La Peña vuelve a levantar Santa Eulària

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A las diez menos cuarto de la noche ya no quedaba nadie sentado en el Municipal. Los niños corrían por el césped, los jugadores se abrazaban sin querer marcharse a los vestuarios y en la grada todavía sonaban cánticos de una afición que llevaba demasiado tiempo esperando una noche así.

La Peña Deportiva vuelve a Segunda RFEF.

Dicho así parece una noticia más. Pero en Santa Eulària saben que hay mucho detrás de esas cinco palabras.

Hace apenas un año el club sufría uno de los golpes más duros de los últimos tiempos con el descenso de categoría. Para una entidad que lleva más de nueve décadas formando parte de la vida del municipio, perder el sitio que se había ganado en el fútbol nacional fue un golpe difícil de digerir.

Sin embargo, la Peña nunca dejó de mirar hacia arriba.

La temporada comenzó con la obligación de ascender. En un club como éste no había otro objetivo posible. Pero los ascensos nunca son sencillos. Hubo momentos de dudas, semanas complicadas y decisiones importantes. Una de ellas llegó a finales de marzo, cuando la directiva decidió relevar a Raúl Garrido y apostar por Ramiro González para intentar dar un impulso al equipo.

Ramiro aterrizó en un vestuario que ya tenía calidad, pero al que le faltaba recuperar la confianza. Y poco a poco fue construyendo algo que acabó siendo decisivo: un grupo unido.

Ayer, después de la goleada al Arenas de Armilla, el técnico alicantino apenas habló de sí mismo. Prefirió señalar a los futbolistas. Dijo sentirse orgulloso de ellos y recordó una frase que resume perfectamente lo que ha sido esta Peña: sin los jugadores, los entrenadores no son nada.

Y es difícil discutirle.

Porque cuando el partido se complicó y el Arenas igualó el gol inicial de Salinas, la Peña respondió como lo hacen los equipos que creen en lo que hacen. Julen abrió el camino tras el descanso y, en apenas unos minutos de locura, Samu Pinto y Montori pusieron patas arriba el Municipal. El ascenso dejó de ser una posibilidad para convertirse en una realidad que ya nadie podía arrebatar.

Pero esta historia tampoco se entiende sin la gente.

El sábado el Municipal presentó una imagen que hacía tiempo que no se veía. Más de mil aficionados llenaron las gradas y empujaron al equipo desde el calentamiento hasta el último pitido.

Había jóvenes que nunca habían visto un ascenso de la Peña. Había veteranos que recordaban otros tiempos. Había familias enteras vestidas de blanco. Y había una sensación compartida: la de estar viviendo algo importante para el pueblo.

Entre quienes más sufrieron estuvo Ana María Mateu. La presidenta peñista, la primera mujer que ocupa el cargo en los más de 90 años de historia del club, vivió el partido con los nervios propios de quien lleva mucho tiempo trabajando por este proyecto.

Cuando terminó el encuentro bajó al césped como una aficionada más. Porque ayer no era día de protocolos ni de despachos. Era día de celebrar.

Y había motivos.

La Peña Deportiva no sólo recupera la categoría perdida hace un año. También devuelve a Santa Eulària al mapa del fútbol nacional y se convierte en el único representante pitiuso en Segunda RFEF la próxima temporada.

Para muchos será simplemente un ascenso.

Para Santa Eulària es bastante más.

Es la recompensa a una temporada de esfuerzo. El premio a una afición que nunca dejó de acudir al Municipal. El resultado del trabajo de una directiva que siguió creyendo cuando llegaron las dudas.

Y es, sobre todo, la demostración de que algunos clubes son mucho más que un equipo de fútbol.

La Peña es uno de ellos.

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