Por Pablo Sierra del Sol

Amadeo Salvo y Ángel Torres se reencontraron en Can Misses en un playoff de ascenso a Segunda B. En un estadio que quiere volver al fútbol profesional y que pide a gritos una reforma (los desconchones de las paredes de la grada vieja y la suciedad que lleva pegada a las butacas de la grada nueva dan fe de ello), el que fuera presidente del Valencia y el que sigue siéndolo del Getafe se dieron la mano antes de un encuentro que sufrieron desde el palco. Porque la falta de goles no deja satisfecho a nadie. Ni a los dos millares y pico de ibicencos que acudieron al campo ni a los cinco aficionados getafenses que se tragaron tres horas de espera en Barajas para acompañar a su filial a las Pitiusas. Y, encima, les hizo mal tiempo al aterrizar en la isla.

Afortunadamente para el juego, la lluvia se recogió según avanzó la mañana y la afición local no faltó a la cita del domingo con la Unión Deportiva Ibiza. El playoff le ha abierto a muchos el apetito por el buen fútbol. Aunque el partido que se almorzaron contra el Getafe B no fuera un cinco jotas, ya tenía otro aspecto. El de una categoría más seria y atractiva. El ascenso decidirá si subir a Can Misses en masa se convierte en rutina. La grada, teñida a tramos de celeste y rojo, con bufandas, banderas -incluida alguna de la isla de Ibiza- y varios bombos, tiene obsesión por la división de bronce, el techo de cristal del fútbol ibicenco.

La perspectiva de una Tercera con cinco equipos pitiusos (San Rafael, Formentera, Peña, UD Ibiza, si no sube, y CD Ibiza, si consuma el ascenso el próximo domingo contra el Andratx) podría llevar a más de un futbolero a cortarse la coleta y quedarse en casa viendo la Premier por la tele. Más allá de la abundancia de derbis y del morbo que produce cortarle la barba al vecino en esos enfrentamientos directos, parece imposible vender ilusión si los rivales son el Ferriolense o el Santa Catalina. Sobre todo en el caso de la UD Ibiza, un club totalmente profesionalizado que busca ponerle la guinda a una temporada difícil. Si lo logra, Can Misses promete ser una fiesta domingo tras domingo a partir del próximo septiembre.

La fiesta de Can Misses

Por Pablo Sierra del Sol Amadeo Salvo y Ángel Torres se reencontraron en Can Misses en un playoff de ascenso a Segunda B. En un estadio que quiere volver al fútbol profesional y que pide a gritos una reforma (los desconchones de las paredes de la grada vieja y la suciedad que lleva pegada a las butacas de la grada nueva dan fe de ello), el que fuera presidente del Valencia y el que sigue siéndolo del Getafe se dieron la mano antes de un encuentro que sufrieron desde el palco. Porque la falta de goles no deja satisfecho a nadie. Ni a los dos millares y pico de ibicencos que acudieron al campo ni a los cinco aficionados getafenses que se tragaron tres horas de espera en Barajas para acompañar a su filial a las Pitiusas. Y, encima, les hizo mal tiempo al aterrizar en la isla. Afortunadamente para el juego, la lluvia se recogió según avanzó la mañana y la afición local no faltó a la cita del domingo con la Unión Deportiva Ibiza. El playoff le ha abierto a muchos el apetito por el buen fútbol. Aunque el partido que se almorzaron contra el Getafe B no fuera un cinco jotas, ya tenía otro aspecto. El de una categoría más seria y atractiva. El ascenso decidirá si subir a Can Misses en masa se convierte en rutina. La grada, teñida a tramos de celeste y rojo, con bufandas, banderas -incluida alguna de la isla de Ibiza- y varios bombos, tiene obsesión por la división de bronce, el techo de cristal del fútbol ibicenco. La perspectiva de una Tercera con cinco equipos pitiusos (San Rafael, Formentera, Peña, UD Ibiza, si no sube, y CD Ibiza, si consuma el ascenso el próximo domingo contra el Andratx) podría llevar a más de un futbolero a cortarse la coleta y quedarse en casa viendo la Premier por la tele. Más allá de la abundancia de derbis y del morbo que produce cortarle la barba al vecino en esos enfrentamientos directos, parece imposible vender ilusión si los rivales son el Ferriolense o el Santa Catalina. Sobre todo en el caso de la UD Ibiza, un club totalmente profesionalizado que busca ponerle la guinda a una temporada difícil. Si lo logra, Can Misses promete ser una fiesta domingo tras domingo a partir del próximo septiembre.

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