Software fiable y seguro

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Por Pablo Sierra del Sol

La versión 2.0 del Ibiza parece un software de garantías. Con la llegada de los refuerzos invernales -un tercio de la plantilla ha cambiado durante un enero loco- el equipo está preparado para procesar buen fútbol sin miedo a quedarse colgado. Este mediodía lo ha demostrado contra el Real Murcia. Todo se puso en contra desde el calentamiento. Gonzalo chocó con Rodado y acabó derramando lágrimas en la enfermería mientras le ponían un collarín. Palop reaccionó moviendo la pizarra: bajó a Núñez al centro del campo y apostó por Provencio como acompañante de Iosu en la medular. Chavero se quedó en el banquillo, pero el plantel celeste fabricó juego a espuertas durante los primeros veinte minutos. La llegada de Ferrán Giner, que tiene muchos números de actuar pegado a la banda izquierda, como los extremos clásicos, permite a Cirio desplazarse al lugar donde más disfruta. La mediapunta es el parque de atracciones del ratón de Badalona. Allí, Cirio saca todo el jugo a lo que representa el número 10 que lleva a la espalda. A ratos es un organizador que baja a recibir la pelota de los mediocentros que protegen su retaguardia.

Esos viajes en dirección contraria al gol no entierran el espíritu atacante del catalán. Cirio es un delantero que tiene el gol alojado en el cerebro. Los primeros minutos del partido contra el Murcia lo demostraron. El futbolista más querido de la afición celeste estaba en todas, llevando la batuta de un Ibiza desbocado en pos del gol. Giner ya probó suerte en el minuto inicial y no habían aparecido los dos dígitos en el cronómetro electrónico de Can Misses cuando el valenciano estuvo a punto de convertir un saque de córner en gol olímpico. Mackay, el portero de los pimentoneros, despejó de puños en la misma raya. Rodado se unió a la fiesta y solo tuvo que avisar una vez antes de ver puerta por séptima vez esta temporada. El gol que adelantó al Ibiza lo prepararon la voluntad de Grima, imperial durante todo el partido, y la inteligencia de Cirio. El lateral robó una bola y se apoyó en Cirio. Ambos combinaron en un espacio muy reducido y rodeados de futbolistas murcianos. En esa baldosa, Cirio proyectó un pase que Grima alargó para asistir a Rodado. Solo en el área, al mallorquín le dieron sus rivales demasiado cancha para que hiciera lo que más le gusta sin agobios. La definición fue perfecta y dio alas a la escuadra unionista, que espantaba los fantasmas que llevaban dos semanas acompañando al equipo cuando se acercaba al área contraria.

Provencio y Bonilla probaron fortuna desde fuera del área antes de que la rodilla de Hugo Álvarez noqueara a Rodado. La frente del goleador empezó a sangrar. Durante unos minutos los locales jugaron con diez. El mallorquín regresó con aparatoso vendaje cubriéndole la cabeza. Aguantó hasta el descanso, minutos en los que el Murcia resucitó. Armando y Miguel Díaz avisaron al Ibiza y sacaron a Lucas de su letargo. Jason, directamente, perdonó el empate. Recibió a placer dentro del área y ajustó tanto su chut que mandó la pelota fuera. El descuento, en vez de sufrimiento, trajo otra explosión de júbilo. Giner, que había explotado sus habilidades en la banda durante los mejores minutos ibicencos, se metió en el área chica para rematar un centro medido de Grima. La pelota dio en un defensa, pero el acta del partido le concedió el gol al valenciano, que le ponía la guinda a un debut inmejorable en Can Misses.

Manuel Herrero hizo un cambio en el descanso y espoleó a su equipo. El Real Murcia es el club que más temporadas ha estado en Segunda A. Perder en Ibiza le aleja aún más de los puestos de playoff a los que aspiraba, zona en la que sí están sus dos vecinos y rivales: el UCAM y el Cartagena. Volver a casa con un saco de goles en la maleta no era una opción a considerar. Por eso, los pimentoneros apretaron en la reanudación. Armando colocó una falta fuera del alcance de los guantes de Lucas en el minuto 52. Quedaba un mundo por delante y la distancia en el marcador se había reducido a la mitad. Jordi Sánchez, que tuvo que entrar por Rodado, empezó a crecer según avanzaba el segundo acto. El ariete fichado del Numancia no será el delantero más ortodoxo del mundo, pero aporta un perfil hasta ahora desconocido en la plantilla de Palop. Grandote, pelea hasta la extenuación, sabe bajar la pelota y juega muy bien de espaldas a la portería. Parece entender el juego menos vistoso y, encima, saca petróleo de las situaciones absurdas que a veces se crean en los partidos. La vaselina con la que zanjó un momento de indecisión de la defensa murciana y su portero le hizo, como a Giner, salir por la puerta grande el día que se estrenaba ante su nueva afición. Con el partido cuesta abajo, el Ibiza pudo incluso gustarse. Perdomo, otro de los nuevos, demostró que tiene desborde y regate.

El campo era una fiesta, celebración que quiso aguar el segundo gol murciano. Miguel Díaz culminó una jugada que empezó con una posible falsa sobre Provencio. El Ibiza supo, sin embargo, sufrir el arreón final de unos murcianos heridos en su orgullo. Hasta Mackay subió para rematar un córner que se botó durante el larguísimo descuento de cinco minutos que añadieron los colegiados. En la contra, Javi García estuvo a punto de marcar el cuarto tanto celeste. No importó que no entrara: el trabajo ya estaba hecho. Con los tres puntos en el saco y el ordenador formateado tras dos semanas de reajustar la placa basa del equipo, el plantel de Palop ya solo piensa en la final que jugará el próximo domingo contra el rival más en forma de la categoría, un Recre que hoy le metió cinco al UCAM Murcia en su domicilio. Un cachito del playoff pasa por ganar en Huelva.

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