Por Pablo Sierra del Sol

Un gol lo cambia todo. Si la Unión Deportiva Ibiza hubiera acertado una de las ocasiones que tuvo contra el Getafe B, las ráfagas de fútbol que ofreció el equipo de Rufete habrían parecido un huracán inapelable. Pero la pelota no entró. Ni cuando Terán convirtió un centro a Cirio en una rosca envenenada, ni cuando un testarazo de Abel obligó a estirarse a Ismael -salvador por partida triple- en el córner posterior, ni, ya en el segundo tiempo, cuando Adrián Ramos estrelló contra el portero un chut a bocajarro. Tres intentos fallidos, más una cuarta oportunidad que desperdició Devesa al recibir solo dentro del área un gran pase de Terán, que explican el empate sin goles que firmaron ibicencos y madrileños. Porque el Getafe B generó más sensación de peligro que peligro real.

Después de dominar la última media hora del primer tiempo, los chavales azulones, entre los que hay buenos peloteros que ya han debutado en Primera División, se replegaron. A Cubillo, el míster getafense, le gustaba que su equipo se curara en salud. El partido lo tenía a favor la UD Ibiza, pero los celestes no consiguieron que su camiseta resplandeciera ante los más de dos mil espectadores que mejoraron la entrada del domingo pasado, cuando el Algeciras hincó la rodilla en Can Misses. El juego ibicenco fue un calco a la meteorología que dibujó un domingo de nubes y claros. A ratos, los cuatro delanteros (Edu Oriol, Terán, Sergio Cirio y Ramos) soltaban alguna descarga eléctrica; a ratos, desaparecían, aislados por un centro del campo que no daba con la tecla en la distribución.

Sin fluidez, el fútbol celeste se extravió. Con Álvaro desubicado, la UD Ibiza echó de menos a Gámiz. El centrocampista granadino no está contando para Rufete, que lo ha dejado fuera del once en los tres partidos del playoff. En tres partidos, tres onces calcados. Solamente Cruz se cayó hoy de la alineación. Los roles parecen asignados y, contra el Getafe B, Gámiz no disputó ni un minuto. Salieron jugadores como Mateu Ferrer, para buscar el gol que se le negaba a los titulares, o Barragán, para dosificar a un Liñán que tuvo que multiplicarse en los momentos en que el filial le dio velocidad a su fútbol. Aguantaron los locales con De las Heras, Abel y Verdú amonestados desde la primera media hora de partido. La falta de ambición del Getafe B evitó males mayores y los tres pudieron acabar el encuentro.

Para el equipo madrileño el empate sin goles será un regalo envenenado si la UD Ibiza ve puerta en la ciudad deportiva azulona. Los actores que dirige Rufete no quieren que la historia del equipo concluya en el extrarradio de la capital de España, el escenario del próximo capítulo de esta serie de desenlace incierto. Para rematar el guión a su gusto, la UD Ibiza deberá primero afinar su puntería porque, si un detalle cambia una trama, un gol puede significar un ascenso.

Oportunidad fallada

Por Pablo Sierra del Sol Un gol lo cambia todo. Si la Unión Deportiva Ibiza hubiera acertado una de las ocasiones que tuvo contra el Getafe B, las ráfagas de fútbol que ofreció el equipo de Rufete habrían parecido un huracán inapelable. Pero la pelota no entró. Ni cuando Terán convirtió un centro a Cirio en una rosca envenenada, ni cuando un testarazo de Abel obligó a estirarse a Ismael -salvador por partida triple- en el córner posterior, ni, ya en el segundo tiempo, cuando Adrián Ramos estrelló contra el portero un chut a bocajarro. Tres intentos fallidos, más una cuarta oportunidad que desperdició Devesa al recibir solo dentro del área un gran pase de Terán, que explican el empate sin goles que firmaron ibicencos y madrileños. Porque el Getafe B generó más sensación de peligro que peligro real. Después de dominar la última media hora del primer tiempo, los chavales azulones, entre los que hay buenos peloteros que ya han debutado en Primera División, se replegaron. A Cubillo, el míster getafense, le gustaba que su equipo se curara en salud. El partido lo tenía a favor la UD Ibiza, pero los celestes no consiguieron que su camiseta resplandeciera ante los más de dos mil espectadores que mejoraron la entrada del domingo pasado, cuando el Algeciras hincó la rodilla en Can Misses. El juego ibicenco fue un calco a la meteorología que dibujó un domingo de nubes y claros. A ratos, los cuatro delanteros (Edu Oriol, Terán, Sergio Cirio y Ramos) soltaban alguna descarga eléctrica; a ratos, desaparecían, aislados por un centro del campo que no daba con la tecla en la distribución.
Sin fluidez, el fútbol celeste se extravió. Con Álvaro desubicado, la UD Ibiza echó de menos a Gámiz. El centrocampista granadino no está contando para Rufete, que lo ha dejado fuera del once en los tres partidos del playoff. En tres partidos, tres onces calcados. Solamente Cruz se cayó hoy de la alineación. Los roles parecen asignados y, contra el Getafe B, Gámiz no disputó ni un minuto. Salieron jugadores como Mateu Ferrer, para buscar el gol que se le negaba a los titulares, o Barragán, para dosificar a un Liñán que tuvo que multiplicarse en los momentos en que el filial le dio velocidad a su fútbol. Aguantaron los locales con De las Heras, Abel y Verdú amonestados desde la primera media hora de partido. La falta de ambición del Getafe B evitó males mayores y los tres pudieron acabar el encuentro. Para el equipo madrileño el empate sin goles será un regalo envenenado si la UD Ibiza ve puerta en la ciudad deportiva azulona. Los actores que dirige Rufete no quieren que la historia del equipo concluya en el extrarradio de la capital de España, el escenario del próximo capítulo de esta serie de desenlace incierto. Para rematar el guión a su gusto, la UD Ibiza deberá primero afinar su puntería porque, si un detalle cambia una trama, un gol puede significar un ascenso.

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