando las distancias entre una carrera profesional y una idea táctica, su propio recorrido también ha tenido bastante de eso.

Ir hacia delante.

Caer.

Levantarse.

Y volver a presionar.

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