En Santa Eulària, el deporte no es un añadido, sino un pilar. El Ayuntamiento ha decidido redoblar su apuesta por la actividad física y el tejido deportivo local con una inversión decidida: 127.000 euros destinados a dar músculo al deporte base y a fortalecer las estructuras que lo sustentan. No es una simple cifra sobre el papel, sino un compromiso firme con la salud, la educación en valores y el dinamismo social de un municipio que cree —y mucho— en lo que ocurre más allá del marcador.
El acuerdo no se limita a una inyección económica. La estrategia municipal contempla también la cesión de instalaciones deportivas públicas, una medida que tiene más calado del que aparenta. Gracias a ello, 26 clubes y asociaciones podrán desarrollar sus actividades sin tener que afrontar los costes imposibles de levantar sus propias infraestructuras. Entrenar y competir en condiciones dignas ya no será un privilegio, sino un derecho accesible para centenares de deportistas.
La lista de entidades beneficiadas es tan diversa como el propio panorama deportivo del municipio. Desde históricos como la Peña Deportiva o el Club Náutico Santa Eulalia, hasta especialidades menos mediáticas pero igual de vitales como el tiro con arco, la petanca o el billar. Todos caben en este impulso colectivo que entiende el deporte como una herramienta de cohesión, formación y bienestar.
En total, 19 clubes recibirán apoyo económico directo. Entre ellos, nombres que laten en el corazón de cada barrio: el CD Puig d’en Valls, el Atlético Jesús, el Santa Eulària HC, los Llops d’Eivissa o el Club Taekwondo-Bamchun. Cada uno con su identidad, su esfuerzo diario y su apuesta por formar a jóvenes que encuentran en el deporte un espacio de crecimiento personal y colectivo.
El papel de las federaciones también tiene su hueco en este esquema. La Federació Balear de Tir amb Arc o la Asociación de Tiro Olímpico de Ibiza, por ejemplo, podrán seguir impulsando una práctica muchas veces ignorada, pero que exige tanto rigor y disciplina como las más populares. Lo mismo sucede con entidades como la ADDIF, que trabaja con personas con discapacidad, mostrando que el deporte también es inclusión, superación y equidad.
Más allá de los números, este movimiento tiene una lectura clara: Santa Eulària no quiere dejar a nadie en la banda. El modelo es integrador, abierto, descentralizado. No se concentra en una élite ni busca titulares fáciles. Aquí no se habla de fichajes millonarios ni de estadios de luces cegadoras. Aquí el protagonismo lo tienen los campos de tierra, las canchas escolares, las pistas polideportivas y el esfuerzo invisible de entrenadores, madres, padres y voluntarios.
El deporte base no da portadas, pero construye sociedades. El Ayuntamiento lo ha entendido y ha actuado en consecuencia. Porque invertir en deporte es invertir en valores, en salud, en comunidad. Y porque, al final, los títulos más importantes no se cuelgan en vitrinas, sino en las biografías de quienes, gracias a estos apoyos, aprenden a jugar limpio dentro y fuera del campo.
En tiempos donde lo urgente suele devorar lo importante, Santa Eulària ha optado por lo segundo. Y lo ha hecho con 127.000 motivos que, más allá de su valor económico, tienen un peso simbólico incuestionable.



















































































