Fútbol Pitiuso ha rastreado la trayectoria de la plantilla celeste y de Raúl Llona antes del estreno liguero ante el Antequera y el resultado difícilmente parece casual: entre jugadores y entrenador acumulan al menos 18 ascensos. Manu Justo y Víctor García lideran una lista en la que aparecen Lazo, Curbelo, Genaro, Calavera, Andrés Prieto, Almenara, Yoldi, Iker Varela y Astals. Míchel Sanz dijo que quería construir un equipo preparado para subir. Los currículums empiezan a explicar cómo ha intentado hacerlo.
Hay cosas que Míchel Sanz dijo que iba a hacer.
Y otras que quizá se entiendan mejor contando.
Uno.
Dos.
Tres.
Hasta 18.
No son goles.
No son títulos.
No son temporadas en Segunda.
Son ascensos.
Los que acumulan entre sus carreras los futbolistas de la actual UD Ibiza y el hombre que se sienta en su banquillo.
Y a tres días de comenzar una temporada construida precisamente con el objetivo de intentar conseguir otro, el dato resulta demasiado llamativo como para considerarlo una simple casualidad.
Porque Míchel Sanz ha fichado talento.
Ha buscado experiencia.
También juventud.
Pero mientras reconstruía prácticamente desde cero la plantilla que entregaría a Raúl Llona, parece haber introducido otra cosa dentro del vestuario.
Gente que ya sabe cómo se sube.
Manu Justo: tres
Probablemente sea el caso más evidente.
Cuando la UD Ibiza anunció el fichaje de Manu Justo ya destacó un dato que explica buena parte de su trayectoria.
Tres ascensos a Segunda División.
Racing de Santander.
Racing de Ferrol.
Cultural Leonesa.
Tres clubes diferentes.
Tres caminos distintos hacia el mismo lugar.
Y el último tiene además una conexión evidente con el actual Ibiza: en León lo consiguió con Raúl Llona en el banquillo.
Justo disputó 67 partidos oficiales con la Cultural y marcó 18 goles durante su etapa en el club leonés. Ahora ambos vuelven a encontrarse con exactamente el mismo objetivo.
Víctor García: otros tres
El último fichaje del Ibiza tampoco llega precisamente limpio de celebraciones.
Víctor García consiguió su primer ascenso al fútbol profesional con el Castellón en 2020.
Después apareció el Málaga.
Y ahí la historia se disparó.
En 2023/24 formó parte del equipo que consiguió regresar a Segunda División en aquella inolvidable eliminatoria ante el Nàstic de Tarragona. De hecho, de su bota izquierda nació el centro de la acción que terminaría desembocando en el gol de Antoñito Cordero en el minuto 122.
Pero todavía quedaba otro.
Dos temporadas después, Víctor volvió a celebrar con el Málaga, esta vez el salto a Primera División.
Tres temporadas en La Rosaleda.
77 partidos oficiales.
Dos ascensos consecutivos.
Sumado al conseguido anteriormente con el Castellón:
tres.
No está mal para un futbolista que acaba de llegar a un equipo construido para intentar ascender.
Lazo sabe lo que significa subir a Primera
José Carlos Lazo aporta otro tipo de experiencia.
La de los ascensos a la máxima categoría.
Lo consiguió primero con el Almería.
Y posteriormente volvió a vivirlo con el Espanyol.
Dos históricos, dos contextos de enorme exigencia y dos temporadas en las que el objetivo no admitía demasiados escondites.
Su antiguo club, el Albacete, lo presentó precisamente destacando esa particularidad de su carrera: dos ascensos a Primera División.
En Ibiza vuelve a encontrarse ahora con un vestuario al que se le pedirá mirar hacia arriba desde el primer día.
Otro perfil.
Misma experiencia.
Eric Curbelo también conoce los dos mundos
Curbelo aporta algo parecido desde la defensa.
Con Las Palmas Atlético vivió el ascenso a Segunda B.
Años después llegó el grande.
Temporada 2022/23.
UD Las Palmas.
Ascenso a Primera División.
Y no como un futbolista testimonial.
Curbelo disputó 34 partidos de Liga aquella temporada y fue titular en 30. Terminó celebrando sobre el césped el regreso del conjunto amarillo a Primera.
En total:
dos ascensos más.
Y una experiencia especialmente interesante para el Ibiza: Curbelo conoce perfectamente la presión de jugar durante meses dentro de un club al que su entorno exige estar arriba.
Genaro sabe lo que ocurrió en Tarragona
Genaro Rodríguez tampoco necesita que nadie le explique aquella historia.
Estaba allí.
Málaga.
Temporada 2023/24.
Descenso reciente.
Presión.
Primera Federación.
Playoff.
Tarragona.
Ascenso.
Genaro fue uno de los futbolistas importantes de aquel equipo. Disputó 33 partidos ligueros y el propio Málaga lo despidió posteriormente calificándolo como una pieza fundamental en el regreso a Segunda División.
Ahora vuelve a encontrarse en la misma categoría.
Pero con otra camiseta.
Y buscando exactamente el mismo desenlace.
Calavera fue campeón antes de subir
Josep Calavera también tiene uno.
Y de los buenos.
El Castellón 2023/24 no necesitó playoff.
Fue campeón del Grupo II de Primera Federación y consiguió el ascenso directo a Segunda.
Calavera participó en 29 encuentros de aquella campaña.
Una lesión le apartó durante parte del curso, pero regresó a tiempo para vivir el ascenso y cerrar posteriormente su etapa en Castalia con 110 partidos como albinegro.
Cuando esta semana habló de la importancia de la regularidad durante una temporada, por tanto, no lo hacía únicamente desde la teoría.
Ya ha visto lo que necesita un equipo para terminar primero.
Andrés Prieto tiene una historia especialmente útil
El portero también sabe lo que significa salir de Primera Federación por arriba.
Lo consiguió con el Alcorcón en 2022/23.
Su participación deportiva fue menor —cinco partidos de Liga y dos de Copa—, pero formó parte de una plantilla que terminó consiguiendo el ascenso a Segunda.
Y hay una declaración suya de aquella época que resulta especialmente curiosa ahora.
Cuando llegó posteriormente a Ponferrada y le preguntaron por la receta para volver a ascender, Prieto habló de tranquilidad, trabajo semanal y de evitar que la palabra ascenso se convirtiese en una obsesión diaria.
Una experiencia que ahora puede resultar bastante útil dentro de un vestuario como el del Ibiza.
Almenara viene de conseguirlo hace muy poco
Otro nombre que quizá pase más desapercibido cuando se habla de ascensos es Gonzalo Almenara.
Pero el lateral formó parte del Ceuta que consiguió regresar al fútbol profesional en 2024/25.
Y no fue un espectador.
Almenara participó incluso en la final de campeones contra la Cultural Leonesa y marcó en el Reino de León ante el equipo que precisamente había dirigido Llona hasta el ascenso.
Otra pieza del actual Ibiza que conoce desde dentro una temporada terminada arriba.
Iker Varela también sabe lo que es ser campeón
Aquí aparece uno de los jóvenes.
Iker Varela tenía 21 años cuando el Bilbao Athletic arrasó en Segunda Federación durante la temporada 2023/24.
El filial rojiblanco consiguió el ascenso a Primera Federación con varias jornadas de antelación.
Varela disputó 33 partidos y marcó ocho goles aquella temporada. Incluso anotó uno de los tantos en una remontada ante el Tudelano que dejó el ascenso prácticamente encarrilado.
Es importante porque rompe otra posible interpretación.
El Ibiza no ha acumulado esta experiencia únicamente fichando veteranos.
También hay futbolistas jóvenes que ya han participado en equipos ganadores.
Yoldi lo vivió desde un lugar bastante diferente
Ander Yoldi formaba parte del Osasuna Promesas que ascendió a Primera Federación en la temporada 2021/22.
Su historia, sin embargo, fue mucho menos feliz.
Una rotura del ligamento cruzado le permitió disputar solamente cinco encuentros antes de tener que iniciar una larga recuperación.
Cuando el filial rojillo consiguió matemáticamente el ascenso, sus compañeros se acordaron de él y le hicieron partícipe de la celebración.
Un ascenso vivido desde otra perspectiva.
Quizá también una lección diferente.
Porque dentro de una temporada no todo ocurre sobre el césped.
Astals acaba de vivir uno este mismo verano
Y hay otro caso especialmente reciente.
David Astals.
El futbolista propiedad del Ibiza regresó cedido al Sabadell durante la pasada temporada.
Y terminó viviendo una campaña memorable.
El conjunto arlequinado consiguió regresar a Segunda División después de un playoff espectacular, remontando primero al Real Madrid Castilla y posteriormente al Zamora.
Astals había regresado precisamente a Sabadell buscando minutos y terminó formando parte del equipo que devolvió al histórico club catalán al fútbol profesional.
Ahora vuelve al Ibiza.
Con otro ascenso recién metido en la mochila.
Y después está el entrenador
Porque los ascensos no terminan en los jugadores.
En el banquillo se sienta alguien que hace poco más de un año terminó una temporada levantando los brazos.
Raúl Llona.
La Cultural Leonesa llegó a la última jornada de la temporada 2024/25 jugándose todo.
Empató 1-1 contra el Andorra.
La Ponferradina ganó.
Ambos terminaron con 65 puntos.
Pero el enfrentamiento particular convirtió a la Cultural en campeona.
Ascenso directo a Segunda División.
Llona había conseguido devolver al club leonés al fútbol profesional ocho años después.
Y existe un detalle que explica mejor que cualquier otro lo que significa sobrevivir a una temporada así.
Una semana antes, la Cultural había tenido el ascenso prácticamente en la mano.
Se le escapó a 20 segundos del final.
Llona reconoció después la dureza del golpe.
Siete días más tarde terminó ascendiendo.
Quizá no exista una experiencia mejor para entender lo que espera al Ibiza durante los próximos diez meses.
Las cuentas empiezan a hablar
Sumemos.
Manu Justo: 3.
Víctor García: 3.
José Carlos Lazo: 2.
Eric Curbelo: 2.
Genaro Rodríguez: 1.
Josep Calavera: 1.
Andrés Prieto: 1.
Gonzalo Almenara: 1.
Iker Varela: 1.
Ander Yoldi: 1.
David Astals: 1.
Raúl Llona: 1.
Total: 18.
Hay ascensos a Primera.
A Segunda.
A Primera Federación.
También con filiales.
Directos.
Mediante playoff.
Como campeones.
En el último minuto.
Desde el once.
Y desde situaciones con menos protagonismo.
No todos tienen evidentemente el mismo peso.
Pero todos contienen una experiencia común.
Saber lo que ocurre dentro de un vestuario que termina una temporada consiguiendo aquello que perseguía.
¿Casualidad?
Aquí aparece la pregunta.
Puede que parte del dato sea consecuencia natural de fichar futbolistas experimentados.
Pero resulta difícil separar completamente esta acumulación de ascensos del discurso que Míchel Sanz pronunció cuando llegó a Ibiza.
El director deportivo no escondió el objetivo.
Dijo que quería construir un equipo preparado para ascender a Segunda División.
Y habló también del perfil humano y competitivo que buscaba.
Jugadores con hambre.
Futbolistas que no llegasen a Ibiza de vuelta.
Gente que todavía quisiera conseguir cosas.
Dos meses después, el currículum colectivo empieza a enseñar el resultado.
Míchel no ha fichado solamente futbolistas
Quizá ahí esté una de las lecturas más interesantes de la reconstrucción.
Sanz podía fichar jugadores buenos.
Pero ha intentado incorporar también experiencias.
Cuando llegue una mala racha, habrá gente que ya haya pasado por ella.
Cuando el Ibiza tenga que jugar un partido decisivo, habrá futbolistas que ya hayan jugado alguno.
Cuando la clasificación empiece a apretar en abril, habrá compañeros que sabrán que un ascenso puede escaparse a veinte segundos del final.
Y otros que sabrán que siete días después puedes terminar celebrándolo.
Eso no garantiza nada.
Absolutamente nada.
Primera Federación está llena cada temporada de plantillas extraordinarias que no consiguen subir.
Pero sí elimina una incógnita.
Este vestuario no tendrá que aprender desde cero qué significa perseguir un ascenso.
También hay quienes todavía lo buscan
Y quizá ellos sean igual de importantes.
Porque no todos los jugadores de la plantilla han ascendido.
Hay futbolistas que han rozado promociones.
Otros que todavía están construyendo su carrera.
Y jóvenes que quieren vivir por primera vez algo que algunos de sus compañeros conocen perfectamente.
Esa mezcla puede ser incluso más interesante.
Los que saben cómo se hace.
Y los que todavía tienen hambre por descubrirlo.
Experiencia y necesidad.
Exactamente dos de los conceptos que han aparecido continuamente alrededor de la construcción de este Ibiza.
El número todavía podría crecer
Además, hay un detalle importante.
La plantilla no está cerrada.
Míchel Sanz ha reconocido que todavía habrá movimientos antes del cierre del mercado.
Eso significa que los 18 ascensos documentados actualmente podrían no ser el número definitivo.
Habrá que ver quién llega.
Y qué lleva en la mochila.
Porque después de analizar el patrón de este verano quizá empiece a merecer la pena mirar una cosa más cada vez que aparezca el nombre de un posible fichaje.
No solamente dónde juega.
Ni cuánto vale.
Ni cuántos partidos tiene.
También:
¿Ha ascendido alguna vez?
El domingo todos vuelven a cero
Y aquí está la paradoja.
Manu Justo puede tener tres ascensos.
Víctor García otros tres.
Lazo dos.
Curbelo dos.
Llona uno.
Y el vestuario entero puede sumar 18.
El domingo no servirá ninguno.
El Ibiza empezará en Antequera con exactamente los mismos puntos que cualquier otro equipo.
Cero.
Ahí comienza la parte que ningún currículum puede resolver.
Convertir la experiencia pasada en rendimiento presente.
Porque saber cómo se asciende no significa que vayas a hacerlo otra vez.
Solo significa que cuando aparezcan determinadas situaciones quizá las reconozcas antes.
18 historias para perseguir la número 19
Míchel Sanz dijo en junio que quería construir un equipo preparado para ascender.
Dos meses después podemos empezar a entender cómo ha intentado hacerlo.
Ha fichado calidad.
Experiencia.
Juventud.
Físico.
Competencia.
Pero también ha llenado el vestuario de recuerdos.
Tarragona.
Castalia.
Riazor.
Gran Canaria.
El Reino de León.
El Murube.
La Nova Creu Alta.
Campos diferentes.
Celebraciones diferentes.
La misma sensación.
Subir.
Entre futbolistas y entrenador, este Ibiza acumula al menos 18 ascensos documentados.
El domingo, en El Maulí, comenzará la persecución del siguiente.
Y si Míchel Sanz acertó al construir este vestuario, quizá dentro de diez meses todos esos ascensos anteriores sirvan para algo.
Saber reconocer el camino cuando vuelva a aparecer.











































