La UD Ibiza cerró este sábado una de las noches más tensas de toda la temporada con una victoria de enorme valor ante el Cartagena (3-1), un triunfo que garantiza matemáticamente la permanencia del conjunto celeste en Primera RFEF.
No fue una noche brillante. Tampoco tranquila. Pero sí una de esas victorias que terminan marcando un curso entero. Porque el equipo ibicenco jugó durante muchos minutos con el miedo pegado a las botas y con el peso de una temporada decepcionante sobre la espalda. Y aun así encontró la manera de sacar adelante un partido cargado de presión.
La UD Ibiza arrancó con una intensidad que pocas veces se le había visto este año. Desde el primer minuto salió decidida a resolver rápido el encuentro y encontró premio muy pronto. Theo Valls abrió el marcador con un disparo lejano que sorprendió al guardameta visitante y desató la primera gran explosión de la noche en Can Misses.
El gol disparó todavía más la confianza local. El Cartagena no encontraba la forma de frenar las llegadas de una UD Ibiza mucho más agresiva que en jornadas anteriores. Poco después apareció Javi Eslava para ampliar la ventaja tras una buena acción por banda izquierda. El atacante definió dentro del área y puso un 2-0 que parecía dejar el partido completamente encarrilado.
Pero el conjunto celeste volvió a demostrar por qué ha sufrido tanto esta temporada.
Cuando tenía el encuentro controlado y el tercero cerca, el equipo empezó a perder seguridad. El Cartagena fue creciendo poco a poco mientras el nerviosismo se instalaba en la grada y sobre el césped. Los visitantes comenzaron a generar peligro y terminaron encontrando el gol antes del descanso, reabriendo completamente el partido.
A partir de ahí apareció el miedo.
La segunda mitad se convirtió en un ejercicio de resistencia para una UD Ibiza que dejó de jugar con soltura y pasó a competir desde la tensión y la necesidad. El Cartagena tuvo momentos importantes para empatar y puso a prueba la estabilidad emocional de un equipo que sabía perfectamente todo lo que había en juego.
Can Misses vivió el partido con el alma encogida.
Los minutos pasaban lentamente mientras el conjunto ibicenco intentaba sobrevivir a la presión, al cansancio y a los fantasmas de una temporada muy complicada. El equipo de Miguel Álvarez no encontraba tranquilidad con balón, pero sí tiró de compromiso defensivo y esfuerzo colectivo para mantenerse por delante.
Y cuando el encuentro ya caminaba hacia un final agónico, apareció Bebé para cerrar definitivamente la permanencia. El atacante aprovechó un rechace dentro del área para marcar el tercer gol y provocar el estallido definitivo en la grada.
Ahí se acabó todo.
La tensión acumulada durante semanas explotó de golpe. Jugadores, banquillo y afición celebraron una permanencia que sabe a alivio después de un curso muy lejos de las expectativas generadas en verano.
La UD Ibiza seguirá en Primera RFEF.
Y después de cómo se torció la temporada, eso ya vale muchísimo.


















































































